El tratado Roca-Runciman se ratificó por la ley 11.693, junto a otras leyes complementarias sancionadas en 1935, aprovechando la desorganización y las actitudes erráticas de la oposición. La alianza de gobierno, lucía sólida, ante una oposición debilitada. El Partido Socialista había decaído tras la muerte de su líder, Juan Bautista Justo, en 1928. Los demócrata-progresistas tenían gravitación en Santa Fe y la Capital Federal, aunque su respaldo social era muy acotado. Los nacionalistas eran una minoría activa, con destacadas plumas, divergencias internas y grandes egos, que les impidieron coaligarse en un partido de envergadura a nivel nacional.
La Confederación General del Trabajo, integrada por socialistas, comunistas, sindicalistas y anarquistas, no representaba aún una fuerza homogénea y gravitante para enfrentar al gobierno. Los radicales tuvieron un comportamiento ambivalente: los yrigoyenistas organizaron levantamientos armados fallidos, como el de los hermanos Kennedy en 1931 y el de Paso de los Libres en 1933, pero se vieron afectados por la muerte de su líder, ese mismo año. Los seguidores de Alvear, con su jefe aún proscripto, negociaron con Justo el levantamiento de la abstención, su participación en elecciones, la integración al gobierno y el apoyo a las leyes del pacto Roca-Runciman, a cambio de recibir prebendas, como las denunciadas en el negociado de la venta de las tierras del Palomar o directamente el soborno, como sucedió con el caso de la compañía de electricidad CHADE (Compañía Hispano Americana de Electricidad).
A través de una escandalosa negociación, la CHADE, filial de SOFINA (Societé Financière de Transports et d’Entreprises Industrielles), con sede en Bruselas, consiguió que los ediles porteños extendieran la concesión a su vencimiento… 25 años más tarde (a partir de 1957), con opción a otros 25 más, y que se dejaran sin efecto las cláusulas contractuales incumplidas por la empresa. Entre los más fervientes defensores de la prórroga se encontraba Marcelo T. de Alvear, quien aspiraba a presentarse como candidato presidencial al año siguiente. Ante las objeciones de un bisoño Arturo Frondizi, de apenas 28 años, el líder radical le respondió con un argumento brutal: “¿Quién me va a dar el dinero que necesitaré para gobernar? ¿Usted me lo va a dar, acaso?”.
En este marco de corrupción, entrega y desorden, se destaca la creación de la Fuerza de Organización Radical Joven Argentina (FORJA), de impronta yrigoyenista, compuesta inicialmente por Juan Bautista Fleitas, Manuel Ortiz Pereyra, Arturo Jauretche, Homero Manzi, Luis Dellepiane, Gabriel del Mazo, Atilio García Mellid, Jorge del Río y Darío Alessandro (padre). Raúl Scalabrini Ortiz, inspirador y referente del grupo, no estuvo incluido institucionalmente en un principio, ya que se requería afiliación previa a la UCR para participar, aunque colaboró activamente de este espacio.
Esta minoría activa realizó investigaciones, aportó compromiso militante e instaló las bases de conciencia iberoamericana antiimperialista, postulando a través de su obra la necesidad de construir un gran movimiento nacional y popular, que sería corporizado a partir de la década siguiente por el peronismo. (www.REALPOLITIK.com.ar)