Martes 16 de junio de 2026

Opinión

A 40 años de su muerte

Jorge Luis Borges, el compadrito argentino que hizo del coraje una forma de vida

16/06/26 | Cuatro décadas después de su muerte, Borges sigue ocupando un lugar en el olimpo de los grandes talentos argentinos.


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Por:
Gustavo Zandonadi

Se cumplieron cuarenta años de la muerte de Jorge Luis Borges. No es fácil plantarse frente a la hoja de Word en blanco cuando hay que hablar de un profesional de la palabra escrita, que además, era un maestro de la ironía. No es fácil pero a la vez lo es porque las palabras surgen naturalmente. Solamente un genio como Borges es capaz de generar esa magia, cuatro décadas después de su muerte.

Nadie puede elegir dónde, cuándo y en qué familia nacer, pero a veces el destino llega a un acuerdo con algunas personas que están llamadas a cumplir la misión de trascender. Así parece ser el caso de Borges cuando uno se sumerge en la totalidad del personaje. ¿Dónde habría elegido nacer él si alguien le hubiera dado opciones? La respuesta aparece en el comienzo de su obra, inaugurada con "Fervor de Buenos Aires"

El joven Jorge tenía apenas una veintena de años cuando escribió ese libro que preanunció lo que estaba en su mente. A pesar de su corta edad, ya conocía Europa pero su amor por lo porteño iba más allá. Si hay que buscar una explicación para eso, posiblemente esté en el Buenos Aires de esos años. Las calles de la Capital Federal eran el escenario en el cual se movían los compadritos, esos personajes que tanto admiraba Borges por su valentía.

Esos hombres eran capaces de jugarse la vida en defensa de su honor, o del honor de su dama y eso era algo que Borges admiraba. Basta recorrer su obra para ver que esa figura era objeto de veneración borgeana. Ahí no había literatura inglesa, ni modales refinados, ni nada de lo que llenaban sus conferencias. Simplemente, arrojo y valentía, en el sentido que estas palabras tenían en su tiempo. 

Entre la literatura y el coraje

Borges no pudo ser otra cosa que argentino porque fue un hombre apasionado en la defensa de sus ideas, aun cuando sabía que era más fácil dejarlas de lado. Esa misma valentía que elogiaba en los compadritos, la tuvo a la hora de plantarse frente al peronismo. A su modo, Borges era un compadrito. No cualquiera se animaba con Perón en los años de esplendor del general y él lo hizo. Se puede coincidir o no con Borges, pero no se puede negar que tuvo el coraje que, equivocadamente, pensaba que no tenía.

Tan valiente fue Borges, que supo meterse con una pasión argentina: el tango. En la puerta de La Botica del Ángel hay una frase suya: "Yo prefiero la milonga, pero ustedes esta noche hicieron que me reconcilie con el tango... siempre es mejor reconciliarse". Tan fuerte fue la reconciliación que aportó letras memorables para un disco que se completó con el fuelle de Astor Piazzolla y la voz de Edmundo Rivero. 

No conforme con eso, también se metió con el fútbol cuando hacerlo era ser un traidor a la patria. Nuestra Selección fue subcampeona olímpica en 1928 y del mundo en 1930. Desde entonces, el hincha argentino se cansó de ver cómo Uruguay y Brasil ganaban mundiales. En 1978 Borges dio una conferencia el mismo día y hora que Argentina debutó en el Mundial 78. Después del torneo se reconcilió con el fútbol, en una reunión cumbre con César Luis Menotti, que a pesar de lo ameno de la charla, no pudo convencerlo.

Borges no tuvo intenciones de ser popular, pero lo fue. Alejandro Dolina -peronista confeso- suele decir "me gusta la literatura de Borges porque no soy estúpido". Se puede ser peronista y borgeano al mismo tiempo. En este caso aplica lo que dijo otro genio de las letras, Roberto Fontarrosa: "¡Qué me importa lo que hizo con su vida! Me importa lo que hizo con la mía". Lo curioso es que el rosarino hablaba de otro virtuoso -gracias a Dios, también argentino- Diego Armando Maradona.

Voy a cerrar estas breves líneas con una lista que me llena de orgullo: Jorge Luis Borges, Astor Piazzolla, Edmundo Rivero, Alejandro Dolina, Roberto Fontanarrosa y Diego Armando Maradona. A este olimpo de argentinos notables pueden sumarse muchos nombres más, porque nuestro país es una fábrica de gente talentosa. Como decía una vieja publicidad: en Europa no se consiguen.

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