Sábado 11 de julio de 2026

Internacionales

REALPOLITIK en Madrid

Annobón, la trágica historia de un pueblo al borde de la desaparición

11/07/26 | Aislada, castigada, usada como vertedero tóxico y sometida durante décadas a un régimen que la población local denuncia como colonial y exterminador, Annobón conmemora un nuevo aniversario de su independencia en medio de una causa histórica: sobrevivir como pueblo.


facebook sharing button Compartir
twitter sharing button Twittear
whatsapp sharing button Compartir
telegram sharing button Compartir
print sharing button Impresión
gmail sharing button Correo electrónico
Por:
Santiago Sautel

MADRID, España.- Annobón es una isla pequeña, casi invisible en los mapas, pero enorme en la tragedia política africana contemporánea. Tiene apenas 17 kilómetros cuadrados, se encuentra a unos 335 kilómetros de la costa de Gabón y a gran distancia del poder central de Malabo, y su pueblo —los ambô o êmbô— conserva una identidad étnica, cultural y lingüística propia, marcada por el fa d’Ambô, una lengua criolla de raíz portuguesa. Esa diferencia, que podría ser celebrada como patrimonio cultural, aparece en la historia reciente como una condena: aislamiento, represión, abandono, torturas, contaminación ambiental y un pedido de autodeterminación que el régimen de Guinea Ecuatorial respondió una y otra vez con fuerza militar.

En el marco del IV aniversario de la independencia de la República de Annobón, que tendrá lugar el sábado 11 de julio en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, la historia de la isla vuelve a condensarse en una frase que ya no suena a consigna sino a diagnóstico. “Annobón debe obtener su soberanía política, de lo contrario perecerá. No hay otro camino posible”, advirtió Nemesia Cachina Zamora, ministra de Asuntos Sociales del gobierno annobonés, en diálogo con REALPOLITIK. Para ella, la fecha no es apenas una conmemoración política: es el recordatorio de “una lucha por la supervivencia” de un pueblo que permanece “al borde de su extinción”.

El “Año Bueno” que nunca llegó

La historia europea de Annobón comienza con una paradoja. Su nombre remite al portugués Ano Bom, “Año Bueno”, por el arribo de navegantes portugueses un 1 de enero, aunque las fuentes difieren sobre el año exacto y lo ubican entre 1472, 1473 y 1475. Lo sustancial es que, para la cartografía colonial, aquella pequeña isla volcánica pasó a ser un punto estratégico en el Atlántico sur; para sus habitantes, sería el inicio de una larga historia de decisiones tomadas siempre desde lejos.

Según la historia oficial, no la local, el pueblo annobonés se formó a partir de poblaciones africanas trasladadas durante la colonización portuguesa, principalmente desde São Tomé, Angola y otras regiones del mundo lusófono africano. De allí nació una identidad propia: católica, afroportuguesa, insular, con lengua y memoria comunitaria diferenciadas del continente ecuatoguineano. La Organización de Naciones y Pueblos No Representados (UNPO) describe a los annoboneses como un pueblo que, pese a su diversidad original, logró consolidar “una etnia y una cultura” propias a lo largo de su historia.

 

De Portugal a España: la isla atada al Río de la Plata

En 1777 y 1778, los tratados de San Ildefonso y El Pardo cambiaron el destino de la isla. Portugal cedió a España Fernando Poo —actual Bioko— y Annobón, junto con derechos comerciales en la costa africana. La historiadora Liliana Crespi explica que el objetivo español no era humanitario ni cultural: buscaba una base africana propia para el circuito esclavista, reducir la dependencia de asientos extranjeros y abastecer de mano de obra esclava a las colonias americanas, especialmente a economías como la cubana.

Esa empresa tuvo una particularidad que hoy vuelve como argumento histórico en la diplomacia annobonesa: la expedición española para ocupar y poblar las islas fue organizada desde el Río de la Plata y partió de Montevideo. Documentación de la Armada española señala que la misión fue preparada en el Río de la Plata, con tropas y recursos bajo responsabilidad del virrey Pedro de Cevallos, y que el conde de Argelejo fue designado gobernador y jefe militar de Fernando Poo y Annobón.

