Jueves 18 de junio de 2026

Historia

1938

La convulsionada sucesión de Agustín P. Justo: Roberto Ortiz y Ramón Castillo

16/06/26 | La fórmula Ortiz-Castillo asumió bajo el fraude patriótico. La posterior enfermedad del presidente abrió paso a la caída de la Concordancia.


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Por:
Alberto Lettieri

Ante el llamado a elecciones presidenciales, el radicalismo intentó impulsar la fórmula compuesta por Marcelo T. de Alvear y el santafesino Enrique Mosca. Los socialistas presentaron la fórmula Nicolás Repetto y Arturo Orgaz. Sin embargo, el aparato electoral oficialista y la aplicación generosa del “fraude patriótico” posibilitaron una nueva victoria de la Concordancia. De este modo, Justo fue sucedido por Roberto Ortiz, radical alvearista de fluido contacto con los británicos y de gran trato con la dirigencia oligárquica. El conservador catamarqueño Ramón Castillo completaba la fórmula, que asumió el 20 de febrero de 1938.

La candidatura de Ortiz había recibido un fuerte apoyo en una cena de la Cámara de Comercio Británica, ya que había sido abogado y representante de los intereses imperiales en la Argentina durante años. Ortiz encaró una política tendiente a morigerar el fraude electoral y darle un barniz más republicano al accionar gubernativo. A su juicio, la falta de desarrollo social y de “regeneración” de los partidos políticos, a diferencia de lo que sostenían los medios oligárquicos, no constituían trabas para iniciar una apertura electoral.

De este modo, aun cuando en las elecciones de 1938 el fraude no encontró limitaciones, para 1939 el presidente decidió terminar con los casos más escandalosos, planteando la intervención en San Juan, Catamarca –la tierra del vicepresidente– y la provincia de Buenos Aires. En este último caso su ataque era contra Manuel Fresco, en tanto serio competidor conservador para futuras elecciones, insigne defensor del “fraude electoral” y enrolado en un nacionalismo católico-fascista, con una importante gestión provincial en materia de obras públicas y actividad social que auspiciaba un significativo apoyo popular a futuro. Para que no quedaran dudas sobre su adscripción ideológica, Fresco impuso el saludo fascista en la administración pública provincial durante su gestión y sustituyó la urna y el voto secreto por el oral en alta voz (voto cantado), en las elecciones para gobernador provincial de 1940.

Ramón Castillo

Ortiz reactualizó la política neutralista de Yrigoyen al iniciarse la Segunda Guerra Mundial (1939), despertando adhesiones y rechazos internos en la UCR. Si bien el acercamiento del presidente hacia la UCR potenciaba las posibilidades de una mayor presencia institucional del partido a corto plazo, simultáneamente generaba rechazos entre los simpatizantes yrigoyenistas, sobre todo entre los pertenecientes a los segmentos bajo y medio bajo de la población. Los conservadores, en tanto, se veían relegados por el gobierno, lo cual provocó recelos y denuncias sobre negociados que involucraban al presidente y su entorno.

Durante la gestión de Ortiz, la Comisión de Investigaciones de Actividades Antiargentinas, creada en el Congreso a instancia de radicales y socialistas para denunciar acciones de espionaje del nazismo, ofició en la práctica como una especie de foro opositor, con el respaldo de la prensa oligárquica, que veía con enorme desagrado el posible retorno de la UCR a posiciones cercanas al poder. Las elecciones legislativas nacionales de 1940 terminaron con un resonante triunfo del radicalismo en todo el país, en especial en la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires, lo que posibilitó que el radicalismo recuperase el predominio dentro de la Cámara de Diputados de la Nación.

La enfermedad de Ortiz y el retorno del fraude conservador

Poco después, luego de la intervención de la provincia de Buenos Aires, Ortiz dispuso el desplazamiento de Fresco, denominado por entonces “el Mussolini criollo”. Cuando la reinstalación institucional de la UCR, bajo el liderazgo de Alvear, parecía decididamente encaminada, la diabetes crónica de Ortiz provocó un giro drástico para ese proceso. En la medida en que su enfermedad se incrementaba, el presidente tuvo que ir delegando paulatinamente sus funciones en el vicepresidente Castillo, quien finalmente asumió la presidencia en 1942. La salida de Ortiz, seguida de su inmediato fallecimiento, dejó el camino libre para que las tradicionales prácticas fraudulentas de la Concordancia recuperaran el control de la escena política.

A Castillo le quedaba poco tiempo para concluir el mandato, pero contaba con la candidatura presidencial de su delfín, el conservador salteño Robustiano Patrón Costa, que levantó una polvareda de rechazos. Propietario de ingenios azucareros que además arrendaba tierras a la Standard Oil, su eventual acceso a la primera magistratura anunciaba un vuelco en el sistema de alianzas de la Argentina hacia la órbita norteamericana que era resistida por la mayoría de las fuerzas políticas, sociales y corporativas.

En efecto, la oligarquía ganadera no veía con buenos ojos una alianza con un competidor de fuste en el mercado internacional, como lo eran los Estados Unidos, lo cual además afectaría necesariamente los vínculos de dócil dependencia y beneficio mutuo con Gran Bretaña.

Con argumentos diferentes, pero que coincidían en el rechazo, varios grupos nacionalistas propusieron la creación de un Frente Popular – siguiendo los ejemplos europeos o el más cercano de Chile– en el que el comunismo y grupos de izquierda podrían sumarse a los partidos tradicionales para evitar la caída en la órbita del creciente imperialismo yanqui. Dentro del Ejército nacional se organizó una logia secreta, el GOU, Grupo Obra y Unificación o Grupo de Oficiales Unidos. Influenciados por las investigaciones y denuncias de Raúl Scalabrini Ortiz, José Luis Torre y Arturo Jauretche, se manifestaron dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias con tal de evitar el éxito de la candidatura de Patrón Costas, y todo lo que ella prometía. FORJA, institucionalmente, sumaba a estas objeciones un sesgo industrialista y antibritánico.

El 4 de junio de 1943 un alzamiento militar, que contó con la participación de los nacionalistas y forjistas en las calles, terminó de cuajo con la experiencia de la Concordancia. Con la llegada al gobierno del GOU, una nueva y decisiva etapa de cambios fundamentales reclamaba un lugar en la historia argentina. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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