Retrocede la desaprobación de Javier Milei y el Mundial cae en la grieta
Por Adrián González
Se trata de un informe técnico de Zentrix Consultora, que abordó las percepciones de la opinión pública en relación al gobierno y el Mundial. Entre los votantes de Milei en 2025, el 31,4 por ciento confía en que la Selección puede mejorar el clima social, contra sólo el 13,7 por ciento entre los electores opositores.
Los datos surgen del Monitor de Opinión Pública (MOP), un estudio desarrollado por la consultora con el propósito de relevar percepciones sociales sobre dirigentes políticos, evaluación económica personal y nacional. En este caso, la muestra estuvo compuesta por 1.297 casos de las 24 jurisdicciones del país, relevados entre el 15 y 22 de junio y, en primer lugar, indicaron que hubo una “señal de freno” en el deterioro político de Javier Milei: la desaprobación a su gestión retrocedió al 56,6 por ciento, después de tres meses consecutivos de suba.
Por otra parte, su aprobación se mantiene estable en el 33,2 por ciento. “El dato convive con una sociedad que mira al Mundial sin demasiada expectativa de alivio. Sin embargo, la grieta también aparece entre votantes oficialistas y opositores”, indicaron. Vale aclarar que entre marzo y mayo la desaprobación a la gestión de Milei subió de forma sostenida, del 53,3 al 61,2 por ciento. La aprobación, en cambio, no logró acompañar ese movimiento: se mantuvo prácticamente sin cambios: 32,2 por ciento en mayo, “lo que sugiere que el freno al deterioro todavía no se tradujo en una recuperación de apoyo, sino en un corrimiento hacia la indiferencia: quienes dejan de desaprobar no necesariamente empiezan a aprobar”, señalaron.
Ese primer signo de estabilización política convive, en pleno Mundial, con una sociedad que no encuentra en el fútbol una fuente de alivio. Sólo el 20,7 por ciento de los argentinos cree que un buen desempeño de la Selección podría mejorar el humor social del país, mientras que el 56 por ciento lo admite apenas “parcialmente” y el 21,2 por ciento lo descarta. El optimismo futbolero, además, tiene color político: entre los votantes de Milei en 2025, el 31,4 por ciento confía en que la Selección puede mejorar el clima social, contra sólo el 13,7 por ciento entre los votantes de la oposición, “una brecha de 17,7 puntos que muestra que incluso la expectativa sobre un evento deportivo termina filtrada por la grieta”, analizaron.
La misma lógica política se repite, de forma previsible, en la pregunta inversa: cuando se consulta si el Mundial distrae a la sociedad de sus preocupaciones económicas, son los votantes opositores los que más lo creen (28,1 por ciento contra 15,9 por ciento entre los oficialistas), en línea con el argumento crítico habitual de que “el gobierno usa el Mundial para tapar la economía”. Pese a la coincidencia de calendario, los datos no muestran un envión futbolero detrás de la mejora política: con menos de uno de cada cuatro argentinos esperando que la Selección cambie el humor social, el freno en la desaprobación de Milei parece responder a una dinámica propia, no a un efecto Mundial.
El contexto de fondo que explica por qué la estabilización política no alcanza todavía para hablar de un cambio de humor social es, una vez más, económico. El 64 por ciento de los argentinos considera “mala” o “muy mala” la situación económica del país, y el 41,7 por ciento extiende ese diagnóstico negativo a su propia economía personal –una brecha de más de 22 puntos entre lo que cada uno vive en su bolsillo y lo que percibe a nivel nacional, que sugiere que el malestar se lee como diagnóstico colectivo, no sólo individual–. Esa misma fragilidad aparece en la autopercepción de clase social: el 50,2 por ciento se ubica en los estratos bajo o medio-bajo, y apenas el 10,5 por ciento se reconoce en la clase alta.
La presión sobre el bolsillo también se refleja en la capacidad de sostener el mes: el 61 por ciento de los encuestados llega, como máximo, hasta el día 20 con sus ingresos, y un 24,3 por ciento llega justo a fin de mes sin margen para ahorrar. Apenas el 13 por ciento asegura llegar a fin de mes y poder ahorrar. El corte por voto profundiza la diferencia: entre votantes oficialistas, el 45,3 por ciento acumula sus dificultades hasta el día 20, mientras que entre los votantes de la oposición esa cifra escala al 71,3 por ciento, “otra confirmación de que la experiencia económica, aunque compartida en su existencia, golpea con mucha más fuerza a quienes ya desconfiaban del rumbo”, observaron.
La distancia entre el dato oficial y la percepción cotidiana de los precios sigue siendo amplia. El 68,8 por ciento de los consultados considera que el índice de inflación publicado por el INDEC no refleja la variación de precios que percibe en su vida diaria, una desconfianza que retrocedió levemente respecto del pico de mayo (70,6 por ciento), pero que se mantiene en niveles altos desde marzo.
La pérdida de poder adquisitivo es todavía más marcada: el 86,1 por ciento afirma que su salario no le está ganando a la inflación, un nivel apenas por debajo del máximo de la serie (86,6 por ciento en abril) que confirma que, desde marzo, ese indicador se mantiene estable en una franja alta, sin señales claras de mejora. El corte por voto 2025 muestra la dimensión política del dato: incluso entre los votantes oficialistas, el 70,2 por ciento reconoce que su salario pierde contra la inflación; entre los votantes de la oposición esa cifra escala al 96,6 por ciento.
