Improvisación: El adiós de la Armada Argentina a los cazas Super Etendard
Por: Jorge Suárez
En diferentes medios se habla de la decisión de Javier Milei y Carlos Presti de dar de baja los aviones de caza y ataque Dassault Super Etendard, comprados durante la gestión del presidente Mauricio Macri junto con un abundante stock de repuestos. Sobre estas aeronaves circularon muchas versiones. Aunque es altamente factible que la posibilidad de disponer de plataformas de caza y ataque para la Aviación Naval se pierda definitivamente, el impacto sobre los intereses nacionales en el Atlántico Sur sería significativo.
En 1980 fueron adquiridos en Francia 14 aviones de caza y ataque Dassault Super Etendard, completamente nuevos, destinados a la Aviación Naval para ser empleados desde el portaaviones ARA 25 de Mayo. La decisión por el caza francés respondió a la negativa de Estados Unidos de vender los aviones Douglas A-4F (la Armada operaba en su portaaviones los A-4Q). Esto permitió a la Armada Argentina adquirir capacidades únicas en la región.
En 1981 arribaron las primeras cinco unidades. El proceso de incorporación se vio interrumpido transitoriamente por la guerra de Malvinas en 1982. A pesar de la falta de apoyo técnico francés, producto de las sanciones durante el conflicto con el Reino Unido, técnicos argentinos lograron integrar los misiles antibuque AM39 Exocet.
Estos aviones participaron en el hundimiento del destructor británico HMS Sheffield y del buque portacontenedores Atlantic Conveyor, que transportaba helicópteros, vehículos, municiones y material de gran valor para el desembarco británico en las Islas Malvinas. Otra acción audaz fue la operación conjunta con la Fuerza Aérea, mediante aviones A-4C, contra el portaaviones HMS Invincible.
Las acciones de los Super Etendard con los misiles AM39 Exocet fueron seguidas con suma atención, generando importantes cambios en la guerra aeronaval y mostrando el potencial del tándem avión-misil, unido a un equipo de alto nivel de profesionalismo.
La Segunda Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque –formada por los aviones Super Etendard– operó hasta 1988 en el portaaviones ARA 25 de Mayo, fecha en la cual dicho buque fue retirado del servicio. El nivel alcanzado le permitió a dicha unidad aeronaval operar en exigentes ejercicios con Brasil y Estados Unidos. La caída del presupuesto y un deficiente planeamiento afectaron dicho sistema de armas, que terminaron con el almacenamiento de los 11 Super Etendard disponibles, a pesar de su vida útil remanente (más de diez años). Vale la pena destacar que un estudio publicado por el Centro Naval, determinó en 2009, que el costo era de unos 55 millones de dólares (o sea 5 millones de dólares por avión). Las capacidades alcanzadas por el Arsenal Aeronaval Comandante Espora, permitía llevar a cabo los trabajos en el país.
En 2009, la Armada vio la posibilidad de hacerse con un importante stock de repuestos gracias a la salida de servicio de un lote de cinco aviones Super Etendard Modernisé (SEM), con mejoras en el radar, capacidades de defensa aire-aire potenciadas, posibilidad de utilizar armamento guiado de última generación y equipos electrónicos y de aviónica completamente modernizados.
La carta de intención para comprarlos data de 2010 y recién en 2016 el material pudo llegar a Buenos Aires, luego de una larga batalla administrativa librada por los aviadores navales frente a los responsables políticos del ministerio de Defensa.
El veto británico sobre determinados componentes, especialmente los asientos eyectables, puso en entredicho la operatividad de los aviones recién llegados. A esto se sumó que la gestión del presidente Alberto Fernández utilizó la cuestión de los Super Etendard para cuestionar la gestión de Mauricio Macri, dando origen a la narrativa de una “mala compra”.
Además, las internas dentro de la Armada no ayudaron a mostrar la verdadera razón de la inversión realizada: adquirir material para acceder a un enorme stock de componentes y repuestos que facilitara la modernización de los aviones almacenados, aún con muchos años de vida útil remanente.
