Modelo Milei: la bicicleta se consolida como refugio ante la crisis en el transporte
Por Adrián González
El encarecimiento de los combustibles y las tarifas empuja a los argentinos a cambiar el auto y el colectivo por las dos ruedas. Aunque el ahorro es drástico, el temor a los robos transforma al rodado en un activo que exige protección financiera e infraestructura integral.
Cada mes de junio, en el marco del día mundial de la Bicicleta, el debate sobre la movilidad urbana se reactiva en Argentina. Lo que tradicionalmente se asociaba al deporte o a la recreación se ha transformado en una estricta decisión financiera: ante la escalada de los costos de movilidad, la bicicleta gana un protagonismo inédito en las calles de las principales ciudades, consolidándose como la opción más económica y autónoma para el desplazamiento diario.
La crisis sanitaria del COVID-19 marcó el gran punto de inflexión en este cambio de hábitos. Ante la necesidad de evitar espacios cerrados y el transporte público masivo, miles de usuarios adoptaron la bicicleta de forma circunstancial, consolidándola con el tiempo como un hábito permanente.
Sin embargo, el éxito de esta adopción depende directamente del diseño vial: el salto histórico de Buenos Aires. En 2009, apenas el 0,4 por ciento de los viajes en la capital se hacían sobre dos ruedas. Con la expansión de una red de ciclovías protegidas que hoy supera los 300 kilómetros, los viajes diarios pasaron de 320.000 en 2019 a más de 400.000 durante 2020. Actualmente, la bicicleta ya representa el 7 por ciento de la movilidad diaria porteña.
Sin embargo, existe una deuda en el Interior, ya que a nivel nacional la realidad es diferente. Según datos de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, solo el 4 por ciento de los viajes urbanos totales del país se realizan en bicicleta, debido a que en la mayoría de las provincias la infraestructura sigue siendo limitada o fragmentada.
El factor económico es el principal acelerador del fenómeno. Mantener un auto mediano en el país demanda hoy entre 300.000 y 650.000 pesos mensuales si se suman combustible, seguro, patente y talleres. Las motos, aunque más accesibles, exigen entre 70.000 y 130.000 pesos por mes, mientras que el transporte público —pese a ser la opción masiva más económica— ya impacta con fuerza tras las sucesivas actualizaciones tarifarias, ubicándose entre 40.000 y 110.000 pesos mensuales según las combinaciones utilizadas.
En contraste, la bicicleta demolió a la competencia: sus costos operativos anuales promedian apenas entre 20.000 y 35.000 pesos mensuales, incluyendo revisiones, repuestos ocasionales y sistemas de seguridad antirrobo. Para muchos hogares que revisan sus presupuestos, pedalear dejó de ser una elección ideológica para transformarse en una estrategia de supervivencia financiera.
El perfil del ciclista tradicional también se está diversificando gracias al avance de la micromovilidad eléctrica. Los modelos asistidos sumaron a usuarios que antes descartaban el pedaleo por distancias o esfuerzo, dinamizando un mercado local con opciones que van desde poco más de 1 millón de pesos hasta unidades premium que superan los 10 millones de pesos.
A pesar de este crecimiento, el sector expone dos problemáticas críticas en materia de seguridad que condicionan su expansión masiva. En primer lugar, la siniestralidad vial: durante 2025 se registraron 4.060 muertes por siniestros viales en Argentina de acuerdo con la Dirección Nacional de Observatorio Vial. Aunque los motociclistas siguen siendo los más afectados, los ciclistas concentraron el 5 por ciento de estas víctimas fatales, lo que urge a avanzar en políticas de convivencia vial y educación.
Y, en segundo lugar, el mercado del robo: la delincuencia se convirtió en una preocupación extendida que altera la experiencia del usuario. A falta de registros estatales oficiales, estimaciones de aseguradoras y organizaciones civiles calculan que se roban entre 12.000 y 20.000 bicicletas al año en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y ciudades bonaerenses. Las modalidades van desde el hurto de unidades estacionadas en la vía pública hasta sustracciones bajo intimidación o arrebatos rápidos.
Como consecuencia directa de la inseguridad, los ciclistas se vieron obligados a modificar radicalmente sus conductas. Hoy se registra una demanda creciente el uso de candados de alta tecnología, estacionamientos cerrados y dispositivos de rastreo satelital. La bicicleta ya no es vista como un simple juguete o accesorio ecológico, sino como un activo de valor que forma parte del patrimonio diario.
Esta metamorfosis generó un auge inédito en la contratación de coberturas específicas, equiparando las decisiones de protección financiera de los ciclistas a las que históricamente tomaban los dueños de autos o motos. “A medida que la bicicleta gana espacio como medio de transporte cotidiano, también observamos una mayor preocupación de los usuarios por proteger su inversión”, explica Juan Pablo Tito, Co-Founder y CEO de ClickSeguros. “El crecimiento de las bicicletas urbanas y eléctricas hizo que muchas personas comenzaran a evaluar coberturas específicas frente a robos, daños o accidentes, algo que hace algunos años era mucho menos frecuente”, añade el ejecutivo.
El escenario actual obliga a los planificadores estatales a repensar la movilidad urbana desde una perspectiva integral. La experiencia demuestra que ya no es suficiente con promover el uso de las dos ruedas apelando únicamente a discursos ecológicos o de austeridad económica.
El verdadero reto de las ciudades argentinas radica hoy en consolidar un ecosistema urbano previsible y sostenible en el tiempo. La infraestructura segura, la educación vial estricta, las estrategias efectivas de prevención del delito y las herramientas de respaldo financiero ya no pueden analizarse como variables aisladas, sino como las piezas urgentes de una misma e impostergable conversación pública. (www.REALPOLITIK.com.ar)