La causa judicial que sacude al viejo sistema SIRA comienza a mostrar algo más que simples gestores de importaciones y empresarios desesperados por acceder al dólar oficial. A medida que avanzan las filtraciones de audios y chats secuestrados por la Justicia, aparece una trama donde el dinero rápido, los contactos políticos y crecimientos patrimoniales explosivos parecieran cruzarse peligrosamente.
Uno de los nombres que emergen de ese entramado es el de Adriel Dono Miniot, un ingeniero oriundo de La Plata que, según la documentación incorporada a la investigación, mantenía conversaciones directas con el empresario Martín Migueles, señalado como uno de los operadores centrales de las maniobras ilegales vinculadas al sistema SIRA durante el gobierno de Alberto Fernández.
La causa, impulsada por el fiscal Franco Picardi, investiga un supuesto esquema de corrupción mediante el cual intermediarios cobraban comisiones de entre el 10 y el 15 por ciento para acelerar autorizaciones de importación y garantizar acceso al dólar oficial, uno de los bienes más codiciados durante los años del cepo cambiario. En ese contexto aparece “Adriel de La Plata”.
Los mensajes atribuidos a Martín Migueles resultan explícitos. El 23 de marzo de 2023, el empresario le escribió al contacto agendado como “Adriel de la plata”: “Ahora están mucho con el tema de la SIRA, si tenés una empresa grande, yo consigo también que te den la SIRA rápido”.
Luego detalló porcentajes, costos y tiempos: “Yo lo consigo un punto menos, 11 puntos y te sale en una semana con toda la furia”.
Pero la frase que más ruido generó entre investigadores y empresarios del sector fue otra: “Podemos cerrar el circuito. Es más, allá también tengo proveedor. Podemos armar algo grande, algo lindo”.
Como cierre del intercambio, según surge de la investigación, “Adriel de La Plata” habría enviado documentación societaria y un mensaje sugestivo: “Billete cara grande jaja”.
Para los investigadores, el intercambio revela un nivel de confianza y familiaridad incompatible con un simple contacto ocasional.
En el ambiente inmobiliario platense, el nombre de Adriel Dono Miniot ya venía despertando comentarios desde hace tiempo. Quienes lo conocen aseguran que intentó desarrollarse como ingeniero y consultor vinculado al sector energético, e incluso emigró hacia Oceanía junto a una pareja anterior, aunque el proyecto habría fracasado rápidamente. Sin demasiadas perspectivas, regresó a la Argentina y comenzó a trabajar como agente inmobiliario en la oficina Remax Diagonal II, ubicada en City Bell.
Allí conoció a la martillera e influencer inmobiliaria Rafaela Ostrofsky, con quien inició una relación sentimental y laboral.
“Básicamente, cualquier persona sin trabajo que anda dando vueltas por La Plata se pone a trabajar de agente inmobiliario. Es un circo. Hay miles”, resumió, con crudeza, un martillero de la región consultado para esta investigación. “Todos con el mismo discurso. Intentan vender la imagen de personas exitosas, que viven en countries y son expertos en negocios cuando, meses atrás, no tenían ni trabajo”.
Sin embargo, el crecimiento económico de la pareja durante los últimos años llamó rápidamente la atención del sector. Según distintas fuentes del mercado inmobiliario, Dono Miniot y Ostrofsky abandonaron Remax Diagonal II y, junto al martillero Francisco Errico, montaron su propia franquicia de Century 21.
“Montaron una oficina de 150 mil dólares de un día para el otro”, relató un operador inmobiliario local. “Empezaron a llamar desarrolladores para comprar emprendimientos y a decir que Jorge Testa, su antiguo jefe, era un estafador”.
Las tensiones dentro del ambiente inmobiliario platense crecieron todavía más cuando comenzaron a exhibir en redes sociales un estilo de vida ostentoso: viajes, oficinas de diseño, campañas publicitarias masivas y una mudanza al exclusivo country Grand Bell. Sólo pasearse por las redes sociales de la oficina es acceder a un mundo de ostentación tan grotesco que dejaría pasmado al propio Ricardo Fort. Videos de agentes inmobiliarios tomando champagne, viajes, oficinas estrafalarias y brindis de todo tipo, están a la orden del día.
