Domingo 24 de mayo de 2026

Nacionales

Historia de usurpación

Georgias del Sur: presencia argentina, revolución obrera y Guerra de Malvinas

24/05/26 | Las Georgias del Sur, clave en el origen del conflicto de Malvinas, conservan una presencia argentina histórica desde comienzos del siglo XX.


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Por:
Jorge Suárez

Las islas Georgias del Sur conforman, junto con la isla de los Estados, el Banco Burdwood y los archipiélagos de las Orcadas del Sur y Shetland del Sur, el Arco de Scotia. Se encuentran a 1.390 kilómetros al sudeste de las islas Malvinas y abarcan un área total de 3.756 kilómetros cuadrados, formada por las islas Aurora —integradas por las rocas Cormorán y Roca Negra—, una serie de islas e islotes —Annenkov, Pájaros, Trinidad, entre otros— y la isla principal, San Pedro.

Esta se caracteriza por un relieve montañoso, de carácter abrupto, con cimas cubiertas de nieve, alturas que superan los 2.800 metros, costas acantiladas, numerosas bahías, fiordos y ensenadas. En el sudoeste de la isla hay un glaciar que descarga al mar masas de hielo. En el nordeste existen puertos naturales que albergan témpanos provenientes de la Antártida.


Las islas Aurora fueron visitadas en 1956 por personal militar argentino.

El territorio está ocupado por el Reino Unido, que desde 1985 lo considera una colonia separada de Malvinas. Su presencia se materializa a través del Servicio Antártico. El turismo es un negocio lucrativo, con un número de visitantes que se ha incrementado sustancialmente, atraídos por la fauna marina, los paisajes y los restos de las antiguas factorías balleneras. También la pesca constituye otro negocio relevante para el territorio.

Los “descubrimientos” de las islas Georgias del Sur

La isla San Pedro, la principal del archipiélago, fue descubierta entre el 28 y el 29 de junio de 1756, coincidiendo con la festividad de San Pedro, por el navío español Nuestra Señora de los Dolores, conocido también como El León. Proveniente de El Callao, en su escala en Valparaíso embarcó al teniente general Domingo Ortiz de Rosas, exgobernador de Chile y abuelo del célebre gobernador de la provincia de Buenos Aires y jefe de la Confederación Argentina, brigadier general Juan Manuel de Rosas.

Al mando del capitán Gregorio Jerez, al cruzar el cabo de Hornos, las tormentas llevaron al buque hacia el este, donde avistaron la isla San Pedro. El piloto tomó nota de la ubicación con un elevado nivel de precisión. Esto fue publicado por los franceses, destacándose la obra "Compilación de descubrimientos realizados por los españoles en el hemisferio sur", copia que tuvo el capitán inglés James Cook, quien visitó las islas tiempo después.

Publicaciones náuticas posteriores y documentación del Archivo General de Indias constituyen evidencia de que el descubrimiento fue español. El nombre Georgias fue impuesto por Cook cuando visitó las islas en 1775, en honor al rey británico Jorge III, aún reconociendo que el descubrimiento había sido español.

Las islas Aurora fueron descubiertas en 1762 por Josep de la Llana. Se trata de un conjunto de islotes que afloran del océano a 80 metros, con un área que no supera el kilómetro cuadrado. Las islas llevan el nombre del buque tripulado por De la Llana. Los españoles volvieron a estar presentes en 1769, 1774 y 1790.

Los británicos, gracias a la captura de documentación española en Manila, supieron de la existencia de tierras australes en el Atlántico Sur. Esta información fue utilizada por el célebre capitán James Cook, quien, a pesar de saber del descubrimiento español y de encontrarse en aguas españolas, reclamó las islas para Inglaterra. La descripción de la rica fauna —tanto aves como mamíferos marinos— atrajo a cazadores furtivos que provocaron un gravísimo daño ambiental por la caza indiscriminada.

Los españoles, a finales del siglo XVIII, crearon la Real Compañía Marítima, que operó en aguas patagónicas con bases en Maldonado, Uruguay, y Puerto Deseado, en la actual provincia de Santa Cruz. Tenía la concesión para explotar la caza de mamíferos marinos y la pesca en los mares australes, la Patagonia y las islas del Atlántico Sur. Las Georgias, o San Pedro para los españoles, estuvieron en su radio de acción y fueron objeto de visitas por parte de barcos de dicha entidad privada. Las actividades de la Real Compañía terminaron en 1803.

