Andrés Asiain, economista del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (CESO), analizó en RADIO REALPOLITIK FM (www.realpolitik.fm) el modelo de "peruanización" que adopta la economía argentina, caracterizado por un crecimiento macroeconómico concentrado en sectores extractivos primarios que no genera empleo genuino ni mejora los ingresos reales de la población.
"Venimos planteando desde el Centro de Estudios esta idea de un modelo a la peruana. Perú es un caso donde macroeconómicamente hace años que tienen un crecimiento sostenido en la explotación de recursos naturales, básicamente mineros, pero mantiene niveles de pobreza, desigualdad y un mercado interno deprimido. La población no se entera del éxito macroeconómico", señaló Asiain al trazar un paralelismo con el rumbo actual de la Argentina, donde coexiste una suba interanual del PBI cercana al 5 por ciento con un mercado de trabajo severamente precarizado.
En ese sentido, detalló cómo la selección de los sectores ganadores del programa libertario asfixia el empleo formal y debilita el tejido social. "Se premia al agro, la minería y los hidrocarburos, actividades poco generadoras de puestos de trabajo. Mientras tanto, la construcción está parada porque la obra pública está planchada y la industria manufacturera no puede competir con las importaciones. Es una economía dual: estabilizaron el dólar y la inflación en un orden del 30 por ciento, pero con una población que ve que su situación laboral y de ingresos no mejora en absoluto", afirmó.
El economista cuestionó con dureza el entramado fiscal promovido por el gobierno en sintonía con los organismos multilaterales, advirtiendo que los incentivos no se traducen en un ingreso real de divisas al país. "A las actividades más pujantes se las libera con bajas de retenciones o regímenes especiales como el RIGI, donde les reducen ganancias y no pagan derechos de importación ni exportación. En vez de tomar eso como fuente de recaudación para redistribuir, se plantea una reforma con el Fondo Monetario Internacional para aumentarle el impuesto a los monotributistas, a las ganancias en la cuarta categoría de los trabajadores y a los combustibles. Se le cobra al que menos tiene", sostuvo.
Asiain también vinculó esta dualidad con la crisis habitacional y el desplome del poder adquisitivo de la clase media, reflejado en el último informe del CESO sobre el salario mínimo, el cual cubre apenas el 61 por ciento del valor de un monoambiente promedio. "El acceso a la vivienda se volvió una utopía. Con salarios docentes o médicos estancados y un mercado laboral inestable, cada vez vemos más familias de trabajadores durmiendo en las calles porque no alcanzan a pagar el alquiler", alertó.
Por último, evaluó el avance del Súper RIGI en el Congreso de la Nación Argentina, matizando sus diferencias con el régimen anterior pero criticando duramente la "letra chica" que desampara a la industria local. "A diferencia del RIGI minero, el Súper RIGI al menos promociona sectores tecnológicos que no están desarrollados. El problema es que mantiene vicios graves: no incentiva proveedores locales y permite que traigan todo hecho de afuera. De 22.000 millones de dólares aprobados en proyectos del RIGI original, efectivamente entraron al país solo 760 millones; el resto es humo de financiamiento local o maquinaria importada que no impacta en el empleo. Es casi colonial: considerar el salario y el impuesto como un 'costo argentino' que hay que reducir para que las potencias se lleven los recursos lo más barato posible", concluyó. (www.REALPOLITIK.com.ar)