Viernes 26 de junio de 2026

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Un clásico

La CGT reculó otra vez: descartó el paro de 36 horas y procrastina hasta fin de año

26/06/26 | La central de los trabajadores descartó la huelga y lanzó un "paro a la francesa" rotativo, postergando la protesta nacional hasta fin de año.


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La CGT no cambia su guión: sigue articulándolo alrededor de la fábula “El pastorcito y el lobo”. Amenaza con tomar medidas drásticas pero nadie le cree. Ni siquiera ella misma. Esta vez, después de amagar con un paro de 36 horas, se limitó a anunciar un nuevo “plan de lucha”, con una novedosa modalidad: los "paros a la francesa"

En una extensa reunión de cuatro horas de agitado debate, de la que faltaron varios secretarios generales y hubo amplias diferencias sobre diagnósticos y cursos de acción, el Consejo Directivo desestimó la moción de llevar a cabo una huelga por 36 horas con movilización y se inclinó por lanzar un plan de lucha que concluiría con un paro nacional… ¡para fin de año! Si le creemos a John Keynes, “en el largo plazo todos estaremos muertos”.

En una estrategia más negociadora, propia de la CGT desde hace años, se dispuso también incrementar el acercamiento con las CTA y diversas organizaciones sociales, y organizar encuentros con las regionales de todo el país, con la perspectiva de organizar protestas en las provincias. Los participantes coincidieron en que se viene una ofensiva brutal contra los trabajadores tras la aprobación de la ley de Modernización Laboral, que incluirá la eliminación o redefinición de los Convenios Colectivos de Trabajo y el desfinanciamiento de las obras sociales.

El segmento liderado por Luis Barrionuevo (gastronómicos), con su continuidad amenazada por el gobierno y el Poder Judicial, quien pegó el faltazo, Omar Maturano (La Fraternidad) y Roberto Fernández (UTA, quien ya no integra el Consejo Directivo de la CGT), propuso una huelga general de 36 horas con movilización a Plaza de Mayo o al Congreso de la Nación Argentina, pero no consiguió mayor respaldo con el argumento de que la últimas medidas de lucha adoptadas carecieron de apoyo suficiente y sólo legitimaron el “relato de descalificación libertario”.

Finalmente, y tras evaluar en detalle las internas del peronismo y del gobierno, el Triunvirato integrado por Jorge Sola (Seguros), Cristian Jerónimo (empleados del Vidrio) y Octavio Argüello (Camioneros), sin votación, decidió avanzar “en la construcción de un plan de acción conjunto junto con las otras centrales de trabajadores para ir haciendo acciones y construyendo en el tiempo un paro nacional junto con una marcha federal".

El Triunvierato había realizado previamente reuniones con corporaciones de los sectores más afectados por las políticas oficiales, como la industria y el transporte, a fines de elaborar un diagnóstico y evaluar cursos de acción. Asimismo se reiteraron los encuentros con las dos CTA, el secretario Adjunto del Sindicato de Camioneros, Pablo Moyano y el referente de Aceiteros, Daniel Yofra, que forma parte del Frente de Sindicatos Unidos (FreSU). Pero el balance para la toma de decisiones de lucha fue decepcionante, por lo que se prefirió ir creando las condiciones para un paro nacional en la primera quincena de diciembre

La estrategia para gambetear la reforma laboral

La modalidad escogida para crear las condiciones para el paro general es la de los "paros a la francesa", consistente en la realización de ceses de actividades rotativos y sectorizados, integrando un cronograma en el que los gremios alternen sus protestas a lo largo del país. De este modo se pondrían a cubierto de las sanciones que impone la ley de Modernización Laboral, que declara como esenciales a casi todas las actividades.

En la CGT hay decepción. Ya que después de cuatro paros y más de 15 marchas la participación se fue acotando, mientras que el descrédito de la dirigencia gremial no paró de incrementarse.

En síntesis, de los tiempos de una CGT combativa a la actualidad su poderío se dio vuelta como una media. Los disconformes, a la salida, hablaban de “capitulación”. Un vocero del oficialismo sindical, en cambio, habló de “instinto de supervivencia”. A la postre es lo mismo. Una conducción sin empatía con los trabajadores y que teme ser abucheada por sus propios trabajadores. Por eso procrastina y diluye la toma de decisiones, aunque no cese de cavarse su propia fosa. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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