 

No fue un dato menor. En términos estratégicos, la posesión de Fernando Poo y Annobón ampliaba la jurisdicción rioplatense hasta África ecuatorial y construía un triángulo defensivo español del Atlántico sur con centro operativo en Montevideo. Por eso, siglos después, los dirigentes annoboneses invocan su vínculo histórico con el antiguo Virreinato del Río de la Plata y, por extensión, con la Argentina.

Pero el traspaso colonial no fue aceptado mansamente. Los documentos españoles registran que los habitantes de Annobón rechazaron reconocer vasallaje al rey católico, negaron que Portugal tuviera derecho a ceder la isla y amenazaron con resistir si se insistía en imponerles obediencia. Argelejo llegó a advertir que en aquellas islas “no se acata soberanía extranjera” y que Annobón estaba acostumbrada a sacudirse la autoridad exterior.

 

La incorporación a Guinea Ecuatorial: una decisión sin Annobón

La herida moderna se abrió en 1968. España concedió la independencia a Guinea Ecuatorial y Annobón quedó integrada al nuevo Estado, pese a su lejanía geográfica, su identidad diferenciada y la ausencia de una consulta específica al pueblo annobonés. La UNPO sostiene que la isla fue incorporada “sin consulta ni consideración” de sus habitantes, mientras que el propio expediente reciente del Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) recoge que Annobón fue integrada al nuevo Estado “sin autonomía ni autogobierno”.

Para el movimiento annobonés, esa decisión equivalió a una nueva subordinación colonial: la dictadura franquista entregó una isla afroportuguesa, histórica y administrativamente singular, a una estructura estatal dominada desde Malabo y Río Muni. En los papeles, Annobón era una provincia de Guinea Ecuatorial; en la práctica, según sus representantes, quedó convertida en periferia extrema, sin poder político real, sin infraestructura básica y bajo control de autoridades ajenas a su comunidad.

El País resumió esa tensión en una frase contundente: desde la independencia de España y su incorporación a Guinea Ecuatorial en 1968, la relación entre Annobón y el poder central estuvo marcada por el aislamiento, la represión y la desconfianza.


Francisco Macías Nguema.

Macías, epidemias y el aislamiento como condena

Con Francisco Macías Nguema, primer presidente de Guinea Ecuatorial, la situación se volvió desesperante. En 1972, después de proclamarse presidente vitalicio, Macías prohibió la entrada y salida de Annobón. Un año después, una epidemia de cólera golpeó la isla; según El País, se estima que arrasó con casi la mitad de la población, sin acceso a medicamentos, vacunas ni elementos básicos.

La memoria annobonesa agrega otra capa de horror. Fuentes del movimiento Ambô Legadu sostienen que el cólera de 1973 y el sarampión de 1974 llegaron vinculados al buque Acacio Mañé Elá, procedente de Malabo, y que murieron más de 400 personas por cólera y más de 500 niños por sarampión. Según esa reconstrucción, el régimen de Macías no solo no asistió a la isla, sino que habría impedido ayuda humanitaria y dejado de enviar el único barco de conexión regular.

En ese contexto nació una de las epopeyas centrales de la identidad política annobonesa: la travesía del Kindjadja. Ocho hombres salieron al océano en un cayuco para buscar auxilio internacional. Según Ambô Legadu, remaron durante siete días hasta llegar a Gabón con cartas, peticiones y mensajes de emergencia. Lo que podía parecer una leyenda oral quedó confirmado parcialmente por cables diplomáticos desclasificados y difundidos por WikiLeaks.

Un cable de la embajada estadounidense en Libreville, fechado el 23 de agosto de 1976, registró que una delegación de Annobón había acudido al representante del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Gabón para pedir asistencia alimentaria y médica. El documento describía a Annobón como una isla “nominalmente” parte de Guinea Ecuatorial, totalmente ignorada por el gobierno, sin contacto con Malabo, con alimentos escasos y medicinas prácticamente inexistentes.

 

Otro cable, del 15 de septiembre de 1976, consignó que la delegación también pidió ayuda a la embajada de Estados Unidos y entregó una carta manuscrita de ocho páginas dirigida al presidente Gerald Ford. Allí solicitaban medicamentos contra el cólera, el sarampión y la polio. La frase más potente del documento anticipó el corazón de la causa annobonesa: los delegados admitían que preferirían separarse de Guinea Ecuatorial si fuera posible, pero aclaraban que no se trataba de secesión sino de “simple supervivencia”.

