Miércoles 13 de mayo de 2026

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Créditos y empresas

Francisco, el hermano de Santiago Caputo detrás de la caja libertaria

12/05/26 | Tene pasado como coach ontológico, se inscribió en AFIP recién en 2024 y figura como empleado del círculo Costa.


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Por:
Martín Carrizo

Quién es Francisco Caputo, el hermano mayor de Santiago Caputo. Esa es la pregunta que empieza a aparecer con más frecuencia a medida que se reconstruye el circuito de poder y dinero que rodea al principal asesor del presidente Javier Milei.

A diferencia de Santiago, que concentra la atención pública por su influencia en la Casa Rosada, Francisco mantiene todavía un perfil más bajo. Pero los documentos oficiales y la información relevada por REALPOLITIK muestran que ocupa un lugar clave: la recaudación política y el vínculo con empresarios, con un esquema laboral y familiar que puede llegar a abrir algunos interrogantes sobre la trazabilidad del dinero.

Francisco Javier Caputo integra el núcleo de los Caputo Spinetto, hijos del escribano Claudio Caputo Peña y de María Spinetto Bory. El apellido tiene tres representantes activos en el entorno libertario: Santiago, el asesor que concentra el poder político; Francisco, el operador de la recaudación; y Ezequiel, el menos conocido de los tres. Y por último, tenemos a Malena Caputo

Antes de acercarse al aparato libertario, Francisco se movió en dentro del mundo del desarrollo personal: se presentó durante años como coach ontológico y referente de "Súper Humanos", una marca dedicada a entrenamientos de "potencial humano" y el liderazgo. En su recorrido aparecen algunos estudios universitarios iniciados y no completados, y una reconversión hacia la consultoría y la articulación política: una característica con su hermano Santiago.

Su situación fiscal y laboral formal sufre un giro en 2024. Según la información disponible, Francisco se inscribe en la AFIP recién en julio de ese año, encuadrado en rubros vinculados a servicios de asesoramiento y gestión. En paralelo, figura en los registros de ANSES como empleado de Camalu SA, una empresa agropecuaria que pertenece al grupo de Pablo Costa. Costa es empresario agropecuario, fundador de Zefico SA (sociedad cuyo único empleado registrado es Santiago Caputo) y padre de Lucas Costa, amigo de infancia del asesor presidencial. Además, fue escribano del padre de los Caputo y constituyó Camalu SA, donde trabajan sus hijos, para concentrar las operaciones comerciales del negocio rural.


Pagos Futuros SA, otra empresa de Francisco Caputo.

Es decir, en los papeles el vínculo formal de Francisco con el mundo del trabajo es el de un empleado privado de una firma agropecuaria, no el de un funcionario del Estado. La descripción que hacen de él quienes lo tratan en política y en el empresariado es distinta. Esas fuentes lo ubican como coordinador de la Fundación Faro, think tank libertario con sede en el microcentro porteño, y como uno de los responsables de la recaudación de aportes para La Libertad Avanza. En ese rol, Francisco participa de reuniones con distintos empresarios, administra invitaciones y aporta estructura a un esquema de financiamiento que combina donaciones privadas, cenas de recaudación y vínculos personales.

No firma resoluciones ni encabeza organismos, pero opera en la zona donde se cruzan política y dinero.


El dominio de Zefico, registrado por la empresa que contrató a Santiago Caputo.

El parecido con su hermano Santiago no se limita al parentesco. También se observa en la forma en que ambos aparecen, o no, en los registros oficiales. Santiago Caputo, señalado como el arquitecto político del gobierno, tampoco figura como alto funcionario de planta sino que aparece como monotributista y como único empleado de Zefico SA, una sociedad anónima del mismo Pablo Costa, fundada en 2021, cuyo domicilio coincide con el de la escribanía del padre de los Caputo.

En agosto de 2025, la Unidad de Información Financiera (UIF) recibió un Reporte de Operación Sospechosa o ROS sobre Zefico SA por el ingreso de 800 mil dólares en dos transferencias realizadas entre abril y junio de ese año. Pese a su influencia en áreas como inteligencia, recaudación, organismos de control y empresas públicas, Santiago no presenta hasta ahora una declaración jurada patrimonial pública con el nivel de detalle que se exige a ministros y secretarios. Al no ser funcionario de planta, tributa en tercera categoría de Ganancias y puede facturar servicios al Estado sin esa obligación.


Pejotace, otra empresa vinculada al clan Caputo.

Pejotace es una empresa del rubro inmobiliario.

Pejotace, es propiedad de la familia Costa.

El tercer hermano, Ezequiel Caputo, tiene un perfil completamente diferente. Los registros previsionales lo muestran como empleado de Lenovo Argentina SRL desde noviembre de 2016, es decir, poco más de ocho años en la misma compañía. A diferencia de Francisco y Santiago, Ezequiel tiene una trayectoria laboral estable y verificable en el sector privado tecnológico, sin vínculos conocidos con la estructura política libertaria ni con sociedades del grupo Costa.

Su caso contrasta con el de sus hermanos y refuerza la particularidad del esquema que rodea a los otros dos: no todos los Caputo operan en la zona gris entre empleo privado y poder políticoEn conjunto, Francisco y Santiago comparten un patrón que Ezequiel no tiene: el poder efectivo que ejercen es muy superior al que sugeriría su ficha laboral, y su exposición patrimonial es menor a la de otros funcionarios con menos influencia. El núcleo duro de decisiones políticas y financieras del oficialismo se apoya en figuras que operan desde estructuras privadas, sin el mismo grado de transparencia exigido a la planta formal del Estado.

