Sábado 18 de julio de 2026

Cultura

Hay que volar con lo establecido

El big bang del punk argentino: a 45 años del recital de Los Violadores en la UB

17/07/26 | El recuerdo de violento show en el auditorio de la Universidad de Belgrano del 17 de julio de 1981 que Pil posterizó en su libro “Represión: el punk antes del punk”.


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Por:
Juan Provéndola

Tras un año y pico de proto-historia con Hari B y Sergio Gramática a la cabeza, Los Violadores comenzaron a asentarse el verano de 1981: fue a partir de la formación que completarían Piltrafa y Stuka hasta la salida del primer disco, a fines del 83. En ese año de quiebre la banda hizo base en Le Chevalet, un restaurant de comida francesa a espaldas del Hospital Alemán, aunque pronto debió salir a buscar otros espacios. Así apareció la posibilidad de tocar en el auditorio que la Universidad de Belgrano tenía sobre la avenida Federico Lacroze el 17 de julio de 1981. Nadie imaginaría la escalada violenta que se produciría en ese show. Ni tampoco el carácter fundante de tal acontecimiento para la cultura punk argentina.   

Curiosamente, Hari y Stuka habían estudiado como Pedro Braun y Gustavo Fossá en la UB. Aunque los que cerraron la fecha en el auditorio fueron Pil Chalar y Sergio Gramática. “Era la única facultad de Humanidades abierta en la Dictadura. Las opciones eran perder el tiempo, o meterte en la UB. Así y todo… ¡era el último lugar en el que queríamos tocar con Hari!”, recordó Stuka, burlescamente. “No tenía la menor idea de la existencia de ese auditorio hasta un mes antes de la que terminaría siendo nuestra presentación”, aseguró Pil. “Fuimos con Sergio caminando desde mi casa, en Villa Urquiza. Y lo hablamos con el secretario de Cultura de la universidad. Después, cada uno hizo su afiche”. Este texto es un resumen del capítulo dedicado a ese concierto en “Represión: el punk antes del punk”, libro de Chalar sobre los orígenes de Los Violadores y su camino hacia el disco debut. 

A mediados del 81, la banda tenía ya una decena de canciones pero todavía no había grabado absolutamente nada, apenas una cinta tomada al aire en una de las noches de Le Chevalet. Su manera de conseguir shows era de palabra

La velada ofrecía tres números. Abrió Trixy y Los Maniáticos, en su noche debut. Entre bambalinas, los músicos de Violadores veían animosidades de cierta parte del público, especialmente desprecios misóginos hacia Sandra, Trixy, su cantante. Esa noche, entre el público (el lugar tenía capacidad para 200 personas) había una extraña mezcla de procedencias e intenciones: desde neófitos del punk interesados en esa banda que estaba apareciendo a los habitués de la cercana Plaza Belgrano que habían denostado en la canción “Grasa hippie”: “En la plaza de Belgrano, o en otras de la ciudad, hay cierta gente piojosa que es imposible nombrar (…) Dicen amar al Rock and Roll, la progresiva y las superstars, evaden la realidad con eso. Vamos, hippie: ¡hacete mierda! Grasa hippie olvidada, grasa hippie acabada, grasa hippie desgastada sin un carajo que hacer”, decía la neta.

En los primeros tres temas se mezclaban aplausos con algunos insultos. Pero estos últimos iban increscendo. “¡Aguante Belgrano, hijos de puta!”, se oyó en un momento. Cansado, Stuka contestó. Comenzaron la cuarta canción y voló la primera silla. Fue el parteaguas de una noche que cambiaría todo para siempre. “Me tiran un sillazo. Lo devuelvo. Vuelven a tirar. Gramática lanza un vaso con vodka. Y así fue hasta el final, que terminamos y nos fuimos. Pero tampoco es que nos cagamos a trompadas. Fue una batalla de sillas de plástico blancas, esas berretas que no hacen daño. Aunque iban y venían. Entonces quedamos totalmente sacados”, recordó Pil.

