Aunque todavía falta para el cierre de las candidaturas, la provincia de Buenos Aires ya se convirtió en el centro de gravedad de la pelea política por 2027. Tanto Fuerza Patria como La Libertad Avanza enfrentan un dilema similar: ninguno de los dos espacios puede definir quién competirá por la gobernación sin resolver antes su estrategia nacional.
En el peronismo, Sergio Massa continúa siendo mencionado como uno de los principales candidatos para suceder a Axel Kicillof. Sin embargo, el exministro de Economía todavía no tomó una decisión y su indefinición no responde únicamente a una cuestión de tiempos electorales.
Según miembros del massismo, Massa observa simultáneamente el deterioro del gobierno de Javier Milei y los problemas acumulados por la administración bonaerense. Su expectativa no se limita a que el oficialismo nacional pierda respaldo: también sigue con atención los tropiezos de Kicillof, cuya eventual candidatura presidencial podría condicionar cualquier desembarco massista en la provincia.
La evaluación que circula en el Frente Renovador es que Massa podría quedar atrapado en una fórmula electoral inconveniente: fortalecido territorialmente por los intendentes bonaerenses, pero obligado a competir debajo de un candidato presidencial que no le arrastraría votos.
En términos mucho más crudos, en el massismo existe la certeza de que Kicillof es un candidato poco competitivo a nivel nacional y que terminará perjudicando su eventual candidatura bonaerense en lugar de impulsarla.
Así, Massa no solamente debe decidir si quiere ser gobernador. Antes debe establecer si está dispuesto a encabezar la boleta provincial con Kicillof como candidato a presidente y asumir el riesgo de que la suerte de ambos quede atada.

La discusión por las reelecciones de los intendentes ocupa un lugar central dentro de esa estrategia. La legislación vigente impide que decenas de jefes comunales vuelvan a competir en 2027 si ya cumplieron dos mandatos consecutivos. Relevamientos recientes permiten estimar que alrededor de 80 intendentes quedarían impedidos de buscar otra reelección si la ley no vuelve a modificarse.
Para Kicillof, habilitar nuevamente las reelecciones representaría una forma de conservar el respaldo de los intendentes de cara a su candidatura presidencial. Para Massa también podría ser conveniente: los jefes comunales constituyen la principal estructura territorial disponible para sostener una candidatura a gobernador.
Pero el respaldo del Frente Renovador no sería incondicional.
Según las fuentes consultadas por REALPOLITIK, Massa le transmitió a Kicillof que sus legisladores estaban dispuestos a acompañar la iniciativa, pero que no aceptarían quedar expuestos como sus únicos impulsores. El planteo habría sido concreto: si el gobernador quería avanzar con la reelección de los intendentes, debía comprometer a todo su dispositivo legislativo y asumir personalmente el costo político.
La exigencia resulta especialmente significativa porque la restricción original fue impulsada en 2016 por María Eugenia Vidal y el propio Massa. Retroceder ahora sobre aquel límite colocaría al Frente Renovador ante una contradicción política que no está dispuesto a afrontar en soledad.
El proyecto atraviesa, además, un recorrido legislativo complejo. Aunque el Senado bonaerense ya consiguió aprobar en 2025 la reelección indefinida de legisladores, concejales y consejeros escolares, lo hizo mediante un empate que debió resolver la vicegobernadora Verónica Magario. La incorporación de los intendentes abre una negociación diferente y, hasta el momento, el oficialismo no tiene garantizados los votos necesarios en ambas cámaras.
La reelección indefinida, entonces, no es solamente una demanda de los intendentes. Es también una herramienta para ordenar la interna peronista, preservar estructuras municipales y construir la plataforma territorial desde la cual se disputarán la gobernación y la presidencia.

