Durante más de treinta años, Armenia vivió encerrada. Su frontera con Turquía lleva cerrada desde 1993, cuando Ankara la clausuró en solidaridad con Azerbaiyán durante la primera guerra de Karabaj. Su salida es a través de las fronteras con Georgia e Irán.
En 2026, por primera vez en décadas, Armenia tiene negociaciones de paz activas con sus dos vecinos enemigos al mismo tiempo. El 8 de agosto de 2025, en la Casa Blanca, el primer ministro Nikol Pashinián y el presidente Ilham Alíyev, con Donald Trump como mediador, rubricaron el texto acordado del tratado de paz y firmaron una declaración conjunta comprometiéndose a avanzar hacia su firma definitiva y ratificación. Es un hito histórico, aunque técnicamente el tratado aún no está firmado ni ratificado de forma definitiva.

El proceso se inició en marzo de 2025, cuando Armenia y Azerbaiyán anunciaron que habían concluido las negociaciones sobre el texto del acuerdo. El Grupo de Minsk de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE), creado en 1992 para mediar en el conflicto, fue disuelto a petición conjunta de ambas partes en esa misma cumbre del 8 de agosto, cerrando un capítulo de la diplomacia postsoviética.
Poco a poco ambos países han avanzado en gestos concretos de acercamiento. Azerbaiyán levantó restricciones al transporte de mercancías con Armenia, y las comisiones fronterizas trabajan en la delimitación y demarcación de la frontera, un proceso técnicamente complejo que aún llevará años.
Pero el proceso es frágil. Bakú exige, como condición para la firma y ratificación definitivas, que Armenia elimine de su constitución cualquier referencia a Nagorno Karabaj. Pashinián ya anunció que impulsará una nueva constitución que será aprobada por voto popular, para lo cual necesitaría ganar las elecciones del 7 de junio y convocar un referéndum. Por su parte, Armenia condiciona el avance a la liberación de ciudadanos armenios detenidos en zonas fronterizas.
La normalización con Turquía también es compleja. Las dos naciones no tienen relaciones diplomáticas desde 1993, y el peso del genocidio armenio de 1915 —reconocido por Armenia y por decenas de países, negado por Turquía— sigue siendo una herida sin cicatrizar que complica cualquier acercamiento.

Sin embargo, la diplomacia avanza. En 2021, ambos países nombraron enviados especiales para negociar medidas de confianza. Desde entonces han habido gestos de apertura significativos: acuerdos para permitir el cruce a ciudadanos de terceros países y simplificación de visados para pasaportes diplomáticos. En marzo, Turkish Airlines lanzó una línea directa entre Estambul y Ereván. El paso más reciente llegó el 11 de mayo de 2026, cuando Turquía completó los trámites para habilitar el comercio directo con Armenia, eliminando la necesidad de intermediarios y aduanas en terceros países.
La frontera física, sin embargo, permanece cerrada al tráfico regular. El paso de Margara, del lado armenio, lleva listo desde finales de 2023; del lado turco, los trabajos preparatorios en el paso de Alican comenzaron en diciembre de 2025. En marzo de 2026, Armenia abrió una ruta de tránsito para camiones azerbaiyanos con destino a Turquía, pero la apertura definitiva sigue condicionada por Ankara al progreso del proceso de paz entre Armenia y Azerbaiyán.
Tanto el acuerdo con Azerbaiyán como el acercamiento con Turquía son centrales en esta campaña electoral. Para Pashinián, representan el mayor logro de su gobierno y la prueba de que su apuesta por la paz tiene resultados tangibles. Para la oposición, son una capitulación: ceder territorios, reescribir la constitución y normalizar relaciones con quienes expulsaron a los armenios de Karabaj. (www.REALPOLITIK.com.ar)