Ranking de gobernadores: Axel Kicillof entre los tres peores considerados
Por: Adrián González
Muchas veces las estructuras sociales definen la vida de las personas y revelan el valor que se le otorga a cada ser humano. Quienes duermen en la calle quedan fuera de lo que la sociedad considera aceptable. Lo mismo ocurre con quienes rebuscan en la basura o habitan en basurales.
A estos casos se suman las familias del monte chaqueño que acceden a una única red de agua potable a kilómetros de sus hogares los que suelen estar construidos muchas veces con toldos, barro y cubiertos de precariedad.
Acercarse a lo real no alcanza con saber que existe. Implica registrar el lugar que ocupan esas personas en el mapa social, no para encasillarlas, sino porque esa división ya la impone el poder vigente en toda sociedad.
En los modelos postmodernos y neoliberales, el acceso a ciertos bienes de consumo determina el lugar que ocupamos. Por eso muchas personas ven a quienes duermen en la vía pública como una amenaza, asociándolos a la delincuencia. La palabra “delinquir” proviene del latín “delinquere”, que significa apartarse del buen camino.
Quien se resguarda en el espacio público no solo adopta una forma de vida distinta, sino que convive a diario con el desprecio de quienes eligen ajustarse al modelo establecido. Incluso se los acusa de “elegir” esa situación, sin reconocer que son el residuo de un sistema que produce comodidad para algunos y pobreza para otros.

La desnutrición y la exclusión que genera este modelo económico son el resultado de un horizonte que no contempla la igualdad de oportunidades ni revisa las consecuencias del poder hegemónico. Se minimizan así las condiciones reales de supervivencia de millones.
La desigualdad no existe por sí misma, ni debe naturalizarse por ser histórica, ni debe tratarse como “el enemigo”. Pero sí genera identidades al margen de la reproducción social y expone los efectos de la injusticia. Porque que una persona en Latinoamérica pueda cenar no debería depender de la compasión de un vecino o de una organización solidaria. Es una responsabilidad del Estado. A más personas en la calle, menos presencia estatal.
En Argentina, la educación pública y gratuita ha sido un motor de equidad social y cultural. Sin caer en idealizaciones, ya que el sistema educativo requiere mejoras urgentes, el capital cultural construido con la democracia y la ampliación de derechos se sostiene en ideas como comunidad, autodeterminación, dignidad, respeto y buen vivir.
Estos conceptos priorizan las acciones colaborativas más justas entre los sujetos y entienden su modo de vida o las condiciones estructurales que la orbitan. En un mundo que se direcciona hacia el individualismo, las opciones de igualdad colectiva entran en crisis, porque se busca analizar y asegurar que lo marginal siga estando al margen, ya que la emancipación de lo periférico no conviene al mercado.
Podemos conmovernos ante la pobreza y sus numerosos límites, pero sobre todo es importante ver qué nos dice. Porque si hay personas que no tienen para comer ni dónde vivir, es porque el espacio y la riqueza se han distribuido mal. Porque la pobreza no es el margen. Es la huella que deja un modelo cuando olvida que el otro también importa.