La educación pública según Kicillof: estudiantes usan un tobogán a falta de puerta
Por: Santiago Sautel
Armenia atraviesa una paz frágil. El acuerdo alcanzado con Azerbaiyán puso fin a décadas de conflicto armado, pero abrió una herida política que define esta campaña electoral.
Nikol Pashinián, el primer ministro que llegó al poder en 2018 sobre la ola de una revolución popular, se presenta a la reelección con un mensaje claro: la única salida para la Armenia del futuro es la paz. Su plataforma electoral abandona por completo el lenguaje de la era anterior — ya no aparecen palabras como "Artsaj", "autodeterminación" ni referencias al Grupo de Minsk de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE). En su lugar, el programa habla de "institucionalización de la paz" con Azerbaiyán, reconocimiento mutuo de fronteras y apertura de corredores comerciales entre ambos países. Defiende la “Armenia Real” dentro de sus fronteras actuales.
Es un marcado giro en la retórica. En 2021, Contrato Civil —el partido del primer ministro— describía a Rusia como aliado estratégico y a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) como pilar de la seguridad nacional. El programa de 2026 dice que la participación armenia en esa alianza militar está "congelada" y que no hay planes de reactivarla. La inacción de Rusia ante la toma de Arstaj fue considerada un “abandono” por parte de Armenia. En paralelo, el partido impulsa el acercamiento a la Unión Europea, con la celebración de la primera Cumbre Bilateral UE - Armenia en mayo celebrada en Ereván.

Pashinián apuesta al desarrollo de una industria de defensa propia, exhibida en el desfile militar del pasado día de la República el pasado 28 de mayo, que el gobierno presentó como símbolo de la “transformación” de las Fuerzas Armadas. En el desfile, una concentración masiva en el centro de la ciudad, se exhibieron armas adquiridas en siete países diferentes -en simbólica despedida a las armas soviéticas- y drones de fabricación local, que levantaron grandes aplausos y vítores entre los presentes.
Entre los asistentes, habían desde veteranos en uniforme militar a niños con pequeños trajes camuflados, hombres emocionados casi hasta las lágrimas al paso de los camiones o gritos de asombro ante las maniobras de la fuerza aérea que dibujaron la bandera tricolor en el cielo. La oposición criticó el desfile como propagandístico y gasto innecesario.
El tema más controvertido es la reforma constitucional. Pashinián ha prometido que, si gana, convocará un referéndum para adoptar una nueva constitución. Sus críticos denuncian que el objetivo real es eliminar de la carta magna cualquier referencia a Nagorno Karabaj, satisfaciendo así las exigencias de Bakú. Por separado, el programa de Contrato Civil también propone reformar la Iglesia Apostólica Armenia, incluyendo el reemplazo del Catholicos Karekin II, otro tema que genera honda sensibilidad en la sociedad armenia.

La oposición, sin embargo, no es un bloque unido. El expresidente Robert Kocharián, al frente de la Alianza Armenia, y el magnate ruso-armenio Samvel Karapetyan, son fuerzas rivales que comparten el rechazo a Pashinián pero compiten entre sí. Ambos lo acusan de haber entregado Karabaj y de "servir los intereses azerbaiyanos". El primer ministro responde que la única alternativa al acuerdo de paz era una nueva guerra que Armenia no podría ganar.
La ofensiva de 2023 en la que Azerbaiyán recuperó el control total del enclave sigue siendo una herida abierta. El dilema de Pashinián es el dilema de Armenia: entre el pragmatismo de aceptar la derrota y mirar hacia adelante y la memoria de quienes sienten que no se puede cerrar esa herida sin rendir cuentas. (www.REALPOLITIK.com.ar)