Un dato no menor fue la oposición de sectores de la Fuerza Aérea a que la Aviación Naval mantuviera capacidad de caza y ataque, en el marco de tensiones presupuestarias y cuestiones doctrinarias ya superadas. Esto se tradujo en influencias negativas dentro de la dirección General de Aeronavegabilidad Militar Conjunta del ministerio de Defensa a la hora de otorgar las habilitaciones correspondientes.
Por ende, solo falta decisión política para avanzar en el desarrollo de determinados componentes vinculados al funcionamiento de los asientos eyectables. El Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas para la Defensa (CITEDEF) cuenta con capacidades y personal idóneo para superar dicho escollo, así como para producir los paracaídas correspondientes.
El citado organismo técnico desarrolló un banco de pruebas en abril de 2023, empleado exitosamente con los aviones cazabombarderos A-4AR. Esta capacidad, presente en muy pocos países, representa un verdadero hito para la Argentina.
A fines de 2023, los cartuchos de los asientos de los Super Etendard fueron certificados exitosamente, permitiendo extender su vida útil por dos años más. Cabe destacar que se trata de una práctica habitual en países como Estados Unidos.
Esto abrió las puertas para que los aviones traídos de Francia pudieran volver a volar y desarrollar una capacidad única en la región, que permitiría a la Argentina convertirse en un proveedor alternativo en materia de mantenimiento y producción de elementos pirotécnicos para asientos eyectables de las fuerzas aéreas regionales.
El debate suele centrarse únicamente en los aviones traídos desde Francia, cuando la finalidad real era emplear el stock de repuestos para modernizar y poner nuevamente en servicio los aviones almacenados.
El nivel alcanzado por el Arsenal Aeronaval Comandante Espora permite realizar el mantenimiento y modernización integral de estas aeronaves. Incluso existe personal retirado con amplia experiencia que podría ser convocado. En otras palabras, se requiere decisión política para evitar la baja definitiva de este valioso sistema de armas.

Disponer de un número limitado de cazas Dassault Super Etendard significaría contar con una potente herramienta disuasiva en el Atlántico Sur. No solo se trata de plataformas capaces de atacar blancos navales, sino también de realizar tareas de reconocimiento, guerra electrónica y lanzamiento de minas navales.
Los aviones F-16 carecen de capacidades para lanzar armas navales, por lo que los cazas de la Armada cobran especial importancia. Mantener operativos unos seis aviones implicaría disponer de seis misiles Exocet capaces de ser empleados contra blancos navales de gran entidad, con su consecuente valor disuasivo.
El desarrollo del arma stand off de fabricación nacional, conocida como FAS Dardo 2-C, puede alcanzar blancos a 200 kilómetros y resulta factible integrarla en los Etendard. Tampoco debe descartarse el empleo de drones coordinados con aviones de combate, una tendencia creciente que países como Francia han manifestado desarrollar abiertamente.
Un aspecto no menor es la inexistencia de dependencia política respecto del empleo de los Super Etendard, a diferencia de los F-16, cuyo uso permanece supeditado al control de Washington.
Lo expresado no constituye una simple expresión de deseo, sino una posibilidad concreta sustentada en el talento de profesionales e institutos de investigación argentinos. Existen además antecedentes de países que mantuvieron sistemas de armas veteranos por razones estratégicas.
Pakistán, con los aviones Mirage III y V, constituye un ejemplo. En 1974 creó la Fábrica de Reconstrucción de Mirage (MRF). El resultado de años de investigación, intercambio con Francia y cooperación con otros usuarios permitió reacondicionar y fabricar unos 10.000 componentes del Mirage, incluyendo partes de los motores.
En los años 90, la MRF llevó adelante importantes programas de modernización mediante la integración de radares, sistemas electrónicos y nuevas armas. Un hito reciente fue la integración del misil de crucero Taimoor, de 600 kilómetros de alcance, convirtiendo un sistema veterano en un activo relevante para las fuerzas paquistaníes.
La experiencia acumulada permitió posteriormente participar en la coproducción del caza JF-17 junto a China, posibilitando hoy la fabricación de sistemas de armas, aviónica y radares.
La salida del Super Etendard constituye un ejemplo más de la ausencia de planeamiento en el ámbito de Defensa, las altas dosis de improvisación y la decisión de condicionar la defensa de los intereses nacionales a determinadas agendas impuestas desde el exterior. (www.REALPOLITIK.com.ar)