Malvinas: accionistas de Navitas Petroleum invierten millones de dólares en Mercado Libre
Por Santiago Sautel
La emblemática empresa estatal con sede en Córdoba vuelve a ser noticia, pero no por la presentación de una nueva aeronave. La falta de pago de salarios, los proyectos paralizados y la pérdida de personal especializado del gobierno de Javier Milei exponen el estado de la industria aeronáutica bajo la “política de defensa” del gobierno libertario.
Los 650 trabajadores de la Fábrica Argentina de Aviones (FAdeA) recibieron en junio apenas el equivalente al 60 por ciento de sus salarios. La situación es consecuencia de la paralización de diversos proyectos estratégicos, entre ellos el avión de entrenamiento avanzado IA-63 Pampa III, la modernización y el mantenimiento de los transportes tácticos C-130H Hércules, la recuperación del avión de patrulla marítima P-3A Orion y la fabricación del avión de instrucción básica IA-100 Malvina.
La crisis también provocó la salida de personal altamente calificado, tanto por despidos como por los bajos salarios. De esta manera, la empresa comenzó a perder uno de sus activos más importantes: el capital humano acumulado durante décadas.
Mientras tanto, FAdeA fue intimada a participar de una instancia de mediación ante el área de Trabajo de la provincia de Córdoba, convocada para ayer, en medio del conflicto por el pago incompleto de los haberes.
En julio de 2026 fue designado como presidente de la empresa el ingeniero Oscar López, integrante del directorio de Fabricaciones Militares, aunque con una trayectoria profesional principalmente vinculada al sector petrolero y petroquímico. López se desempeñó como vicepresidente de Petrochemical Consulting Alliance, CEO de Unisouth SA y director de la Asociación Petroquímica Latinoamericana (APLA).
Según el ministerio de Defensa que conduce Carlos Presti, la misión de la nueva conducción será avanzar en el ordenamiento operativo de FAdeA, recuperar la “previsibilidad” y fortalecer capacidades industriales consideradas esenciales para la defensa y el desarrollo de la industria aeroespacial argentina.
Se trata, sin embargo, de un eslogan repetido durante años ante cada cambio de gestión. La dura realidad parece indicar otro rumbo: transformar una empresa creada para construir aeronaves en un mero taller aeronáutico.
La intención de la nueva conducción sería fortalecer el área de mantenimiento, reparación y revisión de aeronaves —conocida como MRO— como actividad principal de la empresa, buscar socios estratégicos en ese segmento y continuar como proveedor de componentes para el avión de transporte brasileño KC-390.
En cambio, los proyectos industriales vinculados con la finalización de los aviones Pampa que permanecen en los talleres de FAdeA o con la fabricación en serie del IA-100 Malvina dejaron de mencionarse abiertamente.
A esto se suma una política contradictoria de la Fuerza Aérea Argentina, que en distintas áreas termina funcionando como una suerte de competidora de la propia fábrica estatal.
Como señaló oportunamente REALPOLITIK, el mantenimiento mayor de los aviones de combate F-16 adquiridos por la Argentina se realizará en las instalaciones del área Material Río Cuarto. En esa misma dependencia militar también se desarrollaba la modernización de los aviones de entrenamiento y ataque liviano Embraer T-27 Tucano, actualmente paralizada por falta de fondos.
El mantenimiento de los helicópteros MD 500 —fabricados en su momento en el país por la desaparecida empresa RACA— quedó, por su parte, bajo la órbita del área Material Quilmes, aunque esos trabajos también se encuentran frenados por restricciones presupuestarias.
El resultado es una verdadera dispersión de medios, recursos y capacidades.

El Ejército y la Armada Argentina también cuentan con capacidades para el mantenimiento y la reparación de aeronaves, aunque muchas de ellas permanecen ociosas. Esto implica recursos humanos, materiales y financieros desaprovechados, sin una planificación común para el sistema de defensa.
La centralización en FAdeA de las tareas de mantenimiento de las aeronaves militares, junto con la reactivación de la producción del IA-100 Malvina y la finalización de los Pampa remanentes, podría generar un mercado reducido, pero potencialmente rentable.
Ese volumen de actividad permitiría despertar un interés real entre actores del sector privado y facilitar la incorporación de socios estratégicos, sin abandonar el objetivo central de la empresa: desarrollar y fabricar aeronaves en la Argentina.
La fábrica cordobesa cumplirá cien años en 2027. Todo indica que llegará a ese aniversario atravesada por el ajuste, los despidos y la transformación de una empresa con enorme potencial industrial en un simple taller de reparación aeronáutica, con un futuro cada vez más incierto.
Un camino muy distinto al imaginado por quienes soñaron con que la Argentina contara con una industria aeronáutica propia. (www.REALPOLITIK.com.ar)