ENACOM frena la privatización de los medios públicos de Ciudad de Buenos Aires
Por: Antonio D'Eramo
En un mercado donde el valor de una pieza no se mide solo por su motor, sino por la pureza de su linaje y la palabra empeñada, una serie de irregularidades ha encendido las alarmas en los talleres y clubes más exclusivos del país. El nombre que hoy resuena en las conversaciones a puertas cerradas es el de Ariel Boass, un actor hasta ahora aceptado en los círculos de fabricación y restauración de autos de colección, hoy señalado por presuntas maniobras que desafían la ética del sector.

El coleccionismo de élite no es una transacción comercial ordinaria; es un pacto de confianza. Se maneja entre conocidos, en la discreción de un garaje o la camaradería de un rally. Es un ecosistema donde la caballerosidad es la moneda de curso legal y los códigos de honor aseguran que una pieza restaurada respete la historia que carga.
Sin embargo, las recientes denuncias sugieren que Boass habría utilizado este “paraguas de prestigio” para orquestar una arquitectura de promesas incumplidas.
Especializado en la fabricación de piezas inconseguibles y la restauración técnica, el prestigio de Boass parece haberse desmoronado ante la aparición de componentes que no cumplen con los estándares de autenticidad prometidos y plazos de entrega que se pierden en una nebulosa de excusas diplomáticas.
Lo que se vendía como “artesanía de culto” estaría revelándose, según los damnificados, como un sofisticado esquema de humo y dilación. “En este mundo, si perdés la palabra, perdés el auto. No hay contrato que valga más que un apretón de manos entre dos señores que entienden de fierros. Cuando alguien como Ariel Boass rompe ese pacto, no solo afecta un bolsillo, está ensuciando la tradición de todo un rubro”, comentó una fuente anónima vinculada a una de las escuderías más importantes de la región.

Mientras los rumores de acciones legales cobran fuerza, la comunidad de coleccionistas ha comenzado a cerrar filas. La “limpieza” del sector parece inminente: en un mercado de nicho, el anonimato es imposible y el apellido Boass hoy queda marcado por la sospecha de haber traicionado el valor más sagrado del automovilismo clásico: la integridad.
Se recomienda a propietarios y restauradores extremar las precauciones y verificar trazabilidades antes de otorgar nuevas custodias o adelantos financieros bajo la promesa de restauraciones que, al parecer, solo existen en el papel. (www.REALPOLITIK.com.ar)