Según la memoria histórica del movimiento annobonés, la respuesta de Macías fue brutal: la deportación de todos los hombres capaces de remar, trabajos forzados en Fernando Poo, militarización y abusos sexuales contra mujeres en una isla sacudida por la tragedia

 

La isla vendida como basurero tóxico

Con Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, que llegó al poder en 1979 tras derrocar a su tío Macías, Annobón no salió del abandono. En los años 80, el nombre de la isla apareció en la prensa internacional por una razón estremecedora: su utilización como destino de residuos nucleares y tóxicos.

El 16 de junio de 1988, El País informó que el gobierno de Obiang había firmado un contrato de 1,6 millones de dólares para permitir el almacenamiento de residuos tóxicos en Annobón. La información, originalmente divulgada por el boletín británico Africa Analysis, fue confirmada por fuentes ecuatoguineanas. El acuerdo con dos empresas británicas contemplaba unas cincuenta sustancias altamente tóxicas.

Las denuncias posteriores agravaron la dimensión del caso. Un informe de la UNPO sostiene que en los años 80 se permitió el ingreso de millones de tambores de residuos tóxicos, incluidos materiales como asbesto, acrilonitrilo, piridina, dicloruro de metano, cloruro de etilo, tetracloroetileno y otros químicos de laboratorio no identificados.

En 2025, expertos de Naciones Unidas enviaron una comunicación al gobierno de Guinea Ecuatorial en la que señalaron que la isla habría sido tratada históricamente como vertedero de residuos tóxicos. La comunicación mencionó denuncias sobre importación de asbesto, residuos sanitarios y residuos radioactivos, y estimó que al menos 5 millones de toneladas de residuos tóxicos industriales procedentes de Europa habrían sido importadas antes de 1988.

Por eso, cuando los annoboneses hablan de “basurero nuclear”, la fórmula condensa varias capas de denuncia: el contrato probado de residuos tóxicos, las investigaciones sobre desechos industriales peligrosos y las comunicaciones internacionales que recogen alegaciones sobre residuos radioactivos. En una isla sin infraestructura sanitaria adecuada, sin agua potable regular y con recursos naturales limitados, esa carga ambiental se vuelve una amenaza directa a la vida cotidiana.

 

La Revuelta del Pedji y el caso Orlando Cartagena Lagar

En 1993, Annobón volvió a estallar. El episodio es recordado como la Revuelta del Pedji —a veces escrito de forma variable— y marca uno de los capítulos más documentados de represión contra la isla.

Amnistía Internacional reconstruyó que en junio de 1993 el gobierno retiró el permiso a vuelos mensuales de la Cooperación Española que llevaban medicinas y provisiones a Annobón. Para los isleños, esos vuelos eran abastecimiento y, al mismo tiempo, una de las pocas conexiones con el mundo exterior. Las otras vías eran la radio y un barco que llegaba una o dos veces al año. Tras protestas por la cancelación de los vuelos y por la paliza contra Eusebio Pueyo, detenido por escuchar Radio Exterior de España, comenzaron los arrestos.

En agosto de 1993, el conflicto derivó en violencia abierta. Según Amnistía, una discusión entre funcionarios, el gobernador, el jefe militar local y un grupo de civiles terminó con disparos indiscriminados por parte de soldados. Un militar mató deliberadamente a Simplicio Llorente en la puerta de su casa y luego hirió a Manuel Villarrubia, lo persiguió hasta el mar y le disparó varias veces a quemarropa. Amnistía concluyó que ambos homicidios parecían ejecuciones extrajudiciales y que no hubo investigación ni procesamiento del responsable.

La represión posterior fue masiva. El transbordador Bata-Malabo llevó a unos doscientos miembros de las Antorchas y soldados para sofocar lo que el gobierno llamó “rebelión”. Al desembarcar, según Amnistía, prendieron fuego a casas y cultivos, mataron animales y detuvieron entre veinte y treinta personas, que fueron trasladadas a Bata.

Entre los detenidos estuvo Orlando Cartagena Lagar, actual primer ministro de la República de Annobón en el exilio. Según la reconstrucción de Amnistía, Cartagena y Francisco Medina fueron condenados a 28 años de prisión tras un consejo de guerra sin garantías suficientes, mientras que la acusación había pedido la pena de muerte. Ambos fueron liberados luego por una amnistía del 12 de octubre, en un contexto de presión internacional y reclamos de organismos de derechos humanos.

