Después de doce años sin tocar en la ciudad donde nació gran parte de la historia del rock argentino, Skay Beilinson regresó a La Plata y convirtió al Hipódromo en un enorme templo ricotero. De la mano de Gonna Go! Producciones, más de 6 mil personas dijeron presente para reencontrarse con el guitarrista de Patricio Rey y Los Fakires en una noche cargada de mística, guitarras filosas y emociones.
La historia comenzó mucho antes del primer acorde. Desde la tarde, la tradicional previa volvió a adueñarse de las calles platenses. La plazoleta frente al Colegio San Vicente de Paul y la esquina de 1 entre 44 y 45 fueron los puntos de encuentro elegidos por los fanáticos. Parrillas improvisadas, venta de remeras , cervezas compartidas, banderas, bombos, humo y canciones ricoteras marcaron el pulso de una jornada que parecía una peregrinación.

Había remeras de Patricio Rey, de Skay y Los Fakires, familias enteras, padres con sus hijos, grupos de amigos y seguidores llegados desde distintos puntos del país para vivir una noche que prometía ser especial.
Poco después de las 22.00, las luces se apagaron y apareció Skay junto a Los Fakires, desatando una ovación que hizo temblar el Hipódromo. La apertura con "Paria" y "Soldadito de plomo" marcó el camino de un recital intenso, donde el guitarrista repasó buena parte de su carrera solista con un sonido potente y una banda cada vez más afianzada.
La primera parte del show avanzó con "Tal vez mañana", "Aves migratorias", "Late", "Todo un palo" donde skay hizo un homenaje al querido indio y se desato un gran pogo en la gente, "Criminal Mambo", "Ya lo sabes", "Síndrome del trapecista", "Cicatrices" y "La pared rojo lacre", en una sucesión de canciones que mantuvo al público cantando de principio a fin.

En la segunda mitad llegaron "Chico Bomba", "Presagio", "El fantasma del quinto piso", "Ji Ji Ji", "El golem de La Paternal", "Yo soy la máquina" y "Flores secas", demostrando la vigencia de un repertorio que atraviesa generaciones.
Uno de los momentos más emotivos apareció con el clásico popurrí de "El pibe de los astilleros" y "Nuestro amo juega al esclavo". Ahí el Hipódromo explotó. Miles de gargantas volvieron a cantar esas letras que forman parte del ADN del rock nacional, en un homenaje inevitable a la historia compartida con el Indio Solari.
También hubo tiempo para una de las imágenes más simbólicas de la noche: Rocambole y la Negra Poli se fundieron en un saludo, despertando una ovación inmediata del público. Un gesto sencillo, pero cargado de significado para quienes conocen la historia de Patricio Rey.

El cierre fue demoledor. "Oda a la sin nombre", "El sueño del jinete" y "Gengis Khan" terminaron de encender al Hipódromo, con miles de personas saltando y cantando hasta el último acorde.
Skay no necesita grandes discursos. Habla con su guitarra. Cada riff mantiene viva una historia que atraviesa generaciones y que sigue convocando multitudes. En una época donde muchas leyendas quedaron en el recuerdo, el guitarrista continúa escribiendo nuevas páginas sin perder su esencia.
La Plata volvió a abrazar a uno de sus hijos musicales más ilustres. Y por un par de horas, el corazón de Patricio Rey volvió a latir con toda su fuerza. (www.REALPOLITIK.com.ar)