En el diálogo entre Massa y Kicillof habría aparecido también una segunda alternativa: que, si no existían condiciones políticas para modificar la ley mediante la Legislatura, la controversia pudiera llevarse al terreno judicial.
Ese planteo conecta directamente la discusión por las reelecciones con otra de las grandes disputas que atraviesan al oficialismo bonaerense: la integración de la Suprema Corte de Justicia.
El máximo tribunal provincial debe estar compuesto por siete ministros, pero actualmente funciona con sólo tres: Hilda Kogan, Daniel Soria y Sergio Torres. La renuncia de Luis Genoud, aceptada desde junio de 2024, profundizó una sucesión de vacantes que dejó cuatro lugares disponibles.
La cobertura de esos cargos requiere que el poder ejecutivo proponga los candidatos y que el Senado bonaerense preste su acuerdo. Por lo tanto, cualquier nombramiento exige una negociación política amplia.
Según las fuentes consultadas, Massa considera que la nueva composición debería expresar el equilibrio interno del peronismo y reservar también un espacio para la oposición. Una distribución posible contemplaría representantes vinculados con el kicillofismo, el massismo y el cristinismo, además de un nombre acordado con los bloques opositores.
El principal obstáculo sería la posición del propio gobernador. En el resto de Fuerza Patria sostienen que Kicillof pretende conservar para sí una capacidad excesiva para seleccionar a los futuros integrantes del tribunal y se resiste a repartir los lugares entre los sectores que integran la coalición.
La Corte queda así incorporada a una negociación mucho más extensa. No se discuten únicamente nombres de jueces: se disputa quién tendrá influencia sobre el poder judicial bonaerense durante los próximos años y qué sector del peronismo podrá convertir ese poder institucional en una ventaja política.
La posibilidad de que el conflicto por las reelecciones termine judicializado vuelve todavía más delicado ese reparto. Quien consiga incidir en la conformación del tribunal tendrá también una posición privilegiada ante futuros conflictos electorales, administrativos e institucionales.
En todas esas negociaciones, el tiempo aparece como el principal condicionante.

La estrategia del exministro parece apoyarse, por lo tanto, en una doble espera. Por un lado, confía en que el gobierno de Milei continúe acumulando desgaste económico, social y político. Por otro, necesita comprobar hasta dónde puede avanzar Kicillof con su construcción presidencial y cuánto daño le provocarán los problemas de su propia gestión y la falta de liderazgo dentro del peronismo.
Aunque el gobernador intenta posicionarse como el principal opositor nacional, el peronismo continúa fragmentado entre el Movimiento Derecho al Futuro, el kirchnerismo y el Frente Renovador. La disputa entre Kicillof y Máximo Kirchner sigue atravesando al espacio, mientras Massa conserva margen para negociar con ambos sectores y evitar una definición anticipada. La falta de una conducción unificada continúa siendo una de las principales debilidades opositoras de cara a 2027.
Para Massa, competir en la provincia podría ser una salida atractiva siempre que reúna dos condiciones: intendentes fuertes que sostengan su candidatura desde el territorio y una figura presidencial capaz de mejorar su desempeño electoral.
Si Kicillof no cumple con esa segunda condición, la candidatura a gobernador pierde parte de su atractivo. El riesgo sería asumir el costo de ordenar la provincia mientras otro dirigente conduce una fórmula nacional destinada a una derrota.
Por eso Massa todavía no cerró ninguna puerta. Puede disputar la gobernación, conservarse como articulador del peronismo o incluso volver a mirar hacia la competencia nacional si el escenario se modifica drásticamente.

La Libertad Avanza enfrenta una indefinición distinta, aunque igualmente atravesada por la relación entre la provincia y la Nación.
Diego Santilli, actual jefe de Gabinete de la Nación, aparece como uno de los nombres más competitivos para disputar la gobernación. Tiene conocimiento, experiencia electoral en territorio bonaerense y capacidad para captar votantes que no se identifican plenamente con el núcleo libertario.
Sin embargo, Santilli también conserva una buena imagen y una estructura política relevante en la Ciudad de Buenos Aires. Allí podría encabezar una eventual disputa contra Jorge Macri si la alianza entre La Libertad Avanza y el Pro termina de romperse.
En el gobierno reconocen que Santilli conserva aspiraciones bonaerenses, pero todavía evitan confirmar una candidatura y sostienen que las definiciones electorales deberán esperar.
La posibilidad de utilizarlo en la Ciudad resulta especialmente tentadora para Milei. La Libertad Avanza aspira a desplazar definitivamente al macrismo de su distrito de origen y Santilli podría convertirse en un candidato competitivo contra el actual jefe de Gobierno.
El problema consiste en que enviarlo a la Ciudad obligaría a buscar otro postulante para la provincia, un territorio mucho más extenso, complejo y adverso para el oficialismo nacional.
Patricia Bullrich aparece atravesada por una disyuntiva semejante. Tras dejar el ministerio de Seguridad y desembarcar en el Senado, su nombre circula tanto para competir en la Ciudad como para desembarcar en la provincia. Su nivel de conocimiento, su identificación con el electorado de derecha y su vínculo con Milei la convierten en una opción posible en ambos distritos.
La superposición de nombres demuestra que La Libertad Avanza todavía no resolvió qué elección considera prioritaria. Puede concentrarse en conquistar la Ciudad y desplazar a los Macri, o reservar sus figuras más fuertes para intentar arrebatarle la provincia al peronismo.

