Lunes 13 de julio de 2026

Provincia

Aguas Bonaerenses

ABSA gasta el triple de lo que ingresa y arrastra un déficit cada vez más difícil de sostener

13/07/26 | ABSA registra perdidas de cientos de miles de millones de pesos y ya recibió no menos de 61.500 millones en rescates, mientras persisten cortes y agua riesgosa.


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Los números de Aguas Bonaerenses SA ya no describen una dificultad coyuntural: exponen un modelo de gestión financieramente ruinoso y sostenido con fondos públicos. Durante 2024, primer ejercicio completo de Hugo Antonio Jorge Obed al frente de la empresa, ABSA registró ingresos por servicios de 55.391 millones y una pérdida de 133.650 millones. Es decir, perdió 2,41 pesos por cada peso que ingresó. Solo los gastos de explotación, comercialización y administración fueron 3,18 veces superiores a los ingresos del servicio.

 

La comparación histórica tampoco permite vender una recuperación. En 2022, la pérdida representaba el 177,6 por ciento de los ingresos; en 2023 trepó al 267,5 por ciento y en 2024 quedó en el 241,3 por ciento. Hubo una mejora frente al desastroso pico de 2023, pero el indicador continuó 64 puntos porcentuales por encima de 2022. Además, al llevar los ingresos a pesos de diciembre de 2024 mediante el IPC general, la recaudación contable por servicios terminó aproximadamente un 30 por ciento por debajo de la registrada dos años antes.

En los fallos difundidos por el Tribunal de Cuentas de la provincia de Buenos Aires no se detallan niveles de cobrabilidad, morosidad ni incobrabilidad. Lo que sí está documentado es que ABSA gasta varias veces más de lo que genera y necesita que el Tesoro provincial cubra permanentemente el agujero.

 

De hecho, el dato de los 53.000 millones en salvatajes ya quedó viejo. Entre julio de 2025 y junio de 2026, cuatro decretos consecutivos autorizaron hasta 61.500 millones para cubrir costos operativos urgentes: 14.500 millones para el tercer trimestre de 2025, 23.000 millones para el último, 18.000 millones para el primero de 2026 y otros 6.000 millones para el segundo. No se trata de un aporte excepcional para transformar la infraestructura: es dinero público destinado a mantener en funcionamiento cotidiano una empresa que no logra sostenerse por sus propios medios.

Servicio deficiente y agua no apta para consumo

Lo más vergonzoso es que semejante esfuerzo de los bonaerenses no se traduce en un servicio aceptable. Por caso, en febrero de 2024, la defensoría del Pueblo que conduce el kirchnerista Guido Lorenzino informó que los problemas de suministro afectaban a dos terceras partes de los usuarios de Bahía Blanca y pidió que los damnificados fueran eximidos del pago. Dos meses después, el mismo organismo reconoció que la prestación de ABSA “no cumple con las expectativas”, particularmente durante el verano.

El cuadro es todavía más grave en ciudades como Bragado. En septiembre de 2024, la Suprema Corte bonaerense confirmó, sobre la prueba reunida en la causa, que el agua suministrada por ABSA superaba los límites legales de arsénico y representaba un “peligro cierto a la salud”. La Justicia también rechazó el intento de la empresa de desligarse de la obligación de realizar las obras necesarias para garantizar la potabilidad. No hace falta afirmar que toda el agua de ABSA está contaminada: que exista un solo caso judicialmente acreditado de semejante gravedad ya resulta intolerable.

 

Obed no inventó los problemas históricos de ABSA, pero tampoco puede esconderse detrás de ellos. Asumió el 29 de diciembre de 2023, estuvo al frente durante todo 2024 y continúa figurando como presidente ejecutivo. Por lo tanto, es el principal responsable de explicar el balance, los costos, las prioridades y los resultados de su gestión. Y Axel Kicillof tampoco puede observar la crisis desde afuera: la provincia controla la compañía y utiliza recursos del Tesoro para evitar que su operatoria se paralice.

Que el organismo de control provincial haya aprobado formalmente la rendición no convierte el fracaso en eficiencia. Su auditoría fue selectiva y se limitó a concluir que no encontró desvíos contables significativos. Pero ninguna formalidad puede borrar lo evidente: ABSA pierde más del doble de lo que ingresa, necesita salvatajes trimestrales y, aun así, no garantiza un servicio digno y seguro. La cuenta la terminan pagando los mismos bonaerenses que abren la canilla y no saben si saldrá agua, con qué presión ni en qué condiciones. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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