Martes 21 de julio de 2026

Opinión

Un legado eterno

La Selección Argentina dejó una enseñanza que vale más que cualquier copa

20/07/26 | Más allá del resultado, la Selección Argentina de Lionel Scaloni y Lionel Messi dejó un ejemplo de compromiso, familia y superación que quedará para siempre.


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Por:
Gustavo Zandonadi

Hoy me voy a tomar una licencia para abandonar por un rato el tono profesional. No desde un lugar de un tipo de autoridad, sino desde el lugar de algo más sencillo y que nos iguala a todos: el lugar de un simple hincha agradecido. Lo de hincha es la categoría más igualitaria que existe porque no exige tener patrimonio, títulos ni abolengo. Por el mero hecho de haber nacido acá, ya venimos con ese valor agregado, dependerá de cada uno si lo usa para seguir a un equipo -en mi caso sigo a Ferro Carril Oeste- o simplemente a la Selección. Es algo que viene en la sangre de los que nacemos en esta parte del mundo.

No hace falta comentar lo que todo el mundo ve, pero tampoco está mal decir que el hincha argentino, potenciado con sus pares, da vida a la mejor hinchada del mundo. Defender esa condición implica el deber de reconocer y agradecer el enorme trabajo que viene realizando el cuerpo técnico que encabeza Lionel Scaloni y los jugadores que dejan todo y suben a un avión, simplemente para vestir la camiseta de la Selección. No cualquiera puede decir que pudo festejar dos torneos continentales, uno intercontinental y un campeonato mundial y en un lustro, pero ellos sí porque hicieron el trabajo correcto.

Es curioso lo que pasa con la Selección, porque se deposita en ese grupo la expectativa de vivir un momento de alegría que dificilmente venga de otro lado. Venimos de un país en que desde pequeños somos fieles a los colores porque el fútbol nos entretiene con muy poco. Con cuatro mochilas alcanza para hacer dos arcos. La pelota puede ser de verdad, o fabricada con medias o incluso, con papel. Con eso nos entretenemos toda la tarde. No hace falta demasiado lujo para soñar y eso se lo debemos al fútbol. En mi época de niño todos queríamos ser Maradona, hoy mis hijos quieren ser Messi y eso lo logra una pelota.

Una alegría que nadie nos quita

Cada tanto aparece un grupo de once tipos que, dirigidos por uno sensato y que además entiende, nos devuelven la alegría que los políticos nos roban. Juega Argentina y por dos horas no hay nada más que 47 millones de personas cerca del televisor, con la vida en pausa porque lo demás puede esperar. Por supuesto que los problemas siguen ahí, porque lo malo siempre nos espera, pero ¿Quién nos quita lo bailado? Eso que nos dan estos tipos, no tiene precio. Hoy sigue todo igual, pero lo que nos hicieron vivir, es nuestro para siempre.

Yo quería que salga campeón Messi. No sé si quería tanto que salga Argentina, porque no tengo dudas de que la Selección podrá ganar otra vez -sin Messi- como pudo ganar sin Maradona, pero esta vez era otra cosa. Leo merecía irse con dos copas, o tres porque es imposible olvidar el robo a mano armada que nos hizo Alemania en 2014. Al final tiene una, que para un jugador como él puede es poco, pero es mucho más que la vitrina vacía de esos impresentables que hablan demás sobre la transparencia de su triunfo.   

Estos tipos nos regalaron un enorme triunfo contra Inglaterra, como hace cuarenta años nos regaló la Selección del 86. Eso, en una semifinal, vale tanto como un Campeonato del Mundo. Pasarán más de cien años y los argentinos de 2126 hablarán de 1986 y de 2026 porque los nombres de estos jugadores pasaron del álbum de figuritas a los libros de historia. Cuando los historiadores quieran explicar esta parte del tiempo que nos toca vivir, será imposible hacerlo sin hablar de esta Selección. 

Los que somos malvineros de alma, sabemos que el partido del Mundial era con Inglaterra. España hizo méritos más que suficientes para ser el legítimo campeón que es, pero la satisfacción de ganarle a los piratas, es impagable. Y vivirlo en familia, es mucho mejor. Así nos enseñaron estos jugadores, que celebraron cada triunfo con sus padres, sus esposas, sus hijos y con la gente que los quiere bien, que los quiere de verdad. Con los afectos, no con los amigos del campeón. Estos son algunos de los valores que deja esta Selección, la mejor de la historia del fútbol argentino por lo que ganó y por lo que demostró. 

Soy maradoniano y menottista, pero también soy padre y pude explicarle a mis hijos que la gloria es el resultado del esfuerzo, que no hay que darse por vencido mientras haya tiempo y posibilidades, y que hay que tener humildad en el triunfo y grandeza en la derrota. Enseñar eso lleva años, pero gracias a esta Selección, mis hijos lo aprendieron en un mes. Es difícil escribir con los ojos llenos de lágrimas, pero desde ahí brotan tres palabras que resumen todo: jugadores, muchas gracias. 

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