Más de 6 mil personas se dieron cita en el Hipódromo de La Plata para vivir una nueva ceremonia de Los Gardelitos, en una noche que combinó rock, emoción y ese sello único que la banda viene construyendo hace años.
La jornada empezó mucho antes del show. Desde temprano, la previa se hizo sentir en los alrededores: la zona de 1 y 44, la plazoleta frente a la estación de trenes y diagonal 80 se transformaron en puntos de encuentro donde los fanáticos coparon las calles. Llegaron desde distintos puntos del país, generando un clima festivo que se vivió a pleno desde las primeras horas del día.

Ya dentro del predio, con el público colmando el lugar, la banda salió a escena y marcó el pulso desde el inicio con “Viejo y querido rocanrol”, seguido por “Los chicos de la esquina” y “Llámame”, desatando los primeros pogos de la noche.
El recorrido fue amplio y bien pensado. Temas como “Anabel” y “Lo que vendrá” sostuvieron la conexión inicial, mientras que “Dueños del poder”, “La ciudad que se oculta” y “Cobarde para amar” aportaron matices y profundidad.
Uno de los puntos altos llegó con “Un taxi” y el bloque conceptual de “Último hombre del bar”, donde “Los moáis”, “Los querandíes” y “Nena sol” construyeron un clima especial, con arreglos que ampliaron el sonido de la banda.
El show también tuvo momentos más sensibles con “Tibias noticias del sol”, “Buen día, nena” y “Al pie de la letra”, generando un contraste necesario antes de volver a la potencia.

En la recta final, el recital tomó vuelo con “Pájaro y campana”, “Nadie cree en mi canción”, “No puedo parar mi moto” y “Calles calientes”, levantando nuevamente la intensidad del público.
El tramo más cargado de contenido llegó con “Comandante Marcos”, “Hay que enterrarlos vivos” y “El sobreviviente”, donde la banda dejó en claro su costado más combativo.
El cierre fue una verdadera celebración: “Sortilegio de arrabal”, “Puño y letra”, “Envuelto en llamas”, “Amando a mi guitarra” y “Mezclas raras” terminaron de sellar una noche completa, con el público entregado de principio a fin.
Los Gardelitos volvieron a demostrar en La Plata que lo suyo no es solo música: es identidad, barrio y una conexión genuina con su gente, que se renueva en cada show. (www.REALPOLITIK.com.ar)