El comunicado oficial firmado por el jefe de la Fuerza Aérea, brigadier general Gustavo Valverde, el jueves 14 de mayo, confirmó la baja de los A-4AR adquiridos a la empresa de armamento Lockheed Martin a fines de los años ‘90, luego de realizar “un exhaustivo análisis de planificación (...) orientado a priorizar eficiencia operativa y sostenibilidad económica”.
Estas últimas palabras llenaron de indignación a los familiares y amigos del fallecido capitán Mauro Testa La Rosa, quien murió mientras realizaba un entrenamiento con uno de los aviones A-4AR en Villa Reynolds, San Luis.
Una tragedia que, para muchos expertos, pudo haberse evitado y que movilizó a la familia del capitán a requerir una investigación más amplia y profunda para deslindar responsabilidades de los altos cargos militares que ordenaron continuar las pruebas a pesar de considerar a las aeronaves como obsoletas, al menos desde 2016.
Ni los brigadieres, ni el exministro de Defensa, Luis Petri, ni siquiera el propio jefe de las Fuerzas Armadas, Javier Milei, prestaron atención a las irregularidades señaladas por el abogado de la familia del militar fallecido.
Lo que sí constituye un hecho irrefutable es que el siniestro en pleno vuelo, sucedido en julio de 2024, representó el último vuelo de una tanda de aviones de combate muy queridos, cuidados y preservados por los pilotos hasta donde sus posibilidades lo permitieron.
Los aviones A-4AR son una versión modernizada de los A-4 Skyhawk, protagonistas de la guerra de Malvinas de 1982. El desempeño de sus pilotos se tornó mítico y los ingleses sintieron el temor en carne propia cada vez que realizaban vuelos rasantes sobre la flota invasora.
Hoy eso ya es historia y el actual jefe de la Fuerza Aérea, Valverde, solo habló de números y dinero para justificar la jubilación de aeronaves que, de hecho, no volaban desde el accidente de julio de 2024.
Mientras nuevos pilotos toman cursos para volar los seis F-16 adquiridos a Dinamarca —de un total de 24 aeronaves—, la Fuerza Aérea no cuenta actualmente con aviones caza operativos, principal herramienta de ataque y defensa de cualquier fuerza aérea moderna para custodiar el espacio aéreo nacional.
La decisión de retirarlos del servicio había sido adoptada por Luis Petri tras la muerte del capitán Testa La Rosa en julio de 2024, pero se demoró por la presión de varios oficiales que no toleraban la posibilidad de quedarse sin aeronaves de combate hasta que los F-16 alcanzaran plena operatividad.
Sin embargo, los altos costos de mantenimiento y las dudas en torno al caso Testa La Rosa, sumadas al accidente que en agosto de 2020 produjo la muerte de otro as de la aviación militar, el capitán Gonzalo Britos Venturini, terminaron inclinando la balanza para dar de baja a los A-4AR.
Ninguna explicación conformó a la familia del militar fallecido. Los testimonios relevados por familiares directos, ligados a la actividad aeronáutica militar y comercial, señalaron a REALPOLITIK que “...se trataría de una falla mecánica y de negligencia en el trabajo de mantenimiento”.
El capitán Mauro Testa La Rosa tenía 33 años el 15 de julio de 2024, cuando se subió por última vez al A-4AR Fightinghawk en la ciudad de Villa Reynolds, provincia de San Luis, para realizar un ejercicio de adiestramiento nocturno.
Cuando inició la carrera de despegue y la aeronave alcanzó una altitud cercana a los 100 metros, el avión militar prácticamente comenzó a desarmarse.
Se desprendió el tubo de chorro, el fuselaje se cubrió de humo y, pese al desastre que se desarrolló en pocos segundos, el capitán realizó una maniobra para ganar altitud que le permitiera eyectarse de la nave siniestrada y darle al paracaídas el tiempo suficiente para abrirse y frenar la caída.
Sin embargo, nada salió bien. Las llamas alcanzaron la cabina, el piloto logró eyectarse, pero el fuego consumió el paracaídas y el capitán Testa La Rosa cayó al vacío y murió por politraumatismos.
Desde entonces, el ministerio de Defensa y la Justicia deben dar una respuesta para esclarecer qué sucedió.
Se realizó una primera investigación que sugirió un error humano por parte del fallecido capitán, aunque esa hipótesis fue descartada por una auditoría posterior. Según esa revisión, Testa La Rosa no cometió ningún error e intentó, sin éxito, salvar su vida en una aeronave que ya estaba condenada.

La gran incógnita es qué originó el siniestro: una falla mecánica, negligencia de quienes ordenaron el ejercicio, errores en los talleres donde se ponían a punto los aviones o algún otro tipo de imprudencia. Todas son hipótesis que todavía no tienen respuesta.
El abogado de la familia, Bautista Rivadera, busca explicaciones. En diálogo con periodistas puntanos sostuvo que “una junta de la Fuerza Aérea ya dijo que la muerte del capitán se produjo por fallas técnicas del avión que pilotaba el 15 de julio de 2024. La junta de investigación realizó un peritaje y concluyó que la nave se precipita a tierra por efecto de una mala mantención previa que se hizo a los vuelos de adiestramiento nocturnos que estaban programados para esa fecha”.
Rivadera agregó: “Como representante de la familia, realicé una hipótesis acusatoria ante la fiscalía que indica que, una vez identificadas las personas que debieron haber mantenido correctamente el avión, pueden ser imputadas por homicidio culposo”.
Además, señaló: “El informe técnico es bastante claro. Habrá que discutir todo en sede judicial, pero para nosotros se cometieron errores previsibles. Si uno ajusta mal una tuerca, se puede producir un evento catastrófico como el que sucedió. Se utilizó material de sujeción, tuercas usadas, cuando en realidad deberían haberse colocado nuevas. Cada vez que se retira material nuevo para hacer el montaje de una aeronave, eso debe quedar debidamente registrado. Bueno, no hay nada registrado. Se usaron materiales usados cuando debieron haberse utilizado materiales nuevos”.
La familia sostiene que, más allá de las condolencias oficiales, los brigadieres de la Fuerza Aérea nunca brindaron una explicación precisa sobre el incidente.

En una carta enviada en 2025, al cumplirse un año del siniestro, a Javier Milei, la familia expresó: “Presidente Milei, quizás no lo sepa o se lo ocultaron: ya ha pasado un año desde que, el 15/07/24, pierde su vida el capitán Mauro Testa La Rosa en un avión A4 AR, en la Base Aérea de Villa Reynolds, San Luis. La familia del piloto solo quiere la verdad, señor presidente Milei”.
En otro tramo de la misiva agregaron: “Este avión A4 AR, el 9 de julio de 2024, sobrevoló muchas veces entre avenida del Libertador y El Palomar. Si se estrellaba ahí hubiese sido catastrófico. (...) ¿La noche después de la tragedia falsificaron firmas sobre el mantenimiento? (...) La máquina perdió el tubo de chorro, el paracaídas de frenado, pusieron repuestos usados, tuercas mal puestas, torquímetro que no funcionaba. ¿Y los responsables superiores?”.
La respuesta a esa carta nunca llegó, pese a que el mismo avión que se desarmó en pleno vuelo en San Luis había participado, apenas siete días antes, del desfile militar sobre la avenida 9 de Julio ante miles de civiles. (www.REALPOLITIK.com.ar)