Hay un elemento adicional que atraviesa a los actores de este entorno y donde se debería prestar atención. Tanto Francisco o "Fran" (así lo llaman sus allegados), como Santiago, y los operadores de su círculo más cercano, figuran en los registros bajo actividades de consultoría, asesoramiento o prestación de servicios. Esa categoría es, desde el punto de vista del control fiscal y financiero, una de las más difíciles de auditar. A diferencia de la venta de un bien físico, donde existe un precio de mercado más o menos verificable, el valor de una consultoría o de un servicio intangible es inherentemente subjetivo: no hay un precio de mercado claro que permita determinar si una factura por "asesoramiento estratégico" de 100 mil dólares es razonable o está inflada para justificar una transferencia de fondos. Los organismos de control, incluidas la UIF y la ARCA, reconocen este problema en sus propios manuales de riesgo: la opacidad del precio de los servicios los convierte en un vector frecuente en esquemas de evasión, lavado o transferencias encubiertas entre partes vinculadas.

Agustina, la esposa de Francisco Caputo

En ese entorno familiar y político aparece una tercera figura, hasta ahora prácticamente desconocida: María Agustina Espina, esposa de Francisco Caputo. No se trata de una dirigente ni de una empresaria con perfil público. Los registros fiscales la muestran inscripta en AFIP como monotributista en la categoría H, con actividad de "locaciones de servicio", es decir, como prestadora de servicios profesionales independientes.

Su historia laboral registrada ante ANSES es breve: el único vínculo de dependencia formal rastreado por REALPOLITIK, corresponde al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, donde figura como docente de nivel inicial. A partir de entonces, no hay empleadores registrados en su historial hasta enero de 2026.

Sin embargo, en los registros del Banco Central de la República Argentina es una de las pocas personas físicas de su entorno que muestran un comportamiento propio de un cliente de alta capacidad económica. Entre febrero de 2024 y enero de 2026, Espina figura en la Central de Deudores con deuda activa en dos entidades financieras, siempre en "Situación 1 (Normal)", es decir, sin mora ni atrasos.

Los montos son significativos. Según la serie consultada, el saldo total de sus obligaciones pasa de 3,997 millones de pesos en febrero de 2024 a 12,396 millones de pesos en diciembre del mismo año. En octubre de 2025 alcanzó un pico de 17,084 millones.

Durante 24 meses consecutivos, Espina mantiene líneas de crédito de varios millones, sin caer en mora y con calificación óptima.

La normativa vigente obliga a los bancos a revisar con regularidad la capacidad de repago de clientes con este nivel de exposición: ingresos, patrimonio y respaldo deben ser consistentes con los montos otorgados. La incongruencia aparece cuando se cruza ese comportamiento con el resto de la información disponible. Espina no figura como proveedora del Estado nacional en los sistemas de contrataciones, no aparece como socia o directora de compañías de peso en registros societarios abiertos, y el único antecedente de empleo hallado por este medio es en el Gobierno porteño. Esa diferencia entre la imagen que construye el sistema financiero y la huella en los registros podría convertir esto en un caso de interés público.

Hay, además, una coincidencia de fechas que llama más la atención.

En julio de 2024, el mismo mes en que Francisco Caputo se inscribe en AFIP y pasa a figurar como empleado formal de Camalu SA, el saldo de deuda de Espina en la Central de Deudores registra un salto abrupto: pasa de 3,977 millones de pesos en junio a 8,546 millones en julio. No se trata de una variación menor: en 30 días la escala de su endeudamiento casi se duplica y se instala en un nuevo nivel. A partir de allí, la curva se mantiene alta y creciente hasta el pico de octubre de 2025.

Con los datos disponibles no es posible afirmar que exista una relación causal entre la formalización fiscal de Francisco y el salto en el crédito de Espina. Tampoco se puede sostener que los fondos que circulan por la estructura que coordina el hermano de Santiago alimenten directamente las líneas de crédito de su esposa. Lo que sí queda documentado es que, en el entorno inmediato del principal recaudador libertario, una persona sin actividad económica visible sostiene durante dos años un perfil crediticio que el sistema bancario solo otorga a clientes con ingresos altos y estables.

En paralelo, en septiembre de 2024 se constituye Ideas Metálicas SRL, una sociedad de responsabilidad limitada con objeto de construcción de edificios no residenciales. La empresa tiene CUIT, fecha de constitución y actividad inscripta, pero al cierre de esta investigación no fue posible acceder al detalle de sus socios y gerentes ni a contratos públicos que pueda llegar a tener. Su eventual vínculo con el entorno Caputo sigue siendo una pregunta pendiente que dependerá de obtener documentación de IGJ o Inspección General de Justicia.

Lo que se puede apreciar con estos hechos es un esquema de poder en el que las principales figuras políticas, Santiago y Francisco Caputo, mantienen un anclaje formal en el sector privado mientras inciden en áreas clave. En ese mismo entramado, una persona de su entorno directo, Espina, esposa de Francisco Caputo, opera como deudora de alta categoría en el sistema financiero sin que su actividad sea fácilmente identificable en fuentes abiertas.

La realidad es que lo que se ve en todo esto es una combinación de baja exposición patrimonial, influencia política, actividades de consultoría de precio imposible de auditar y comportamiento bancario atípico. Esto no prueba por sí misma un delito, pero sí alcanza para justificar una mirada más atenta de los organismos de control y de la Justicia sobre la ruta del dinero que rodea al clan Caputo. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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