Jueves 18 de junio de 2026

Cultura

Reseña del álbum

Evanescence y Amy Lee encuentran el equilibrio entre nostalgia y futuro en Sanctuary

18/06/26 | Con Sanctuary, Evanescence recupera parte de la esencia que la convirtió en un fenómeno global y la combina con un sonido moderno liderado por Amy Lee.


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Por:
Martín Carrizo

Hay bandas que pasan años intentando escapar de su propia sombra. Parece sencillo, pero claramente no lo es. Mucho menos cuando, durante tres o cuatro años, dominaron rankings globales, encabezaron listas como el Billboard Hot 100 y se transformaron en la banda sonora de toda una generación. Algunas terminan convirtiéndose en una copia permanente de sí mismas. Paramore, Within Temptation o Nightwish también han convivido con ese desafío. Otras, como Linkin Park, aún con la pérdida del cantante original, lograron reinventarse sin prescindir de esa esencia musical que estuvo cerca de quedar en el pasado.

¿Cómo podés seguir creando cuando hay millones de personas que esperan que vuelvas a sonar exactamente como hace veinte años, pero sin sonar anticuado; cuando las discográficas ya no apuestan de la misma manera; y cuando ya no existe detrás ese enorme equipo de productores e ingenieros que alguna vez ayudó a construir un sonido profesional asegurado? Evanescence parece haber encontrado la fórmula.

La banda estadounidense fundada en 1994, en Arkansas, EE.UU., y liderada por Amy Lee, responsable de clásicos como “Bring Me To Life”, “Going Under”, “My Immortal” y “Call Me When You’re Sober”,  ha regresado con Sanctuary, un álbum que deja en claro que no está al nivel de su primer gran “Fallen”, el disco que la convirtió en un fenómeno mundial, pero tampoco reniega de él. Por el contrario, toma algunos de aquellos elementos que construyeron la identidad sonora de la banda y los traslada a una producción claramente contemporánea.

El resultado es uno de los trabajos más sólidos de esta etapa de su carrera. Desde los primeros minutos de escucha, Sanctuary deja en claro que no busca refugiarse exclusivamente en la nostalgia, aunque sí pretende provocarla en el oyente. La incorporación de elementos electrónicos, sintetizadores, programaciones y nuevas texturas sonoras aparece integrada a las composiciones de manera prolija y no como un agregado superficial de último momento. 

La producción, más cercana al rock alternativo moderno que al sonido característico de comienzos de los años 2000, permite que la banda amplíe su universo sin perder su identidad.

Cuando Amy Lee vuelve a encontrar su voz

“Afterlife”, el quinto track, se conoció por haber formado parte de la serie Devil May Cry y funciona como una declaración de principios. Tiene potencia, dramatismo y una Amy Lee que continúa demostrando por qué sigue siendo una de las voces más reconocibles y bellas del género.

Temas como “Fight Like A Girl”, junto a K.Flay, exploran territorios más cercanos al rock industrial y la electrónica, mientras que canciones como “Bloodline” muestran una banda más anclada en lo artesanal.

Pero, para ser francos, el corazón del disco, es decir, lo que termina garantizándole calidad,  aparece con el sexto track, que justamente es el que le da el nombre : “Sanctuary”. Quizás esta sea la composición que mejor resume lo que Evanescence intentó transmitir.

La canción nace sobre la voz hablada de Amy y se construye lentamente sobre un beat electrónico constante que perdura durante gran parte del tema, como un corazón que no deja de latir. Aunque ese pulso se vuelve casi “invisible” durante el resto de la composición, especialmente cuando se abren las guitarras y los solos ganan protagonismo, el beat sigue ahí, firme.

Sobre toda esa construcción mencionada, Amy Lee desarrolla una interpretación vocal contenida: empieza en voz hablada, desconcertante en una primera escucha, y desemboca en un estribillo gigante, inesperado y pegadizo que transporta al oyente. El track juega con la cadencia y con stops o silencios muy funcionales, que dejan lugar a una instrumentación servida por colchones armónicos que la potencian emocionalmente.

“Sanctuary” parece concentrar algunos de los mejores momentos del álbum y probablemente sea el tema que más recuerda al Evanescence de los 2000 y, al mismo tiempo, uno de los que menos suena atrapado en aquella época.

Sí, el álbum puede dejar deuda pendiente: probablemente sea esa emoción irrepetible que oportunamente lograron capturar en la versión banda de “My Immortal”. Sanctuary no reproduce exactamente esa emoción, pero amaga con conseguirlo en el séptimo track, “How Do I Deal”. Aquí Amy Lee vuelve a demostrar que no necesita de grandes despliegues instrumentales para conmover.

Su voz íntima, casi confesional, abre y cierra la canción con esa fragilidad que inevitablemente remite a lo que los fans esperan de la banda. Es uno de esos temas que parecen compuestos para conversar directamente con quienes crecieron escuchando Fallen o The Open Door.

Insistiendo: es cierto que a esta canción le falta aquella una explosión instrumental del final de My Inmortal (Band Version), pero aún así deja la sensación de que algo quedó pendiente: algo que podría llegar en el próximo álbum.

Lo mejor: Evanescence todavía puede generar en sus seguidores el deseo de escuchar qué más tiene para ofrecer.

Lejos de vivir exclusivamente de sus grandes éxitos, Amy Lee y compañía entregan un álbum que entiende que, en la música, la nostalgia es la herramienta más difícil de mantener, pero también la más poderosa, siempre y cuando no se convierta en un objetivo que no es necesario cumplir de nuevo.

Finalmente, Sanctuary no busca volver al pasado. Solo busca demostrar que todavía existe futuro para la banda de Amy Lee. (www.REALPOLITIK.com.ar) 

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