Mauricio Macri figura en una causa por una deuda de ABL de más de 6,5 millones
Por: Gustavo Zandonadi
El desbarranque de los números de Javier Milei a consecuencia de las diversas denuncias de corrupción que bombardean a su círculo más íntimo y a segundas y terceras líneas de La Libertad Avanza causó un impacto muy desagradable en el gobierno de Donald Trump.
El principal aliado del presidente norteamericano a escala mundial, por quien no dudó en intervenir activamente en las elecciones de octubre pasado y de presionar al Fondo Monetario Internacional para respaldarlo más allá de sus incumplimientos y de un balance financiero y económico catastrófico, sólo sería respaldado por un tercio de la población en una eventual aventura reeleccionaria. Mientras que el malestar social se multiplica, buena parte del empresariado le ha bajado el pulgar y tanto Patricia Bullrich como Mauricio Macri han iniciado activamente su accionar para reemplazarlo como candidato de centro-derecha antiperonista, para “conservar el rumbo” antes de que las circunstancias vuelvan irreversible esa posibilidad.
Este estado de cosas, agravado por la insistencia de los hermanos Milei de mantenerse aferrados a la figura de Manuel Adorni, a pesar de las revelaciones cotidianas sobre sus gastos injustificables, preocupa –y mucho- al gobierno del norte, que tras de lo que hasta hoy es su fracaso en Irán y su capitulación con China se dispone a avanzar sin miramientos sobre su “patio trasero” latinoamericano.
Por esta razón, el gobierno de Trump convocó a Santiago Caputo, para requerirle información sobre las posibilidades de reelección de Milei y sobre el estado actual de la gobernanza en la Argentina. La convocatoria fue realizada por el departamento de Estado que dirige Marco Rubio, e incluyó un raid de reuniones con funcionarios del departamento de Estado, la Casa Blanca y de congresistas en el Capitolio americano.
Mientras que los operadores mediáticos que le quedan al gobierno salieron a celebrar lo que caratularon como una “derrota definitiva” de Santiago Caputo a manos de Karina Milei, quienes aseguraron que la hermana presidencial le había arrebatado el fundamental bastión de la SIDE, la administración norteamericana les dio un mentís explícito al confirmar que “su hombre” en la actual gestión es el asesor presidencial monotributista. Pero la foto que ese mismo martes compartieron en el cuartel general de la CIA en Langley su jefe, John Ratcliffe, con Cristian Auguadra, el delegado de Caputo en la SIDE, para felicitarlo por sus esfuerzos en la lucha contra el terrorismo, dejó una señal muy clara: para la administración Trump la secretaría de Inteligencia de Estado debe estar en manos del asesor presidencial.
Santiago Caputo fue sometido a extensos interrogatorios sobre el estado actual de la gobernanza, el diseño actual del tablero político, la relación con legisladores y actores corporativos y con los gobernadores. También reclamaron una mirada cruda sobre la situación económica, financiera y social, y sobre las chances de una eventual reelección de Javier Milei, y una valoración del daño que causa la continuidad de Manuel Adorni en la jefatura de Gabinete.
Para un Javier Milei que viene perdiendo apoyo social de manera acelerada y comienza a ser criticado por empresarios, políticos y funcionarios que antes no se animaban a alzar la voz, la confirmación de que el nexo con los EE.UU. no es él sino Santiago Caputo significó un nuevo impacto traumático. Para Karina, la revelación de que la situación de fragilidad que asignaba al asesor en realidad es la suya. Y, para Santiago Caputo, un espaldarazo formidable en el momento en el que parecía que sus acciones se habían desplomado. (www.REALPOLITIK.com.ar)