Cuando se pregunta, sin opciones cerradas, cuál es en una sola palabra el principal problema de Argentina, “corrupción” es la respuesta más repetida, y “Milei” aparece en segundo lugar, por delante de “economía”. “El diagnóstico social ya no se conforma sólo con una categoría abstracta: se personaliza, tanto en una causa estructural histórica como en una figura de gobierno concreta”, apuntaron. La lectura se confirma en la pregunta cerrada de preocupaciones: corrupción encabeza el ranking con el 51,3 por ciento, apenas por delante de ingresos/salarios (48,2 por ciento) y de incertidumbre económica (37,1 por ciento). Más atrás aparecen el desempleo (27,8 por ciento), las tarifas de servicios públicos (25,4 por ciento) y la inseguridad (24 por ciento).
Esa misma desconfianza se proyecta hacia adelante: el 55,1 por ciento de los encuestados cree que “lo peor está por venir” en materia económica, contra sólo el 24 por ciento que considera que “lo peor ya pasó”. Es, otra vez, la brecha más amplia de todo el informe entre electorados: el 55,4 por ciento de los votantes de Milei en 2025 cree que lo peor ya quedó atrás, mientras que entre los votantes de la oposición esa expectativa cae apenas al 3,4 por ciento, con un 83,6 por ciento que considera que lo peor todavía está por venir.
En junio, la imagen de Javier Milei también muestra un primer signo de estabilización, en línea con el freno registrado en la aprobación de su gestión. Su imagen negativa retrocede al 56,1 por ciento, mientras que la positiva se mantiene casi sin cambios en el 33,8 por ciento –el mismo patrón que la aprobación: cae el rechazo, pero no crece el respaldo–. Pese a esa leve mejora, sigue siendo la figura con el diferencial más adverso de las cuatro medidas (-22,4 puntos). La segmentación muestra un patrón etario marcado: entre los menores de 40 años su imagen positiva llega al 43,2 por ciento, mientras que la negativa baja al 46,6 por ciento –prácticamente un empate, su mejor desempeño relativo de todo el informe–.
Entre los mayores de 60 años la negativa sube al 59,7 por ciento. También rinde mejor entre los hombres (35,8 positiva) que entre las mujeres, donde la negativa alcanza al 62,5 por ciento, su peor número en cualquier corte. Asimismo, es mejor en el interior del país (37,3 positiva) que en Buenos Aires y CABA (60,7 negativa). El perfil de mejor imagen para Milei es, con claridad, el de varones menores de 40 años del interior del país; el segmento de peor imagen es el de mujeres mayores de 40 del área metropolitana de Buenos Aires.
Por su parte, Axel Kicillof muestra una imagen negativa del 44 por ciento frente al 38,1 por ciento de imagen positiva, con un diferencial de -13,8 puntos –el segundo más adverso después de Milei–. Su segmentación muestra un patrón casi inverso al del presidente: la imagen positiva crece con la edad (25,7 por ciento entre los menores de 40 años y 44,7 por ciento entre los mayores de 60 años) y es claramente mejor entre mujeres (47 por ciento, su mejor número en cualquier corte) que entre varones (29,5 por ciento, con un 59,1 por ciento de negativa). Geográficamente, su área de mejor desempeño es la metropolitana (42,5 por ciento positiva), coherente con su rol de gobernador. El perfil que mejor lo ve es el de mujeres mayores de 60 años del área metropolitana, mientras que el que peor lo ve es el de varones menores de 40 del interior del país –un mapa casi calcado al de Milei, pero invertido–.
A su vez, Patricia Bullrich muestra una imagen negativa del 52 por ciento frente al 38,6 por ciento de positiva (diferencial de -13,3 puntos), prácticamente empatada con Kicillof en el nivel de rechazo, aunque con una estructura de apoyo distinta: a diferencia de los dos dirigentes anteriores, su imagen no tiene gradiente generacional –se mantiene estable en torno al 38 por ciento de positiva en los tres tramos de edad–, lo que sugiere una base de opinión más consolidada y menos sensible al recambio etario. Donde sí aparecen diferencias es en el género y en la geografía: entre varones, su imagen está casi empatada (43,1 positiva versus 44,3 negativa), mientras que entre mujeres la negativa sube al 59,7 por ciento. En el interior del país mejora notablemente (45,2 positiva versus 46,8 negativa) frente a Buenos Aires y CABA, donde la negativa llega al 57,5 por ciento. El perfil de mejor imagen para Bullrich es el de varones del interior; el de peor imagen es el de mujeres del área metropolitana de Buenos Aires.
Por último, Myriam Bregman es, por tercer mes consecutivo, la única dirigente con diferencial de imagen favorable: 44,1 por ciento positiva frente al 40,3 negativa (+3,8 puntos). Su mejor número aparece entre mujeres: 54,2 por ciento de imagen positiva y sólo el 32,6 de negativa –la cifra de imagen positiva más alta en cualquier segmento de todo el informe–. Entre varones, en cambio, la negativa sube al 48 por ciento. Geográficamente, también rinde mejor en el área metropolitana (47 positiva) que en el interior (43,7 negativa). Su curva por edad es prácticamente plana –incluso levemente mejor entre los mayores de 60 años (45,2 positiva) que entre los más jóvenes–, lo que indica que su crecimiento no está impulsado especialmente por el electorado joven. El perfil de mejor imagen para Bregman es el de mujeres del área metropolitana de Buenos Aires. El de peor imagen es el de varones del interior del país –el extremo que a Bullrich resulta favorable–. (www.REALPOLITIK.com.ar)