Hay debates que nunca desaparecen. Parece que se apagan, pero en verdad permanecen latentes esperando el momento oportuno para volver. El tratamiento legislativo previsto para el próximo 6 de agosto sobre el régimen de propiedad de la tierra constituye uno de esos momentos. Lo que vuelve a ponerse en juego es una pregunta mucho más profunda: ¿La Argentina es soberana o le pusieron la bandera de remate? La pregunta no tendría sentido si estuviera vigente la Constitución Nacional de 1949.
A diferencia del constitucionalismo liberal clásico de 1853, la reforma impulsada durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón incorporó una concepción diferente de la propiedad. El artículo 38 del texto derogado en forma irregular establecía que la propiedad privada tenía una función social y, por lo tanto, quedaba sometida a las obligaciones que la ley estableciera en función del bien común.
El mismo artículo imponía al Estado la obligación de fiscalizar la distribución y utilización del campo, promover una explotación racional de la tierra e impulsar que quienes la trabajaban pudieran acceder a su propiedad. Esto era lo que tanto le dolía a los liberales golpistas del 55: la tierra dejaba de ser exclusivamente un patrimonio individual para convertirse también en un recurso estratégico para el desarrollo nacional.
La Constitución del 49 no cayó del cielo. Formaba parte del constitucionalismo social que entendía que los derechos patrimoniales debían armonizarse con las necesidades colectivas. La protección a la propiedad no estaba en discusión, pero dejaba de ser un derecho absoluto. Esa concepción la borró de un plumazo la Fusiladora, en 1956.
Al derogar la Constitución del 49, la Fusiladora cometió un crimen que seguimos pagando hasta el día de hoy, pero no le salió como esperaba. La Convención General Constituyente de 1957 restableció el texto de 1853, pero los convencionales que respondían al régimen no lograron frenar la inclusión del artículo 14 bis, que también les duele hasta el día de hoy. Tan grande es el resentimiento de ese sector, que tuvieron que inventar un presidente sin escrúpulos que promovió una reforma laboral tan atroz como inconstitucional.
No resulta casual que uno de los primeros blancos del nuevo régimen haya sido precisamente la Constitución. Necesitaban desarmar esa arquitectura normativa para enterrar el modelo económico y social del peronismo. Buena parte de ese modelo encontraba respaldo en el artículo 40, que daba calidad de imprescriptible e inalienable (no estaban a la venta porque eran de dominio perpetuo del Estado) a los servicios públicos y los recursos naturales como el gas, el petróleo y el carbón. Pertenecían, originariamente, al Estado. Estaba prohibida su privatización. Setenta años después, la discusión vuelve a escena.
El proyecto que se debatirá el jueves es producto de una orientación política y económica que promueve una menor intervención estatal, poniendo por encima de todo lo demás, al derecho de propiedad. Hablan de un concepto abstracto: la libertad, pero nunca dicen cuáles son las "ideas de la libertad". Apenas se limitan a repetir el catecismo oficial sin ofrecer nada más. La contracara es el peronismo, que tiene doctrina y una extensa obra escrta, mientras que los liberales no tienen propio. Apenas unos libros prestados, que replican ideas ajenas, y muy buena prensa.
Es imposible discutir algo tan sensible, donde se juega el destino de la Argentina sin darle la razón al "Bebe" Cooke, que acuñó una frase que hasta el día de hoy sigue vigente: "el peronismo es el hecho maldito del país burgués". En un país que ya no existe -lo aniqilaron las "ideas de la libertad"- un proletario pasaba a ser propietario, la burguesía -bien clasista- no vio con buenos ojos que "los negros" tuvieran los mismos derechos. Suele decirse que el antiperonismo nació cuando las señoras de Recoleta vieron que las mucamas iban a la misma peluquería que ellas.
El mito de la peluquería -leyenda urbana o no- es coherente con la filosofía que inspira al régimen de Javier Milei. Si la Revolucion Fusiladora se hizo para que el hijo del barrendero sea barrendeo, se puede actaulizar esa idea diciendo que el régimen mileista fue elegido para que los que perdieron con otros gobiernos, sigan perdiendo con este. El problema es que los derrotados por las ideas de la libertad vienen perdiendo desde 1955 y en 2023 votaron por un liberal para que solucione los problemas que los liberales no ven como un problema, porque es lo que ellos mismos hicieron.
Existen diferencias insoslayables entre el modelo colonial y el modelo nacional. La Fusiladora llegó coin la misma agenda que La Libertad Avanza, lo cuál no es para nada casual. La realidad histórica es irrefutable: en nuestro país, los liberalres son responsables de las peores desgracias: bombas sobre la plaza de Mayo, fuslamientos, desaparición forzada, desindustrialización y endeudamiento externo. Y ahora van por otra más: la entrega de nuestras tierras.