Sábado 23 de mayo de 2026

Nacionales

Riesgo legal y clínico

OSDE presentó polémica herramienta con IA para derivar pacientes en salud mental

23/05/26 | OSDE lanzó una búsqueda con IA para derivar pacientes y psicólogos advierten riesgos legales, éticos y clínicos en la admisión en salud mental.


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Por:
Martín Carrizo

La prepaga OSDE acaba de lanzar una herramienta de “búsqueda con IA” con el propósito de que los propios pacientes, a través de un algoritmo, sean derivados automáticamente a profesionales de la salud de acuerdo con el motivo de consulta que presenten. Tras este anuncio, federaciones y colegios de psicología salieron a advertir sobre el peligro de automatizar un acto clínico que se encuentra regulado por la ley nacional de Salud Mental, sin la evidencia suficiente sobre la seguridad y la eficacia de este tipo de prácticas, y sin la participación de los organismos profesionales.

La herramienta se presenta como una innovación para ofrecer recomendaciones “más precisas, humanas y eficientes” que los filtros tradicionales, y comienza a aplicarse en la filial metropolitana con proyección al resto del país. Esta movida se produce en un contexto de aumentos sostenidos de las cuotas de medicina prepaga, con nuevas subas informadas a partir de junio y con valores mensuales en planes individuales altos que, según comunicaciones difundidas entre afiliados, superan los 490 mil pesos, lo que mantiene bajo el ojo de la opinión pública la relación entre precio y acceso efectivo a prestaciones. A todo esto, la “invención” se presenta en un contexto político muy sensible, porque la medida aparece mientras el gobierno de Javier Milei impulsa cambios sobre el régimen de salud mental y reabre la discusión sobre el alcance de la ley vigente.

La Federación de Psicólogas y Psicólogos de la República Argentina (FePRA) difundió algunos comunicados en los que rechaza “la implementación de inteligencia artificial para admisión en salud mental” y expresa “preocupación” por la decisión de OSDE de introducir mecanismos de admisión mediados por IA. Para este organismo, la admisión “no constituye un simple procedimiento administrativo ni una operación de clasificación automatizable”, sino un acto clínico que debe quedar bajo responsabilidad profesional directa. FePRA sostiene que mecanismos como estos incorporan “elementos ajenos a cualquier normativa, control, recomendación académica y clínica” y que pueden configurar intervenciones iatrogénicas, es decir, situaciones en las que la propia intervención sanitaria puede producir daño si incide sobre la demanda de atención sin la evaluación adecuada de un profesional.

En la misma línea, el consejo superior del Colegio de Psicólogos de la provincia de Buenos Aires se pronunció frente al uso de inteligencia artificial en salud mental y afirmó que este tipo de sistemas “no cuenta con avales de ninguna clase” cuando intenta cumplir funciones de orientación o admisión equivalentes al trabajo profesional.

Los comunicados plantean que existe tanto una ley nacional de Salud Mental vulnerada como una vulneración de los derechos del paciente, de las normativas sobre confidencialidad y protección de datos y de los códigos de ética de la profesión. Para estos cuerpos colegiados, la introducción de IA en procesos de admisión clínica sin una discusión académica adecuada, sin protocolos consensuados, implica desplazar decisiones que deben estar reguladas por profesionales hacia un mecanismo opaco, controlado por prestadores o financiadores.

Un método globalmente cuestionado

En el plano internacional, la literatura académica sobre IA vinculada a salud mental documenta experiencias de uso de algoritmos y chatbots para detección de síntomas, para hacer triage y para realizar apoyo terapéutico, con resultados heterogéneos y teniendo en cuenta que son estudios con un nivel de evidencia todavía bajo. Algunas revisiones sistemáticas indican beneficios moderados en síntomas leves de ansiedad o depresión cuando las intervenciones digitales se utilizan como complemento y bajo supervisión, pero al mismo tiempo señalan limitaciones metodológicas importantes: una muestra reducida, es decir, estudios realizados con pocas personas, poca diversidad de participantes, seguimientos de corta duración y escasez de datos sobre efectos adversos. Solamente una porción minoritaria de los estudios reporta protocolos específicos para manejo de riesgo suicida, lo más preocupante, derivación a servicios presenciales o intervención inmediata de profesionales humanos ante señales de alarma.

Entre los trabajos que se pueden citar aparece el artículo “La ética de usar inteligencia artificial en la evaluación psicológica y diagnóstico de pacientes”, publicado en 2024 en Ciencia Latina, que reconoce posibles ventajas en apoyo diagnóstico y ampliación del acceso, pero advierte sobre riesgos concretos de privacidad, sesgos, deshumanización de la atención y falta de responsabilidad médica frente a algún eventual error. Por otro lado, la revisión “Usos e implementaciones de la inteligencia artificial en psicoterapia” concluye que las herramientas basadas en IA pueden mostrar utilidad en cuadros leves y como complemento, pero no ofrecen base suficiente para reemplazar funciones clínicas centrales. También existen revisiones sobre chatbots para depresión y apoyo terapéutico que muestran resultados promisorios solo en contextos acotados y bajo supervisión, no como sustituto de la evaluación profesional al inicio del tratamiento.

En varios trabajos se subraya que no existe hasta el momento un consenso científico que avale el reemplazo de la evaluación clínica o de la admisión por sistemas automatizados, y que el uso aceptable de estas tecnologías se limita a funciones de apoyo claramente delimitadas, transparentes y sometidas a validación por parte de un profesional. Más que “alucinaciones”, como se le llama coloquialmente a los errores que puede cometer la IA, el problema central que describen estos estudios es la opacidad del sistema, la imposibilidad de auditar con claridad su razonamiento y el riesgo de respuestas incorrectas o clínicamente inapropiadas frente a situaciones complejas.

Una medida polémica

En el caso de OSDE, la información disponible no incluye datos técnicos detallados sobre el modelo de IA utilizado, el corpus de entrenamiento, los mecanismos de detección de sesgos ni los protocolos de seguridad clínica.

Tampoco se han informado ensayos clínicos, evaluaciones de impacto o dictámenes de comités de ética que respalden la herramienta antes de su despliegue masivo en la población afiliada. La empresa presenta el sistema como un buscador avanzado de profesionales, pero no especifica cómo se articula con la evaluación clínica posterior ni qué ocurre cuando los motivos de consulta involucran ideación suicida, violencia o situaciones de emergencia.

Desde una perspectiva académica y regulatoria, el punto crítico es la brecha entre el estándar que reclaman las asociaciones y el modelo adoptado por la prepaga. Los colegios profesionales y la bibliografía especializada coinciden en exigir transparencia algorítmica, validación rigurosa, supervisión profesional y marcos de responsabilidad definidos como condiciones para aplicar IA en salud.

La decisión de OSDE se adelanta a esa discusión, al introducir un filtro automatizado en la admisión en salud mental sin mostrar evidencia clara de eficacia y seguridad ni acuerdos formales con los órganos de control profesional. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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