En 1800, el buque Aspasia, de bandera estadounidense, zarpó para el rescate del bergantín Regulator, que había naufragado en San Pedro. No hubo sobrevivientes, pero ello no impidió una campaña de caza para financiar la expedición del buque de rescate, sin permiso de las autoridades españolas.

En 1819, una expedición rusa impulsada por el zar Alejandro I, liderada por el capitán Fabian Gottlieb Benjamin von Bellingshausen, de la Armada de Rusia, visitó las Georgias y dejó plasmados en la toponimia nombres rusos de diversas islas del archipiélago, como Annenkov y Demidov.

Las Georgias bajo la comandancia Política y Militar de Malvinas

En 1828, la fragata Hope, de bandera inglesa, bajo el mando del capitán Matthew Brisbane y con el objetivo de cazar ballenas, naufragó en San Pedro. Un grupo de sobrevivientes construyó una embarcación que permitió pedir ayuda a Carmen de Patagones. El cónsul británico en Buenos Aires no hizo lugar al pedido de Brisbane, por considerar que la isla San Pedro no formaba parte de la jurisdicción británica.

La ayuda vino de la mano de Luis Vernet, designado comandante político y militar de Malvinas por medio de un decreto firmado por el gobernador bonaerense Martín Rodríguez, que decía en su artículo 1: “El gobierno de Buenos Aires, habiendo resuelto por decreto de esta fecha que las Islas Malvinas, adyacentes al Cabo de Hornos en el mar Atlántico, sean regidas por un comandante político y militar y teniendo en consideración las calidades que reúne Don Luis Vernet, ha tenido a bien nombrarlo, como por el presente lo nombro, para el expresado cargo de comandante Político y Militar de las islas Malvinas, delegando en su persona toda la autoridad y jurisdicción necesaria al efecto”.

En el acuerdo firmado entre Vernet y Brisbane, en el marco de la operación de rescate, quedó asentado que las islas Georgias formaban parte de la jurisdicción del gobierno argentino en Malvinas, lo que fue informado a autoridades argentinas y británicas. Esta operación, a cargo de la corbeta Betsy, fue el primer acto de presencia argentina en Georgias. Asimismo, se cuenta con documentación —como cita el profesor Juan Pablo Bello en su obra "Islas de San Pedro. Las mal llamadas Georgias del Sur (1756-1957)"— sobre visitas de la goleta Paquete del Río en búsqueda de hielo para vender en Buenos Aires.

El desalojo por la fuerza de la presencia argentina en Malvinas, llevado adelante por los británicos en 1833, dejó a las Georgias del Sur en un largo período en el que la presencia humana estuvo destinada, principalmente, a depredar los recursos de la isla.

Expediciones científicas y presencia argentina: la Compañía Argentina de Pesca

En 1882 arribó a San Pedro la expedición alemana en el buque Moltke, que permaneció allí hasta ser evacuada. Dejaron una casa, una bandera y provisiones almacenadas, luego de meses de intensa actividad científica.

En 1894, una expedición noruega llegó a San Pedro, donde desembarcó Carl Larsen, quien vio el potencial del lugar como base para la industria ballenera. En 1902, las islas fueron visitadas por el Antarctic, de la expedición de Otto Nordenskjöld, protagonista de la famosa expedición de rescate de la corbeta ARA Uruguay.

Esto animó a Larsen a impulsar desde Argentina la explotación de los recursos de los mares australes. Finalmente consiguió los apoyos económicos necesarios, siendo el principal accionista el empresario argentino Ernesto Tornquist, quien bautizó a la empresa como Compañía Argentina de Pesca, o CAP. El proyecto de Larsen abarcaba la compra de una flotilla de balleneros y transportes, además de la construcción de una factoría en Georgia del Sur.


El buque argentino "Ernesto Tornquist" enarbola la bandera argentina en Georgias del Sur (Fuente: Stefan Heijtz).

En febrero de 1904, la empresa fue formalmente autorizada a funcionar con capitales argentinos, buques de bandera argentina y al amparo de normas también argentinas. En noviembre de ese año, la flotilla de la CAP, ondeando el pabellón argentino, arribó a Grytviken, denominación que dieron los suecos de la expedición del Antarctic y que significa “bahía de las ollas”, por los enseres abandonados utilizados para derretir grasa de los animales cazados.

