El ensayista Alejandro Horowicz dialogó con RADIO REALPOLITIK FM (www.realpolitik.fm) sobre la polémica internacional que se generó tras el Mundial 2026, las acusaciones de racismo contra Argentina, el rol de la selección nacional, la cuestión Malvinas y el presente de la política argentina. Durante la entrevista también analizó el gobierno de Javier Milei, la oposición y el futuro del peronismo, dejando definiciones contundentes sobre cada uno de estos temas.
Consultado sobre la ola de críticas que surgió en redes sociales y distintos ámbitos internacionales tras la final del Mundial, Horowicz rechazó las simplificaciones, aunque también llamó a no negar los problemas históricos del país. "No hay ninguna duda de que la Argentina es un país racista, pero de ahí deducir que es el país más racista del mundo es, en fin, como se me rompió el racistómetro, no estoy en condiciones de asegurar semejante cosa", afirmó.
En ese sentido, consideró que el contexto político argentino facilita determinadas lecturas desde el exterior. "Milei facilita enormemente cualquier clase de planteo en esta dirección. La Argentina ha votado en la Organización de las Naciones Unidas sola con Estados Unidos e Israel", sostuvo, al tiempo que señaló que determinadas posiciones del gobierno nacional contribuyen a alimentar cuestionamientos internacionales.
En la misma línea, cuestionó el alineamiento internacional del gobierno y su respaldo al primer ministro israelí. "Sostiene a un gobierno como el de Netanyahu, que es un gobierno explícitamente genocida, con una política genocida en curso, sosteniendo que eso está vinculado a la autodefensa israelí. El único peligro que Israel tiene es el gobierno de Israel, fundamentalmente", aseguró.
En uno de los pasajes más extensos de la entrevista, el ensayista sostuvo que la Argentina arrastra una historia de violencia estructural que no puede ser ignorada, aunque advirtió que tampoco constituye una excepción respecto de otros países. "La masacre que funda la sociedad argentina es la de la Triple Alianza, la masacre paraguaya, la masacre de la resistencia montonera y la masacre de la Campaña del Desierto", enumeró.
Sin embargo, inmediatamente amplió la mirada para evitar interpretaciones exclusivamente nacionales. "Pero esto no es una particularidad argentina. Ningún estado nacional se funda de otra manera. Cualquiera que mire los Estados Unidos o Brasil o el que le guste. Lo que estamos discutiendo es que hay una masacre más cerca o más lejos", afirmó.
En esa línea, fue todavía más categórico respecto de la lógica de construcción de los estados modernos. "El estado nacional supone una masacre y la defensa del Estado nacional la contiene. Cualquiera que defiende estructuralmente el Estado nacional defiende estas masacres", aseguró.
Otro de los ejes de la entrevista estuvo vinculado a las críticas provenientes de España luego de la final del Mundial. Horowicz consideró que ese país tampoco está en condiciones de impartir lecciones de moral a otras naciones.
Al ser consultado por la permanencia de la monarquía española, respondió sin rodeos. "No es cualquier monarquía, es la monarquía que instaló Francisco Franco", sostuvo.
Luego profundizó esa idea al recordar que España todavía mantiene una deuda pendiente con su propia historia reciente. "No pueden desenterrar los muertos de 1939. No pueden juzgar lo que pasó y terminó de pasar hace casi un siglo", afirmó.
Por ese motivo, concluyó que las críticas dirigidas hacia Argentina deben analizarse con cautela. "Están un poco lejos de poder impartir lecciones de moral y civilidad", expresó.
Sin embargo, volvió a insistir en que ese argumento no puede transformarse en una excusa para ignorar los problemas propios. "Pero cuidado, esto no tiene que servirnos de escudo para autopronunciarnos sobre nuestras propias canalladas", concluyó.
Uno de los momentos más comentados del Mundial fue la exhibición de la bandera de las Islas Malvinas por parte de los futbolistas argentinos. Para Horowicz, ese gesto tuvo un valor político que excedió lo deportivo. "La sociedad argentina se debe un debate sobre Malvinas. Se debe un debate sobre qué significó Malvinas", sostuvo, al considerar que el tema sigue sin ser abordado con la profundidad necesaria.
En esa línea, destacó la iniciativa de los jugadores y cuestionó a la dirigencia política. "Cuando los jugadores hacen lo que hacen, muestran que están 150 kilómetros por delante de las direcciones políticas de este país. Son capaces de poner en la agenda internacional lo que estas direcciones son incapaces de poner en la agenda nacional", aseguró.
Al ser consultado sobre quienes calificaron como una derrota el subcampeonato argentino, Horowicz fue tajante y cuestionó la lógica del éxito absoluto instalada en parte de la sociedad. "Llamar derrota al subcampeonato del mundo es francamente una liviandad argentina", expresó.
