Armenia formó parte de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) por siete décadas y ha tenido históricamente una relación de dependencia estratégica con Rusia en el marco del espacio postsoviético. Es miembro de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), la alianza militar liderada por Moscú, y de la Unión Económica Euroasiática, y alberga la base militar rusa de Gyumri.
Esta relación comenzó a modificarse tras la guerra de 2020 y se aceleró con la ofensiva azerbaiyana de 2023, cuando Azerbaiyán recuperó el control militar de Nagorno Karabaj. Las fuerzas de mantenimiento de la paz rusas desplegadas en la zona no intervinieron ante el avance azerbaiyano. Nikol Pashinián acusó a Rusia de haberlos abandonado y, en los meses siguientes, el gobierno armenio suspendió su participación activa en la OTSC y comenzó a diversificar sus relaciones exteriores en dirección a la Unión Europea y Estados Unidos.

El giro se aceleró en mayo de 2026. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, realizó una visita relámpago de tránsito al aeropuerto de Zvartnots, en Ereván, mientras su avión hacía escala regresando de India. Allí firmó con el canciller armenio Ararat Mirzoyan tres acuerdos: la Carta de Asociación Estratégica Integral, un marco de cooperación sobre minerales críticos y tierras raras, y un acuerdo marco sobre el corredor TRIPP (Trump Route for International Peace and Prosperity), una infraestructura de 43 kilómetros proyectada en el sur de Armenia para conectar Azerbaiyán con su exclave de Najicheván. La denominada Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional fue pactada en agosto de 2025 entre las partes, en el marco del histórico acuerdo de paz entre Armenia y Azerbaiyán auspiciado por Trump.
El propio presidente Donald Trump expresó en Truth Social su respaldo a la reelección de Pashinián, al que llamó “líder y amigo”.
La Unión Europea, por su parte, también ha incrementado su presencia. En mayo de 2026, Ereván acogió la octava cumbre de la Comunidad Política Europea y la primera cumbre bilateral UE-Armenia, con la participación de decenas de líderes europeos.

Armenia puso sobre la mesa la liberación del visado europeo para los ciudadanos armenios y el proceso de adhesión de Armenia al bloque. El giro despierta grandes expectativas de movilidad y oportunidades en los ciudadanos armenios, y gran recelo en sus socios de la UEE, la Unión Económica Euroasiátic, que han instado a Pashinián a definir si quiere seguir siendo parte del bloque. Pese a las iniciativas parlamentarias para la adhesión a la UE, el proceso es aún incipiente y sería aprobado por voto popular.
Rusia ha respondido a este giro con creciente presión económica. Las autoridades introdujeron restricciones sucesivas a las importaciones armenias: flores y plantas ornamentales primero, luego vino y coñac, y a partir del 30 de mayo también tomates, pepinos, pimientos, fresas y hierbas aromáticas. Rusia atribuyó las medidas a motivos fitosanitarios; analistas armenios e internacionales señalan un componente político en línea con precedentes similares aplicados por Moscú a Georgia y Moldavia. Además, Rusia advirtió que los precios preferenciales del gas —Armenia importa más del 80 por ciento de su gas desde Rusia a tarifas subsidiadas— podrían revisarse si Ereván avanza en su integración con la Unión Europea.
En este contexto, las elecciones del 7 de junio trascienden la política interna. El corredor TRIPP, la revisión constitucional que exige Azerbaiyán, la posible salida de la Unión Económica Euroasiática y la reconfiguración de las relaciones energéticas con Rusia son cuestiones cuya evolución depende del resultado electoral. (www.REALPOLITIK.com.ar)