El propio Cartagena dio años después un testimonio brutal sobre su tortura. En una entrevista con Nueva Revolución, sostuvo que la manifestación del 13 de agosto de 1993 había sido precedida por un pedido de autonomía política y económica presentado en 1992 y nunca respondido. Según su relato, los jóvenes reclamaban acceso a becas, administración pública, ejército y trabajo, de los que se sentían excluidos.

 

Cartagena afirmó que, tras los asesinatos en Palé, soldados destruyeron y saquearon viviendas, abusaron de mujeres y niñas y robaron todo lo que encontraban. También aseguró que al día siguiente llegó un barco con más de 300 soldados al mando del teniente coronel Agustín Ndong Ona, y que muchos manifestantes se entregaron para frenar las violaciones contra mujeres y niñas.

Su relato de tortura es estremecedor: golpes en la espalda, bofetadas, puntapiés, culatazos, ataduras de pies y manos, suspensión de un árbol, extracción de uñas con hierro oxidado y alicates, interrogatorios interminables y pérdida de conocimiento. Según Cartagena, al despertar estaba tendido en una charca de sangre, cubierto de tierra por otros annoboneses que intentaban coagular las heridas, mientras los soldados continuaban con agresiones sexuales en campos y bosques.

La Revuelta del Pedji dejó una marca política duradera: confirmó para los annoboneses que toda demanda de autonomía, incluso social y económica, podía ser tratada por Malabo como rebelión, separatismo o sedición.

De la autonomía ignorada a la independencia

La causa annobonesa no nació de un día para el otro. En 1976, los cables de WikiLeaks ya registraban que la población planteaba la separación como posibilidad de supervivencia. En 1993, la represión del Pedji castigó demandas de autonomía y acceso a derechos. En 2021, la República de Annobón solicitó formalmente autonomía a Guinea Ecuatorial. Según la UNPO, el pedido fue presentado el 31 de marzo de 2021 y el gobierno no lo respondió; por el contrario, la organización sostiene que se intensificó la agresión contra la población.

Tras asambleas y debates internos, el movimiento annobonés declaró unilateralmente la independencia el 8 de julio de 2022. La República de Annobón no cuenta con reconocimiento estatal internacional, y Guinea Ecuatorial la considera parte inalienable de su territorio. Sin embargo, en mayo de 2024 fue aceptada como miembro de la Organización de Naciones y Pueblos No Representados —UNPO—, lo que le dio una plataforma internacional para denunciar violaciones de derechos humanos y reclamar autodeterminación.

En ese marco, el aniversario de la independencia no es leído por sus autoridades como un acto simbólico, sino como la continuidad de una lucha existencial. “Es necesario que Annobón obtenga su reconocimiento internacional, su libertad. De esta manera puede salvaguardar su existencia y garantizar los derechos fundamentales de su pueblo”, sostuvo Nemesia Cachina Zamora ante REALPOLITIK.

 

La crisis de las dinamitas

El conflicto más reciente tiene una palabra clave: dinamita.

Desde 2008, según el Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria, una empresa privada adjudicataria de obras en Annobón intensificó actividades de explotación de recursos minerales mediante canteras y voladuras con explosivos. Para la población, esas detonaciones no fueron desarrollo: fueron destrucción.

The Guardian documentó que, en 2024, residentes comenzaron a observar plantas marchitas y grandes grietas en sus viviendas, daños que atribuyeron a años de explosiones vinculadas a operaciones mineras. En julio de ese año, vecinos escribieron a las autoridades de Malabo para pedir el fin del uso de dinamita.

La respuesta fue inmediata. Según The Guardian, en pocos días los soldados arrestaron a firmantes de la carta y a decenas de activistas, mientras se cortaban el servicio celular y el acceso a internet. Familiares denunciaron que las tropas fueron casa por casa, sustrajeron teléfonos móviles, llevaron detenidos a dependencias policiales de Annobón y luego los subieron a aviones hacia Malabo sin agua ni comida.

