La brecha previsional obliga a los jubilados a volcarse al crédito y el empleo informal
Por Adrián González
La crisis mundial de 1929 y la inmediata depresión de los años 30 pusieron en marcha en buena parte del planeta lo que luego se dio en llamar keynesianismo. Si bien la obra más conocida de John Maynard Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, recién apareció en 1936, las ideas del economista inglés ya se conocían desde tiempo atrás. De hecho fueron utilizadas en países políticamente tan diferentes como los Estados Unidos bajo la presidencia de Franklin Delano Roosevelt o la Alemania nazi encabezada por Adolph Hitler. También el keynesianismo llegó temprano a la Argentina, a partir de 1933, con la llegada a la conducción del equipo económico encabezado por Federico Pinedo, con Raúl Prebisch como colaborador más destacado.
La interpretación del golpe del 6 de septiembre de 1930, encabezado por José Félix Uriburu, ha dado lugar a controversias. Mientras algunos lo consideran como una reacción frente a su política de reafirmación del nacionalismo petrolero de Alvear, otros consideran que, en realidad, pretendió evitar el retorno a los esquemas de dependencia comercial con el Reino Unido que propiciaba el Acuerdo D’Abernon-Oyhanarte. En términos políticos, su proyecto incluía una profunda reforma política que propiciaba la instalación de un régimen corporativo inspirado en los modelos del general Miguel Primo de Rivera, quien gobernó España entre 1923 y 1930, y de Benito Mussolini.
La postura anti Reino Unido de Uriburu, sumada al veto de su intento corporativo por parte de la Sociedad Rural y su grave derrota electoral, hicieron que el tirano ofreciera su apoyo como candidato a la presidencia a Lisandro De la Torre para las elecciones de 1932. De la Torre no lo aceptó y se postuló, en cambio, en una alianza con el socialismo.
Uriburu dejó sin efecto el Acuerdo D’Abernon-Oyhanarte firmado por el gobierno de Yrigoyen con el Reino Unido, que había sido aprobado por la Cámara de Diputados y se encontraba en tratamiento en el Senado. La tiranía militar debió, además, enfrentar grandes dificultades externas, ya que las exportaciones se redujeron en un 36 por ciento contra una caída del 14 por ciento en las importaciones, lo que generó un serio problema para las balanzas comercial y de pagos.
En 1930 el déficit comercial fue cercano a los 285 millones de pesos. Las políticas de freno a las importaciones de la tiranía hicieron que en 1931 se volviera a una cifra superavitaria casi equivalente al quebranto anterior, 282 millones, para llegar a 452 millones en 1932, bastante más cerca de los 495 millones de 1928, el último año de la gestión de Alvear. El referido superávit de 1931 se logró a pesar de que los productos agrícolas exportados por la Argentina vieron caer sus precios en un 50 por ciento, en tanto la carne se mantuvo estable.
En cambio, la balanza de pagos se mantuvo deficitaria ya que, mientras el mercado interno seguía presionando a favor de las importaciones, se sumaban las salidas de dinero correspondientes a pagos de deudas, remesas de utilidades, fletes y otros rubros. Al mismo tiempo, la depresión había frenado el ingreso de capitales, incluidos los de países como Alemania y los Estados Unidos, que habían realizado algunas importantes inversiones en los años previos. Fue por esto que en octubre de 1931 Uriburu apeló al control de cambios para evitar la salida de divisas del país, medida que contrajo aún más las importaciones que no eran consideradas prioritarias por el estado nacional. La intervención estatal en la economía comenzaba a profundizarse. (www.REALPOLITIK.com.ar)