Lunes 29 de junio de 2026

Opinión

La segunda estrella

A 40 años de México 86: la Argentina entre la memoria del triunfo y el presente

29/06/26 | Detrás del vértigo, las frustraciones siguen siendo las mismas y el fútbol continúa siendo el refugio de millones de argentinos.


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Por:
Gustavo Zandonadi

Hoy es 29 de junio de 2026, día en que se cumplen exactos cuarenta años de ese glorioso domingo en que la Selección Argentina ganó el Campeonato Mundial de 1986. Es una insolencia del tiempo que hayan pasado tantos años, pero aquí estamos, con la Argentina en medio de otro torneo mundial. En cuarenta años pasaron muchas cosas, pero en el fondo no son más que las mismas de siempre, porque la Argentina es una gran calesita.

Hace cuarenta años estábamos en una democracia incipiente, con una economía enferma y con millones de personas que buscaban en la pelota una revancha para las grandes frustraciones de la vida. Parece trivial que un hincha busque una reivindicación en un gol, pero no lo es. La plata no alcanzaba, había que trabajar cada vez más para sobrevivir y estaba la sensación de que la vida en este país era para sufrirla.

Lo único que cambió respecto a 1986 es que la democracia tiene 43 años. Por el resto de las cosas, todo sigue igual: la economía sigue enferma, millones de personas siguen buscando en la pelota una revancha, la plata no alcanza y apenas se sobrevive. La Argentina es un país en el que cambia todo en una semana, pero, a la larga, cuarenta años después, todo sigue igual.

Hay un ejercicio periodístico muy sencillo, de esos que cualquiera puede hacer en su casa: existe una página que muestra "La tapa del diario del día que naciste". Basta buscar una fecha cualquiera para corroborar que los temas que siempre forman parte de la agenda de los medios son los mismos: inflación, corrupción, ministros de Economía que describen una realidad que no se ve en la calle, escuelas y hospitales públicos mal equipados, pérdida de poder adquisitivo, el dólar que sube y algún asesinato impactante.

Si esto es lo que pasa todos los días, ¿Cómo no vamos a cargar tantas cosas en una pelota? Somos un país tercermundista; es lógico que nos aferremos al fútbol. Desde chicos encontramos una identidad en un equipo y somos fieles a sus colores. No hace falta tener botines, camisetas ni pelota. Basta con tener algo para patear y pasar una tarde divertida. De chicos, el fútbol nos da amigos; de grandes, una alegría que no se paga con nada. Si lo pensamos bien, le debemos mucho al fútbol.

El eterno retorno de la Argentina

A los que tenemos más de cuarenta años no nos tocó una época sencilla. Nos criamos gritando los goles de Maradona, sí, pero también crecimos escuchando la palabra democracia con un oído y la palabra corrupción con el otro. Eso es peligroso, porque algún desprevenido puede llegar a pensar que son sinónimos. Afortunadamente, hay memoria. Puede fallar en lo individual, pero no en lo colectivo. Hay un pacto entre argentinos que nos ata a la democracia y eso parece ser inquebrantable.

Nadie duda de que la Argentina es una fábrica de talento en el fútbol, pero ¿eso nos beneficia o nos perjudica? Marcelo Bielsa fracasó en la Selección Argentina y se convirtió en mala palabra. Lamentablemente, no pasa lo mismo en la política y hay muchos ejemplos: Patricia Bullrich, Federico Sturzenegger y Luis Caputo son apenas tres casos, pero hay muchos más. ¿Por qué un técnico que fracasa queda vedado de por vida y un político se recicla en otro gobierno?

Es evidente que ponemos mucha energía en cosas que tal vez no lo merecen. La pregunta es si llegó primero el huevo o la gallina: ¿tenemos malos gobiernos porque le damos un lugar de privilegio al fútbol o buscamos en el fútbol una vía de escape porque nos va mal con los gobiernos? Se lo dejo para que lo piense.

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