Ayer fue el Día del Periodista, una fecha que todos los años sirve para intercambiar saludos, recordar colegas, reivindicar el oficio y felicitar a quienes recibieron algún reconocimiento profesional. Todo eso está muy bien y forma parte de una tradición saludable. Sin embargo, detrás de los saludos de ocasión siempre aparece una pregunta que los que vivimos de esto nos hacemos tarde o temprano: ¿qué es exactamente el periodismo?
La respuesta cambia según quién la formule. Algunos sostienen que es una herramienta para informar. Otros creen que su función principal consiste en controlar al poder. También están quienes lo entienden como una manera de registrar la historia mientras sucede. Probablemente todas las definiciones tengan algo de razón.
Los que peinamos canas tuvimos el privilegio de formarnos en la biblioteca. Conseguir un dato requería horas de búsqueda, pero ese esfuerzo nos dio olfato. Había libros y había tiempo para leer. Quizás por eso quienes atravesamos esa escuela creemos que la curiosidad es el combustible del periodismo. Lo demás nos los dio la calle.
La curiosidad conduce inevitablemente a las preguntas. Y las preguntas suelen acorralar a los que tienen algo que esconder. Ningún gobierno quiere que le cuentan las costillas, pero la diferencia es que desde 2023 no les alcanza con discutir lo que se publica. Ahora necesitan desacreditar al periodista.
PERIODISTA MENTIROSOS
— Javier Milei (@JMilei) April 19, 2025
Había creído que una gran parte del periodismo había llegado a su máxima expresión como basura mentirosa con el tratamiento de la reducción de la pobreza.
Me equivoqué. Me quedé corto.
Se han superado diciendo que amenacé al campo y se fueron al carajo…
Lo que resulta llamativo es que el agravio es la herramienta de los dirigentes que años atrás daban clases magistrales sobre libertad y falacias argumentativas. Ahora recurren con naturalidad a la descalificación personal para cerrar la discusión.
Los gobiernos pasan. Pasan las modas ideológicas y los fenómenos electorales que prometen poner el úlitmo clavo al cajón al anterior. Lo único que permanece es la necesidad de saber quién, cómo, cuándo, dónde y por qué.
El régimen mileista dice que el problema es que no se odia lo suficiente a los periodistas, pero eso es un error. El problema es que el régimen no respeta lo suficiente a los periodistas y eso no es casual. El objetivo es callar a los que preguntan, porque se sienten más cómodos gobernando sin dar explicaciones.