La factoría fue construida con material traído de Noruega. Las obras no solo constaron de instalaciones industriales, sino también de un área para alojar la administración, talleres, iglesia, habitaciones para los obreros y hasta una presa para generar energía hidroeléctrica.

Por resolución del ministerio de Hacienda, el desembarco de aceite de ballena en el puerto de Buenos Aires fue considerado “producción nacional”, reconociendo así que las Georgias formaban parte del territorio nacional. A partir de 1905, la Armada Argentina, con el buque ARA Guardia Nacional, comenzó a hacerse presente en Grytviken, apoyando la actividad de la CAP. A ello se agregó el relevamiento de la isla San Pedro, bautizando diversos accidentes geográficos con los nombres de los oficiales del citado navío.

Ese mismo año, la Oficina Meteorológica Nacional —dependencia del ministerio de Agricultura, uno de los organismos de su tipo más antiguos del mundo y antecedente del Servicio Meteorológico Nacional instaló un observatorio, constituyendo la representación formal del Estado argentino en dicho territorio, en el área conocida como Punta Coronel Zelaya.

En 1909, el director del Zoológico de Buenos Aires, Clemente Onelli, trajo un grupo de pingüinos rey de Georgias del Sur para su exhibición. De esta manera, miles de argentinos supieron que dichas islas formaban parte del territorio nacional.


Estación Meteorológica Argentina (1906-1950).

La usurpación británica

El gobierno colonial británico en Malvinas observó con atención el desarrollo de la estación ballenera de la CAP. Al verse frustrado el intento de instalar una compañía de capitales británicos con base en Chile en Georgias del Sur, adoptó una estrategia de coacción directa: envió el crucero HMS Sappho e intimó a Carl Larsen a arriar el pabellón argentino en la isla San Pedro, bajo amenaza de abrir fuego.

Los británicos tomaron nota especialmente de los libros contables y de la productividad de la CAP. Esto llevó a uno de los directivos de la empresa a adoptar un doble juego, perjudicando seriamente los intereses argentinos. Schliper, directivo de la CAP, se presentó en la embajada británica en Buenos Aires. Desde Londres se impuso un contrato de arrendamiento y el pago de un canon al gobierno colonial en Malvinas.


Represa construida por la COP, en Grytviken (Fuente: departamento de Estudios Históricos Navales).

Ello no impidió que la empresa mantuviera un doble juego: siguió siendo argentina y continuó operando con barcos que utilizaban dicho pabellón. Cabe señalar que la mayor parte de la producción era exportada al Reino Unido como producto argentino, mientras que, para evitar represalias, pagaban impuestos a los británicos. Un acto de extorsión.

En 1908, el gobierno británico emitió una carta patente reclamando la soberanía sobre las islas del Atlántico Sur, la Península Antártica, Tierra del Fuego, el sur de la provincia de Santa Cruz y parte de la Patagonia chilena. Esto generó el reclamo de los gobiernos argentino y chileno.

Ese mismo año, los británicos instalaron un magistrado en Grytviken, en un puesto llamado King Edward Point. Hasta 1950, las banderas británica y argentina ondearon en las islas, cuando el Observatorio Meteorológico argentino fue desmantelado por los británicos.


El Observatorio Meteorologico, en Georgias.

La revolución rusa llegó al Atlántico Sur

La mayor parte de los obreros empleados por la CAP eran de origen noruego, aunque también había argentinos. En 1919 fueron contratados en La Boca una treintena de trabajadores rusos, quienes pronto protagonizarían una huelga general para exigir mejores condiciones de trabajo, jornada laboral de ocho horas y pago en moneda argentina.

Los líderes del movimiento iniciaron la huelga en enero de 1920, bajo el liderazgo de un obrero ruso, Hersh Schwartz, y otro argentino, Oscar Johansen. Pronto, unos 200 trabajadores de la isla adhirieron al conflicto bajo el lema: “¡Trabajadores balleneros del mundo, únanse!”. Así nació un soviet en el confín del mundo.

Maquinarias fueron destruidas y las autoridades coloniales británicas fueron amenazadas con la expulsión, demostrando los huelguistas el desconocimiento de su autoridad. Estas pidieron ayuda al gobierno colonial británico en Malvinas, que envió un crucero. La huelga fue suprimida duramente y los líderes enviados a Buenos Aires en barcos de la CAP.