Entre las escaramuzas, Violadores termina su set con “Represión”: "No queremos, odiamos, detestamos a la represión, no queremos represión, represión en los colectivos, represión en Olivos, represión en la plaza, represión en la ciudad, yo no quiero... represión... la odio... yo no quiero... represión…”, cantaba Chalar. La banda se retira del escenario esquivando sillazos. 

La policía se hizo presente al instante y desató una furiosa razia que ocasionó una casería. Pil lo relató: “Llevaron a mucha gente a la comisaría 33, la mayoría a pie. A nosotros, en cambio, nos llevan en patrullero. Las manos atrás, sopapones en la cara. Apriete. En un momento, un cana dice: '¿así que a ustedes les gusta Silvio Rodríguez?'. Yo no tenía idea quién era Silvio Rodríguez todavía, pero ellos hacían esas libres asociaciones: pibes, música, batahola, Silvio Rodríguez, Cuba, comunismo. Peligrosos”.

“Llegamos y nos pasan a un pasillo. La comisaría estaba en una vieja casa. Nos ponen en hilera y… ¡pum!, una piña al estómago”, retoma Pil. “Gramática se les rió en la cara… y fue peor”. La secuencia comenzaba a escalar en agresividad: luego los llevan al patio, naturalmente a la intemperie, en una de las noches más frías de aquel 1981. “De cabeza contra la pared, a 45 grados, manos atrás. Así, un rato. Venían y nos pateaban las piernas, para que las tengamos abiertas”.

Aunque al aire libre, el patio se había convertido en una mazmorra para Los Violadores. Y recién cuando los policías se aburrieron de someterlos… fueron derivados a un calabozo con gente de todo tipo. Así pasaron toda la madrugada y prácticamente el resto del día. “La guardia de noche fue muy hostil con nosotros. Dormimos en el piso, cemento, un frio de cagarse. ¡Y un cagazo! A la mañana se descomprimió un poco, pero seguíamos ahí”, continúa Chalar. El primero que salió fue Stuka, por la tarde. El resto recuperó la libertad cerca de la medianoche del sábado 18 de julio. Recién ahí supieron por qué habían estado detenidos.

“Nos detuvieron por ‘Atentado contra el pabellón nacional’”, afirmó Pil. El cantante sostuvo la teoría de que fue una excusa para apretarlos por haber cantado “Represión”. Como no había ninguna acusación formal para hacerles, les encajaron esa. “Les vino bien a las autoridades de la universidad para poder citar a la Policía en medio del recital.

Tras el arresto y la liberación, llegó la condena: ir personalmente a pagar una multa. Para ese entonces, revistas como Humor o Expreso Imaginario habían publicado su crónica de los hechos. “Los Violadores eligieron —lamentablemente para este país— a los Sex Pistols como su influencia prima”, escribía Roberto Pettinato. En tanto, Gloria Guerrero titulaba en mayúsculas: “PUNKS GO HOME”. Ninguno de los dos había ido al recital. Pil, encargado de ir a abonar la multa como consecuencia de cantar “Represión” con sus compañeros, concluyó en ese viaje en colectivo la letra definitiva de una canción que, hasta entonces, tenía una versión inconclusa. “Semanas largas, sacrificadas; trabajo duro, muy poca paga; desocupados, no pasa nada; ¿en dónde está -¡bestias!- la igualdad deseada?”.

A partir de entonces, claro, comenzaría otra historia: 1982, la grabación del disco durante Malvinas, shows por varios lados, el empujón de algunas teloneadas a Riff junto a V8 (que les generó amistad con el grupo de Ricardo Iorio pero, a la vez, una agresiva resistencia del público de Pappo y compañía) y la salida del LP debut en diciembre de 1983, mientras el país se prestaba al retorno democrático.

Pero fue en julio del 81 que nos hicimos más punks que nunca. Habíamos pasado ese show, esa noche, esa experiencia. ¡Y habíamos sobrevivido! Quedó un aire de pequeña épica. De actitud desafiante en el desierto. Entonces nos sentimos. Y ahí… comenzó otra historia” concluyó Pil. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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