Miércoles 1 de julio de 2026

Cultura

Eterno

Daniel Melingo, el abuelo favorito de Miguel

01/07/26 | O cómo el clarinetista que recomendó Cachorro López terminó dinamizando un canon histórico del rock argentino: la formación más legendaria de Los Abuelos de la Nada.


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Por:
Juan Provéndola

17 de Marzo de 1981, Miguel Abuelo aterriza en Ezeiza después de una década de autoexilio europeo sin saber qué iba a pasar. Pocos años atrás había conocido en Ibiza a Cachorro López, quien se le adelantó en el regreso y comenzó a generar las condiciones para recibirlo en un entorno de posibilidades artísticas. La vuelta de Miguel a Argentina fue el verdadero minuto cero de lo que meses después se transformaría en Los Abuelos de la Nada: ahí comenzó realmente a rodar la idea de armar algo con el nombre del efímero proyecto que había tenido a fines de los 60’s. Luego aparecieron Gustavo Bazterrica, Polo Corbela y Andrés Calamaro, las canciones inolvidables y cuatro años que quedarían para siempre.  

Pero el primero de que se sumó al proyecto de Abuelo y López cuando todo era incertidumbre fue Daniel Melingo

Alguien que, cuando Cachorro lo sugirió, Miguel respondió con una carcajada: Abuelo le preguntó a qué se dedicaba y López le contó que tocaba el clarinete. “¿Para qué queremos un clarinetista?”, interrogó con curiosidad, pero también con cierta sorna. “Finalmente, terminó siendo el abuelo favorito de Miguel”, reconoció el bajista en una entrevista con Marcelo Moura de octubre de 2019 para el ciclo “Cada noche música” de la Televisión Pública

“Al primero que reclutamos fue a Melingo, lo conocía porque él hacía proyectos con Miguel Zabaleta”, contó Cachorro aquella vez. “Todo ese tiempo hasta que vino Miguel (Abuelo a Argentina), yo me sumaba a proyectos de Dani. Entonces lo recluté para Los Abuelos. En ese entonces él tocaba el clarinete, no el saxo. Me acuerdo que cuando llegó Miguel (Abuelo), le dije: ‘encontré un músico buenísimo’. ‘¿Y qué toca?’, ‘el clarinete’. Me mira y me dice: ‘¿para qué queremos un clarinetista?’, jaja. Pero, finalmente, Melingo terminó siendo su abuelo favorito. Una historia que terminó muy bien: no hace falta ser un genio para darse cuenta que era un músico maravilloso, lo veías tocar… siempre fue especial Dani”. 

Con Los Abuelos, Daniel Melingo grabó dos discos de estudio: “Los Abuelos de la Nada” (1982) y “Vasos y besos” (1983). En el segundo arrasó “Mil horas”, de Calamaro, aunque aún desde su rol como saxofonista Melingo también empujó con “Chalaman”, su propio aporte a la cantera de hits abuelescas y para la cual puso voz a la que sería la primera gran oda canábica del rock argentino. Para 1985 decidió irse, y en eso también fue el primero: pocos meses después sucedería lo mismo con Cachorro, Calamaro y Bazterrica, el fin de la formación emblemática de Los Abuelos   

El llamado de Cachorro López y la recomendación ante Miguel Abuelo activaron a un Daniel Melingo que venía del ámbito académico (estudios varios en conservatorios) pero ya se sentía cocido en los calores del rock. Casi al instante de su ingreso a Los Abuelos apareció la cofundación de Los Twist y su participación en los inicios solistas de Charly García. Cuando el Indio Solari rezongaba por “cómo corre el tiempo”, fines de 1986, Melingo ya se había ido a España. Todo parecía muy veloz en esos 80’s de posdictadura. 

A su vuelta, ya en la década siguiente, comenzó la experiencia con los tangos bajos y su definitiva entronización como referencia cultural: podía aparecer en discos, en milongas, de músico invitado en proyectos ajenos y hasta también en películas, con la curiosidad de que en 2023 ganó un premio en el Festival de Cine Femenino de Punta del Este (Mejor Actor en “Reparo”, de Lucía van Gelderen).

Como había hecho su gran amigo Willy Crook, Daniel Melingo también se lanzó al formato “Reworked” para volver a registrar las obras más cumbres junto a invitados contemporáneos. Allí aparecieron de Pity Álvarez a Pablo Lescano de Damas Gratis, pasando por Fito Páez y Julieta Laso, excantante de la Fernández Fierro, además del reencuentro en estudio con Andrés Calamaro. Todos hicieron fila para reivindicar “Tangos bajos”, su emblemático disco de 1998. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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