 

El expediente de la ONU precisó que el 17 de julio de 2024 habitantes de Annobón firmaron un manifiesto titulado “Voz del pueblo annobonés en cuanto a la explosión de las dinamitas”, en el que exigían detener las explosiones en toda la isla. A partir del 19 de julio, el gobierno detuvo en Annobón a firmantes, familiares y residentes que habían mostrado apoyo, y también arrestó en Malabo y Bata a annoboneses que se habían manifestado pacíficamente contra las detonaciones.

La comunicación de expertos de Naciones Unidas de 2025 elevó la cifra total a 42 personas detenidas, de las cuales solo cinco habrían sido liberadas inicialmente. Además, señaló que las detenciones estuvieron acompañadas por militarización de la isla, intimidación y abusos contra la población civil.


El efecto de las dinamitas en la isla y su cercanía con la población.

El expediente que Annobón ganó en Naciones Unidas

La denuncia ante Naciones Unidas terminó en una resolución clave. En la Opinión 13/2025, el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria analizó el caso de 37 annoboneses detenidos en el marco de la crisis de las dinamitas y concluyó que la privación de libertad fue arbitraria. El organismo la encuadró en las categorías I, II, III y V: falta de base legal, castigo por ejercer derechos fundamentales, violaciones graves al debido proceso y discriminación contra la comunidad annobonesa.

Gracias al trabajo del abogado Aitor Giménez, el documento también recogió denuncias de tortura. Según la fuente presentada ante el Grupo de Trabajo, detenidos en Annobón fueron golpeados con “gomazos” en las nalgas, mantenidos esposados y encadenados durante horas sin agua ni comida, trasladados a Malabo con capuchas y ojos vendados, y algunos no podían sentarse ni dormir por las heridas.

En la gendarmería de Malabo, el expediente menciona golpes fuertes, escupitajos en la cara, bofetadas en los oídos, “chispas en los ojos”, intimidación con ametralladoras por uniformados con mascarillas y presiones para obtener confesiones o implicar a otros annoboneses. Algunos fueron llevados a una sala con rastros de sangre y obligados a permanecer arrodillados mientras presenciaban interrogatorios violentos. Uno de los detenidos habría sido golpeado en la planta de los pies tras ser atado con la técnica conocida como “cocodrilo” o “cochinillo”.

El Grupo de Trabajo señaló además que el corte de internet y de otras comunicaciones utilizadas por annoboneses constituyó una forma de castigo colectivo y respaldó la conclusión de discriminación. La decisión final fue contundente: pidió liberar inmediatamente a los 37 detenidos, reconocer su derecho a indemnización y reparación, e investigar de manera exhaustiva e independiente las violaciones cometidas.

La UNPO celebró posteriormente la liberación de los 37 annoboneses y vinculó ese resultado con la opinión del Grupo de Trabajo. Para el movimiento annobonés, fue una victoria jurídica internacional: la ONU había reconocido que el régimen no solo detuvo personas, sino que lo hizo de manera arbitraria, discriminatoria y contraria a derechos fundamentales.


El dictador Obiang.

Tortura como sistema

El caso Annobón se inscribe en un patrón más amplio de tortura en Guinea Ecuatorial. Ya en 2008, el relator especial de la ONU sobre la tortura, Manfred Nowak, concluyó tras una misión al país que la tortura era usada sistemáticamente por fuerzas policiales contra personas que se negaban a “cooperar”, tanto en causas políticas como comunes.

El relator describió golpes en plantas de los pies y nalgas con bastones, cables recubiertos y barras de madera; descargas eléctricas con cables de arranque sujetos al cuerpo; suspensión con manos y pies atados; golpes mientras las víctimas permanecían colgadas; colocación de objetos pesados, como baterías de auto, sobre la espalda; ojos vendados e inhalación forzada de humo de vela. Según la ONU, la finalidad habitual era extraer confesiones, información, castigar, intimidar o extorsionar.

Las condiciones de detención tampoco son un dato secundario. El relator describió celdas sucias, húmedas, sin instalaciones sanitarias ni lugares adecuados para dormir, con acceso severamente restringido a agua, alimentos y atención médica. En ese mismo contexto aparecen nombres temidos por los opositores ecuatoguineanos y annoboneses: Black Beach, Bata, Malabo, Mongomo.

Para Annobón, la tortura no es solamente una práctica carcelaria: es un mecanismo político de aislamiento. Se corta la comunicación, se detiene a líderes comunitarios, se fuerza la confesión televisiva, se acusa de sedición y rebelión, se militariza la isla y se transforma el reclamo ambiental o cultural en delito contra el Estado.