“En dos años, Dono Miniot, que no tiene conocimientos inmobiliarios profundos, creció exponencialmente. De golpe, Rafaela Ostrofsky tenía carteles por todos lados. Los negocios inmobiliarios están asociados al lavado de dinero oscuro”, deslizó otra fuente del sector.
En las últimas jornadas, la imagen de la pareja pseudo empresarial formada por Dono Miniot y Ostrofsky comenzó a caer en picada. Numerosos clientes consultados por este medio aseguraron que tienen la intención de mudar sus negocios y propiedades a otras oficinas. “Tenemos miedo de quedar pegados en una trama oscura”, aseguraron.
Los propios videos que la pareja muestra en las redes sociales dejan más dudas que certezas. En uno de ellos, el propio martillero Errico confiesa que “es increíble lo que crecimos en sólo tres meses”, al tiempo que Ostrofsky asegura que “en 60 días, esta oficina no paró de crecer”. La trama que, ahora, envuelve a Dono Miniot explicaría este crecimiento exponencial.
El nombre de Dono Miniot también comenzó a sonar alrededor de Fincas de Duggan, un desarrollo inmobiliario ubicado en las afueras de La Plata que desde hace años acumula denuncias, conflictos judiciales y acusaciones de evasión impositiva.
El emprendimiento quedó marcado por las investigaciones alrededor de Pablo Tomás Boero y Néstor Grindetti, quienes aparecieron involucrados en expedientes judiciales en Brasil vinculados a evasión fiscal y pedidos de captura internacional emitidos por Interpol.
Boero, señalado como uno de los cerebros detrás del proyecto inmobiliario, figuró además como ejecutivo ligado al holding SOCMA y a IECSA, históricamente vinculados al universo empresarial del macrismo.
Durante años, vecinos y compradores denunciaron irregularidades gravísimas en Fincas de Duggan: lotes sin escrituración, ausencia de servicios básicos, expensas millonarias, infraestructura precaria y posibles operaciones en negro.
“Prácticamente todos los lotes de las zonas nuevas fueron comprados en su mayor parte en negro”, denunciaban propietarios damnificados ya en 2018.
Lo llamativo es que, según distintas fuentes inmobiliarias, Dono Miniot habría comercializado y adquirido lotes dentro de ese mismo emprendimiento.
La situación genera aún más interrogantes porque los chats de la causa SIRA muestran justamente una operatoria donde circulaban grandes cantidades de efectivo en dólares, pagos “blue” y porcentajes destinados a funcionarios o intermediarios.
En el ambiente judicial existe una sospecha recurrente cuando aparecen desarrollos inmobiliarios, crecimiento patrimonial acelerado y flujos de efectivo difíciles de justificar: el posible lavado de dinero.
No se trata de una acusación formal contra Dono Miniot, pero sí de una hipótesis que comenzó a circular con fuerza entre empresarios y operadores inmobiliarios después de la difusión de los chats. El motivo es simple: los negocios inmobiliarios permiten mover dinero en efectivo, inflar valuaciones, triangular operaciones y absorber fondos sin demasiada trazabilidad inmediata.
Por eso, la frase encontrada en los audios cobra otra dimensión: “Podemos cerrar el circuito”.
En apenas cuatro palabras pareciera condensarse toda una época. La Argentina del dólar oficial subsidiado, las importaciones frenadas, los intermediarios cobrando comisiones y ciertos personajes que, de la noche a la mañana, pasaban de sobrevivir laboralmente a exhibir oficinas de lujo, countries privados y campañas publicitarias millonarias.
Mientras el expediente judicial avanza lentamente, en La Plata muchos empiezan a mirar hacia atrás y preguntarse si aquel crecimiento meteórico realmente fue producto del talento empresarial o de algo bastante más oscuro. (www.REALPOLITIK.com.ar)