El desalojo británico del Observatorio Argentino y la decadencia de la CAP

La Armada continuó con sus campañas de relevamiento hasta 1924, destacándose que en ningún momento sus barcos actuaron como si estuvieran en puerto extranjero, sino como locales.

En 1927, el gobierno argentino, en el Congreso Postal Universal, dejó en claro que las islas Georgias, Sándwich del Sur, Malvinas y Orcadas eran territorio argentino. Instituciones oficiales argentinas, como el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Buenos Aires o el Museo de Ciencias Naturales de La Plata, realizaron estudios científicos en San Pedro. La CAP siguió operando durante las dos guerras mundiales y, ante la utilización del petróleo como combustible, empresas argentinas pasaron a ser proveedoras de las factorías balleneras en Georgias.


Fotos del departamento de Estudios Históricos Navales.

En 1947, el marinero Luis Marcelino Salvini falleció a raíz de un serio accidente. La cirugía fracasó y murió a bordo del vapor Ernesto Tornquist. Fue sepultado en Georgias y el hecho motivó la actuación judicial correspondiente, siendo competente el juez con sede en Ushuaia. Una prueba de que para la Argentina eran consideradas parte del territorio nacional. Ese mismo año, en el marco de la política de reafirmación de la soberanía argentina en las islas, el ministerio de Hacienda inspeccionó las instalaciones de la CAP y envió un funcionario a Grytviken.

En 1949, en la Conferencia Continental de Río de Janeiro, donde se gestó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, o TIAR, la Argentina sentó su postura sobre las islas del Atlántico Sur.

En 1950, un grupo de infantes de marina británicos desalojó por la fuerza al empleado del Observatorio Argentino, quien se refugió en las oficinas de la CAP. El edificio fue desmantelado y el instrumental enviado por barco vía Montevideo. El gobierno argentino elevó una protesta formal en enero de 1952 y las oficinas de la CAP en Buenos Aires fueron objeto de actos de violencia. Ello no impidió que Alfredo Ryan, su director, siguiera con sus negocios en Georgias.

En 1955, el Reino Unido propuso someter a arbitraje la cuestión de las islas Georgias, Sándwich del Sur, Orcadas y la Península Antártica, lo que fue rechazado de plano por Buenos Aires. Esto constituyó un hito, ya que Londres reconoció de alguna manera la existencia de una disputa.

En los últimos años de la CAP fue nombrado gerente un exoficial británico, Kenelm Pierce Butler, quien se encargó de despedir al personal argentino y eliminar letreros en castellano. En 1960, la CAP dejó de existir y sus instalaciones fueron vendidas a una empresa japonesa. El daño ambiental provocado por años de depredación y la aparición de sustitutos para los productos derivados del aceite de ballena terminaron con el negocio, cerrando definitivamente las factorías de Grytviken en 1965.


Astiz y los directivos de la empresa de Davidoff que desmantelaron las estación ballenera de Puerto Leith (Fuente: Felipe Celesia).

Los chatarreros (Foto: "Desembarco en las Georgias" (2022), de Felipe Celesia).

Grupo Alfa Astiz (1982).

Grupo comandos en Islas Georgias.

Barco de la CAP en la actualidad.

1982

Los argentinos hicieron acto de presencia nuevamente en las Georgias del Sur sobre la base de un contrato entre la firma Islas Georgias del Sur SA y Christian Salvesen Ltd, dueña de las factorías de Puerto Leith. La escalada del conflicto, dada la exigencia del gobernador colonial británico en Malvinas, Rex Hunt, de no aceptar la llamada “tarjeta blanca” como documento de viaje según los acuerdos de comunicaciones de 1971, y de considerar “invasores” a un grupo de trabajadores luego del izado de la bandera argentina, derivó en una crisis que terminó con el 2 de abril de 1982 y el estallido de la guerra de Malvinas.


El suboficial Felix Artuso, muerto en el ARA Santa Fe.

El submarino ARA Santa Fe dañado por disparos de helicópteros británicos en Grytviken (abril 1982).

Puerto Leith (Foto: Felipe Celesia).

El testimonio mudo de la presencia argentina en las islas son los viejos barcos balleneros, que todavía conservan en sus chimeneas los colores de la bandera argentina, y la tumba del suboficial Félix Artuso, muerto trágicamente después de la rendición a bordo del submarino Santa Fe, en manos de un marine británico. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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