ONU.

La represión más reciente

Aún después de la resolución favorable en Naciones Unidas, las denuncias continuaron. En 2026, Ambô Legadu informó la liberación de ciudadanos annoboneses que, según Orlando Cartagena Lagar, habían sido secuestrados, golpeados, torturados y encarcelados durante semanas bajo amenaza de muerte. La organización afirmó que la liberación se produjo sin explicaciones, documentos ni reparación.

En junio de 2026, la agencia estatal annobonesa Ambô Legadu denunció además la detención brutal de Tecla Morgades Segura, conocida como “City”, y afirmó que había sufrido severas torturas entre el 1 y el 4 de junio: tres días atada de pies y manos, bajo control militar y sin poder dormir. La denuncia también alertó sobre menores que sufrieron torturas durante esos días.

REALPOLITIK ya había publicado que, según denuncias difundidas por la República de Annobón, una nueva ola represiva incluyó a 36 personas secuestradas y torturadas, entre jóvenes, niños y adolescentes, en el marco de celebraciones culturales y religiosas vinculadas a San Antonio de Padua, patrono de la isla. Las acusaciones incluyeron golpes, amenazas, incomunicación, restricciones telefónicas y denuncias especialmente sensibles sobre adolescentes embarazadas -producto de violaciones de militares- que habrían perdido sus embarazos tras episodios de violencia.

Estas denuncias recientes aún requieren investigación independiente internacional, pero encajan con un patrón ya documentado por Amnistía Internacional, por el relator especial de la ONU contra la tortura, por el Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria y por organizaciones como la UNPO: aislamiento, militarización, detenciones arbitrarias, torturas, castigo colectivo y persecución de una identidad nacional diferenciada.


El régimen nde Obiang ordenó palazos para quienes participaron de la fiesta del Santo Patrono.

La desaparición como horizonte

Annobón no denuncia únicamente falta de obras, pobreza o abandono. Denuncia la posibilidad de desaparecer como pueblo.

La isla carece de servicios básicos regulares. La UNPO señaló que los annoboneses han sido excluidos de la actividad económica y carecen de acceso suficiente a electricidad, agua limpia, salud, educación, alimentos, saneamiento y otros bienes esenciales. También indicó que muchos niños deben abandonar la isla a los 12 o 13 años para continuar sus estudios en otros lugares de Guinea Ecuatorial y que muchos no pueden regresar por falta absoluta de oportunidades.

A eso se suma la degradación ambiental, la contaminación, el uso de explosivos cerca de zonas habitadas, la falta de participación política y la militarización. En 2025, expertos de Naciones Unidas expresaron preocupación por la seguridad de los detenidos, la degradación ambiental de la isla y las restricciones a la libertad de expresión, reunión y asociación.

La pregunta de fondo es si un pueblo de alrededor de 5 mil personas puede resistir indefinidamente bajo esas condiciones. Si se destruye su territorio, si se fuerza la salida de sus jóvenes, si se castiga su lengua, si se militarizan sus fiestas, si se bloquean sus comunicaciones, si se criminaliza su reclamo ambiental y si se tortura a sus referentes, la desaparición no llega de golpe: avanza por desgaste.

Annobón fue llamada “Año Bueno” por los navegantes portugueses. Pero para su pueblo, durante siglos, el año bueno nunca terminó de llegar. Pasó de Portugal a España, de España al Virreinato del Río de la Plata, del colonialismo franquista a Guinea Ecuatorial, de Macías a Obiang, de las epidemias al basurero tóxico, del Pedji a las dinamitas, de la tortura al expediente ganado en Naciones Unidas.

Hoy, a cuatro años de su declaración de independencia, Annobón vuelve a levantar el remo del Kindjadja como símbolo de auxilio. La diferencia es que esta vez no navega en silencio: hay archivos, cables diplomáticos, informes de Amnistía, expedientes de la ONU, denuncias internacionales y una diáspora que decidió transformar la supervivencia en proyecto político.

La historia de Annobón no es la de una isla remota que pide aparecer en el mapa. Es la de un pueblo que exige no ser borrado. (www.REALPOLITIK.com.ar)

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias

¡Escuchá Radio Realpolitik FM en vivo!