“La sociedad annobonesa necesita apoyo sanitario, educativo y alimentario”
Por Santiago Sautel
Mientras el progresismo incluye todo lo que necesita para ser políticamente correcto, la prensa mileista -al mejor estilo de Videla- saca pecho en defensa de la civilización occidental y cristiana.
Cada cuatro años, el campeonato del mundo se convierte en una suerte de terapia de grupo para esos países que lavan culpas del pasado incluyendo jugadores de raza negra en sus equipos. Pasó con Alemania, con España, con Francia, pero no con Argentina y eso parece ser un pecado capital para los nuestros.
El exceso de corrección política y la posibilidad de beneficiarse de las ventajas comparativas de los africanos respecto de los blancos llevó a los conquistadores de tiempos pretéritos a cambiar el foco sobre los africanos. Ese es quizá el más grande de los milagros de la pelota. Los que antes eran un medio para obtener beneficios, siguen siendo vistos como un medio, pero con un detalle: ahora se los considera personas y se les otorga un pasaporte.
Para comprender lo que hicieron los europeos en África es recomendable la lectura del enorme libro Los condenados de la tierra, de Frantz Fanon, publicado en 1961. Esa obra refleja como ninguna lo que hicieron los franceses en Argelia. Fanon era psiquiatra. Abre su obra con una descripción de la violencia como contexto internacional, con dos palabras, de moda en esa época: liberación nacional. Eso era lo que buscaba el orgullo negro: reivindicarse como un grupo de personas capaz de dirigirse a sí mismos. Verse como mayores de edad.
El continente negro buscaba la descolonización. Y la buscaba de la única manera que se consigue: peleando, porque nadie se independiza por una generosa oferta de quien lo somete. Buscaba la libertad, aún con las consecuencias -para el colonizado- que expuso Fanon con claridad meridiana en su libro. Hace sesenta años, la aspiración de los africanos era ser dignos pese a todo, sabiendo que nadie se salva solo. Hoy es otra cosa: la salvación es ser un futbolista codiciado por los clubes europeos.
Un regalo que vino con el libro de Fanon fue el prólogo de Jean Paul Sartre. Preanunciando lo que estaba apenas unas páginas después, el francés habla de que poco antes de la publicación de ese libro había 500 millones de hombres y 1.500 millones de indígenas. Estos últimos tomaron el verbo prestado y fue cuestión de tiempo poder dominarlo para escupir verdades incómodas para el hombre.
Antes que eso pase, era la gloria de las metrópolis europeas. Buena y resistente mano de obra barata para trabajar por cuenta y orden del hombre blanco. Con costos tan bajos, a cualquiera le cierran las cuentas. Eso no fue para siempre y un día colapsó. Claro está que había que ser Jean Paul Sartre para darse cuenta cuál fue ese día. Él lo vio y lo dejó por escrito para todos los tiempos en ese genial prólogo.
Esta introducción es necesaria para contextualizar un tuit de La Derecha Diario que camina por la cornisa de lo que sus lectores de buena fe defienden con alguna convicción, sin preguntar demasiado, y la insolencia de quien se abusa del "acto de fe" de quien aplaude lo que sea, solo porque aceptar una bajada de línea es más cómodo que intentar razonar.
El medio ultramileísta destacó que la Selección Argentina es la única semifinalista sin jugadores negros y la segunda con mayor porcentaje de futbolistas de origen europeo. Lo que no entienden los responsables de la publicación es que este Campeonato del Mundo es de fútbol, no de color ni mucho menos de cómo se arman los equipos. Quizás el verdadero problema no sea el tuit, sino la imposibilidad de discutir serenamente sobre identidad, historia y cultura.
🚨🇦🇷🏴🇫🇷🇪🇸 | ARGENTINA DEFIENDE OCCIDENTE: A pesar de quedar frente a tres equipos "europeos", la Selección Argentina es la única sin jugadores negros y la segunda con mayor porcentaje de jugadores étnicamente europeos.
— La Derecha Diario (@laderechadiario) July 12, 2026
‼️ Francia alcanza hasta un 73% de jugadores negros e… pic.twitter.com/kIdW1vQlFw
Desde hace años, en buena parte de Europa y de América del Norte se instaló la idea de que toda referencia a la composición étnica de una sociedad constituye, por sí misma, una forma de discriminación. La idea de fondo es que somos todos iguales, aunque eso es una de las más infames mentiras del sistema. Si de verdad lo fuéramos, a nadie le importaría si un equipo tiene o no jugadores de color.
El resultado es paradójico: los que hoy son campeones de inclusión, diversidad y multiculturalismo son los que se cansaron de humillar al continente negro. Por la contraria, un país que recibió con brazos abiertos a todos los hombres de buena voluntad que quisieran vivir en este país es presentado por un medio afín al gobierno como orgulloso de no tener jugadores negros -ni extranjeros- en su plantel mundialista.
¿Sabrá el autor del tuit que entre fines del siglo XIX y comienzos del XX la Argentina recibió millones de inmigrantes italianos, españoles, franceses, alemanes, polacos, rusos y de muchas otras nacionalidades europeas? El crisol de razas nos hizo ser quienes somos y no hay que renegar de eso. Esa inmigración moldeó buena parte de la identidad nacional, junto con el aporte indígena, afroargentino o de las corrientes migratorias posteriores. No hay negros en la Selección, pero están bien integrados en los puestos en los que hacen falta.
Deben quedarse tranquilos los de La Derecha Diario: la inmigración no destruyó al país. Por el contrario, lo mejoró, y no solo en fútbol. Busquen entre loa argentinos notables: Carlos Gardel, Astor Piazzola, Roberto Sánchez, Gustavo Cerati, René Favaloro, Bernardo Houssay, Luis Federico Leloir, César Milstein, Juilio Cortázar, César Luis Menotti, Diego Maradona, Claudio Caniggia, Lionel Messi, Lionel Scaloni. Todos apellidos de inmigrantes, y podría estar todo el día nombrando a figuras excepcionales nacidas en nuestro país, que descienden de los barcos.
Argentina está en la definición del Mundial ¿Cuántos futbolistas son nietos de inmigrantes? Seguramente, la misma cantidad de futbolistas afro que juegan para los europeos. La diferencia está en que Argentina recibió y recibe con los brazos abiertos a todos, desde siempre. Europa lo hace desde hace cinco minutos, por remordimientos y por conveniencia.