Además, profundizó sobre esa mirada y afirmó: "Hay una especie de exitismo barato, de muy poca monta y de poco voltaje, para el cual sus propios fracasos personales se proyectan sustitutivamente en una victoria imaginaria".
Para el ensayista, la identificación excesiva con los logros deportivos genera una confusión sobre el verdadero lugar que ocupa el espectador. "Si gana la selección, gana la selección. Ni vos ni yo jugamos ese partido, lo miramos y disfrutamos del partido, pero no somos nosotros los que estamos ganando", reflexionó.
Más allá del Mundial, Horowicz realizó un extenso análisis sobre la situación política argentina y vinculó el fenómeno de Javier Milei con una crisis mucho más profunda que, según sostuvo, atraviesa a toda la dirigencia.
Al ser consultado sobre si en la actualidad se le exige más a la Selección que a la política, respondió que el problema radica en el descrédito que acumularon los partidos tradicionales. "Esta dirección política la puso en valor Milei. Cuando alguien que es un marginal puede al galope derrocar a los que gobernaron una sociedad a lo largo de más de un siglo, pone en valor esa dirección. Y está muy claro, es un valor compartido por la sociedad argentina", afirmó.
Según explicó, la ciudadanía ya no rechaza la política en abstracto, sino el modo en que ésta se ha desarrollado durante las últimas décadas. "Cuando alguien mira que los que no votan no es que rechazan la política genéricamente, rechazan esta política. Lo que pasa es que no conciben la construcción de otra porque no confían en sus propias fuerzas", sostuvo.
Para Horowicz, ese desencanto genera una actitud pasiva que impide construir alternativas. "La sociedad argentina, como buena parte de la sociedad de este planeta, espera que la salve alguien, que alguien le resuelva sus asuntos. Tal cosa ni sucedió ni va a suceder. O la sociedad argentina se pone los pantalones largos y se hace cargo de los problemas que tiene que enfrentar", aseguró.
En ese marco, cuestionó con dureza el funcionamiento de los partidos políticos. "¿De qué discute la política en los últimos cincuenta años? No cincuenta minutos. Discute cargos", afirmó.
El ensayista también reflexionó sobre el funcionamiento del sistema democrático argentino desde el retorno institucional de 1983. "La trivialidad es un capital compartido no solo por la dirección política, sino por la sociedad en su conjunto. Y la trivialidad nos lleva, entre otras cosas, a una idea de la democracia que es una formalidad hueca y vacía", manifestó.
Lejos de cuestionar el régimen democrático en sí mismo, sostuvo que éste debe evaluarse a partir de los resultados que produce. "La democracia es un instrumento y cualquier instrumento se juzga por sus resultados", afirmó.
Y cerró esa idea con una de las frases más contundentes de toda la entrevista. "Los resultados de la democracia que supimos conquistar en el '83 están a la vista. Son Javier Milei", sentenció.
A su entender, el deterioro político acumulado durante los últimos años redujo significativamente la capacidad de conducción del espacio. "El nivel de catástrofe hace que esta posibilidad sea cada vez más pequeña. Y si a esto le sumamos que Cristina no puede ser candidata, esto nos hace saber que ese límite ya está trazado. No forma parte de ningún debate, es simplemente la negativa al principio de realidad", explicó.
Más adelante sintetizó su diagnóstico sobre el movimiento fundado por Juan Domingo Perón. "El peronismo fue la respuesta a una crisis del orden político en 1946. Hoy el peronismo es simplemente una expresión más de la crisis de este orden político que expresa el radicalismo, las otras fuerzas y que hoy la existencia de Milei es la prueba palmaria de esta situación", sostuvo.
Otro de los temas abordados durante la entrevista fue el proyecto de modificación de la Ley de Tierras.
Horowicz cuestionó que el debate se reduzca únicamente a la legislación vigente y sostuvo que el verdadero problema es anterior. "Cuando uno mira la propiedad privada en la Argentina con la ley existente descubre que no hay nada más importante que la propiedad privada; la propiedad pública es lo que está en cuestión", afirmó.
Como ejemplo mencionó la situación de Lago Escondido. "En un país donde la propiedad pública está en cuestión, a un punto tal de que Lago Escondido sigue escondido, es sumamente claro que no se trata de una cuestión legal", sostuvo.
Si bien rechazó la iniciativa impulsada por el oficialismo, también advirtió que la cesión de soberanía no comenzó con el gobierno actual. "Hay que ser simplemente un cipayo militante para defender una ley como la que se plantea, pero convengamos una cuestión: sin esa ley el cipayismo se practica igual", expresó.
"Si algo nos hace saber un gobierno como este es que la renuncia a la soberanía no empezó ahora. Este gobierno simplemente ha transformado esta renuncia en una bandera explícita; donde los otros actuaban vergonzantemente y en la trastienda, Milei lo pone adelante de todo y lo exhibe como política", afirmó. (www.REALPOLITIK.com.ar)