En enero de 2022, Pato Strunz había dejado una de sus publicaciones más memorables en Twitter, red social en la que participaba con asiduidad compartiendo contenido e interactuando con sus seguidores: “Me van a cerrar la tapa del cajón y me va a seguir gustando Hermética”. El texto estaba acompañado por una foto en la que el baterista aparecía hincado con una lata de cerveza delante de unos afiches que anunciaban un show de Hermética en la localidad cordobesa de San Francisco.
Nacido como Claudio Zurita el 11 de noviembre de 1966 en La Tablada, desarrolló de joven un interés por la batería en su Matanza de origen, distrito seminal de la cultura metalera argentina: de allí también surgieron el grupo pionero de rock pesado El Reloj y otras luminarias del género como el Tano Marciello, Walter Meza y Beto Ceriotti. Matancero como él también es el otro Tano guitarrista, Romano, quien junto a Ricardo Iorio tocaron la puerta de su casa familiar una tarde de 1991 para proponerle sumarse a Hermética tras los problemas que tenían como Tony Scotto.
Junto a la H, Strunz grabó dos discos que entraron rápidamente en el corazón de los metales para alojarse allí por siempre: “Ácido argentino” y “Víctimas del vaciamiento”. La incorporación del Pato a Hermética le dio a la banda un sonido rítmico mucho más prolijo y sofisticado, subrayando con eficacia la agresividad sonora impuesta por Romano para darte un entorno heavy a las creaciones de Ricardo Iorio. El sonido de Zurita quedo asociado instantáneamente a una pulsión técnica pero aguerrida, su quirúrgico doble bombo al frente y la variedad de elementos sonoros. Un antes y un después en la ejecución de la batería no solo en el heavy metal, sino también en la cultura rock argentina toda.
Tras la separación de Hermética, Strunz, Romano y Claudio O’Connor siguieron juntos bajo el nombre de Malón, donde vino un salto producto de su contrato con el sello multinacional EMI bajo el cual publicaron “Malón mestizo”, “Justicia o resistencia” y “Resistencia viva”, éste último álbum en vivo que motivó la reunión quince años después: fue el Pato quién habló con sus excompañeros para convencerlos con la excusa de publicar unos videos encontrados de aquel show en el microestadio de Ferro.
En ese largo paréntesis encabezó distintos proyectos como los grupos Simbiosis y Arraigo, además de salas de ensayo varias y Asbury Park, un complejo en el barrio de Flores donde tocaban bandas
Pero su vuelta a las grandes luminarias fue con el segundo tiempo de Malón, una historia que había iniciado breve (en principio había durado apenas cinco años) aunque a partir del reencuentro rompió todos los cánones de convocatoria llenando el Malvinas Argentinas, el Luna Park y el Estadio Obras, además de viajar por toda América y varios países de Europa.
Como derivación de la gente que arrastraba Malón y a consecuencia del éxito que generaban en los shows las interpretaciones de Hermética, Strunz, Romano y O’Connor decidieron establecer un formato específico para ese repertorio bajo el nombre de La H No Murió: más allá de la negativa de Iorio a esa era y de una pelea que nunca encontró solución, el proyecto permitió traer al presente esa canciones inoxidables con las prestaciones técnicas de hoy.
Durante la pandemia Strunz tuvo una diferencia con sus compañeros y se apartó tanto de Malón como de La H, mientras en simultáneo había iniciado una emigración a Miami, donde terminaría viviendo una vez que consiguió la residencia. Tenía entonces dos proyectos vigentes: la banda Ithaca y HxPS, acrónimo de Hermética por Pato Strunz. (www.REALPOLITIK.com.ar)