El Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Universidad de Buenos Aires (UBA) elaboró un reporte breve sobre Argentina y la copa del Mundo, en relación a la pasión, cábalas y formas de vivir atravesados por la selección nacional.
El estudio de opinión pública del OPSA se realizó entre el 15 y 18 de julio de forma online a 938 personas mayores de 16 años, residentes en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Los días previos a la final de la Copa del Mundo entre “la Scaloneta” y España tuvieron a la sociedad argentina procesando una descarga emocional que excede largamente lo deportivo, utilizando el torneo como un verdadero refugio psicológico frente al desamparo y el vacío existencial.
Esta boya de contención colectiva ante la crisis actual se refleja en el 82 por ciento de los encuestados que afirmó que le importaba mucho o que era importantísimo que Argentina ganara la copa del Mundo, un indicador que unificó las opiniones de varones y mujeres en un 82 y 81 por ciento, respectivamente. Este arraigo identitario fue tan profundo que desbordó el interés por el deporte en sí mismo: mientras solo el 62 por ciento declaró tener muchísimo o bastante interés por el fútbol, existió un 20 por ciento de la población ajena a las canchas que se aferró al triunfo del equipo nacional para sanar un deprimido sentimiento de orfandad y falta de pertenencia.
El desamparo de la rutina diaria encontró en los partidos de la Selección una tregua total contra la fragmentación social. Al evaluar las prioridades, el 87 por ciento de los consultados prefirió explícitamente que la Selección ganara el Mundial antes que ver a su propio club consagrarse campeón del torneo más importante de su historia. Esta necesidad de suspender las fracturas cotidianas se consolidó con el 81 por ciento de los ciudadanos que aseguró dejar completamente de lado su identidad de club durante la cita mundialista. Se trata de un dato crítico en una región donde las lealtades futbolísticas marcan el pulso cotidiano y donde Boca Juniors, con el 31 por ciento, y River Plate, con el 28 por ciento, polarizan de forma habitual al 59 por ciento de los hinchas.
La vivencia del torneo desnudó niveles extremos de ansiedad social, típicos de una comunidad desprotegida que volcó sus expectativas de bienestar en un resultado externo. El 67 por ciento de los habitantes del AMBA experimentó los encuentros decisivos de forma absorbente: el 30 por ciento organizó todo su día en función del partido, el 21 por ciento sintió que lo jugaba desde afuera y el 16 por ciento no logró concentrarse en ninguna otra actividad.
Para contener este desborde emocional, el 60 por ciento de los argentinos apeló a realizar cábalas en la mayoría de los encuentros o en citas clave. Los datos demuestran que estas prácticas operaron como un regulador psicológico de la angustia y no como un mero pensamiento mágico: el 34 por ciento confesó que los rituales sirvieron estrictamente para controlar los nervios, frente a apenas un 10 por ciento que creyó que influían de verdad en el marcador final. Cuando este rito estabilizador se vio interrumpido, la tensión familiar se disparó, registrando un promedio de nerviosismo de 5,6 sobre una escala de 10 puntos, donde el 51 por ciento de los encuestados se ubicó en los niveles más altos de estrés, de 7 a 10.
El estudio estadístico detectó una marcada brecha de género en los mecanismos para tramitar este vacío y la orfandad. Aunque el uso general de cábalas fue similar, las mujeres recurrieron mayoritariamente a ritos de evitación y fe: se persignaron o rezaron tres veces más que los hombres, alcanzando un 24 por ciento frente al 8 por ciento masculino, y el 37 por ciento de ellas reconoció la cábala como un dique contra la ansiedad, en contraste con el 30 por ciento de los varones. En cambio, el 50 por ciento de los hombres canalizó su pasión declarándose muy hincha de su club local, una contención institucional que solo abarcó al 18 por ciento de las mujeres.
El canje simbólico para mitigar la vulnerabilidad se tradujo también en un 32 por ciento de argentinos que realizó o estuvo dispuesto a realizar una promesa concreta a cambio de la copa. Los datos del observatorio muestran que el 17 por ciento ya había asumido un compromiso fijo y el 15 por ciento lo mantenía en reserva. Las promesas se dividieron entre los métodos tradicionales de sanación, con un 12 por ciento que planeó peregrinar a una iglesia o santuario religioso, y pactos modernos que se grabaron en la propia piel: el 9 por ciento prometió un tatuaje, el 5 por ciento un corte o cambio de color de pelo, y otro 5 por ciento un desafío físico estricto.
Al proyectar de forma espontánea el significado de la consagración, las cifras expusieron la imposibilidad de la ciudadanía de aislar el fútbol del trauma de la realidad nacional. Si bien el 66 por ciento asoció el logro con alegría y felicidad pura, y el 37 por ciento con unión y orgullo colectivo, un 25 por ciento de la población procesó el desenlace en clave de supervivencia social: el 13 por ciento definió el campeonato como un alivio imperioso en medio de la crisis y el 12 por ciento le otorgó una lectura netamente política.
Finalmente, los datos del informe concluyen con un escenario donde el escepticismo fue marginal, afectando apenas al 4 por ciento, confirmando que la Selección funcionó como la gran cábala colectiva del país: un rito estadísticamente unánime que permitió a los argentinos volver a conjugar la palabra nosotros en medio de la fractura cotidiana. (www.REALPOLITIK.com.ar)