Dentro del oficialismo nacional existe la convicción de que la provincia de Buenos Aires no será una elección sencilla. Aunque La Libertad Avanza consiguió ampliar su penetración electoral, el peronismo conserva intendencias, estructuras territoriales, organizaciones sindicales y una enorme capacidad de movilización.
Milei sabe que una eventual derrota bonaerense podría debilitar incluso una victoria nacional. La provincia concentra cerca del 37 por ciento del padrón electoral y constituye el principal territorio político, económico y legislativo del país.
Esa percepción explica la demora en la definición del candidato. El presidente no quiere enviar una figura de segundo orden a una batalla que podría definir el equilibrio político de su eventual segundo mandato. Pero tampoco quiere desperdiciar en la provincia a un dirigente que podría asegurarle la conquista de la Ciudad.
A eso se suma la relación con Jorge y Mauricio Macri. La definición de las candidaturas dependerá en buena medida de si La Libertad Avanza acuerda con el Pro, lo absorbe definitivamente o decide enfrentarlo en ambos distritos.
Santilli, proveniente del macrismo pero incorporado al esquema libertario, representa mejor que nadie esa transición. Puede servir para preservar una alianza, para disputarle la Ciudad a Jorge Macri o para intentar construir una candidatura competitiva contra el peronismo bonaerense.

Más allá de quién encabece la fórmula, en La Libertad Avanza circula la posibilidad de que Sebastián Pareja sea candidato a vicegobernador.
Su eventual postulación respondería menos a una cuestión electoral que a una decisión de control político. Pareja es uno de los principales armadores de Karina Milei en la provincia y conserva influencia sobre la estructura partidaria, el armado de listas y los bloques legislativos.
Su figura genera fuertes resistencias, incluso dentro del propio espacio libertario. Dirigentes desplazados, referentes territoriales y sectores provenientes del Pro cuestionan su método de conducción y el cierre del partido alrededor de un núcleo reducido.
Sin embargo, ese rechazo no necesariamente debilita su posición. Para la conducción nacional, Pareja representa un hombre de confianza capaz de garantizar el alineamiento de los legisladores bonaerenses.
En el armado libertario consideran que, desde la vicegobernación, podría ordenar la relación con los bloques, negociar leyes y garantizar el alineamiento de la estructura bonaerense con la Casa Rosada.
Si el oficialismo nacional perdiera la elección, una candidatura a vicegobernador igualmente le permitiría quedar al frente de la representación legislativa, preservar su estructura territorial y continuar administrando el armado libertario en la provincia.
Desde esa perspectiva, su presencia en la fórmula tendría utilidad tanto en la victoria como en la derrota.

Fuerza Patria y La Libertad Avanza llegan a la etapa previa de 2027 con problemas diferentes, pero conectados por una misma dificultad: ninguno puede definir la provincia sin resolver primero su estrategia nacional.
El peronismo debe establecer si Kicillof será efectivamente su candidato presidencial y si Massa está dispuesto a competir debajo de él. También tiene pendiente el reparto de las vacantes de la Suprema Corte, la eventual judicialización de las reelecciones y el acuerdo legislativo necesario para conservar a los intendentes.
La Libertad Avanza debe decidir si su prioridad es conquistar la provincia o terminar con el dominio macrista en la Ciudad. Santilli y Bullrich aparecen como figuras posibles para cualquiera de los dos distritos, mientras Pareja procura asegurarse un lugar desde el cual controlar el armado legislativo bonaerense.
En ambos sectores, las candidaturas están subordinadas a la construcción del poder posterior a la elección.
Massa quiere saber quién y en qué condiciones encabezará la boleta nacional antes de comprometerse con la provincia. Kicillof intenta proyectarse como candidato presidencial sin ceder la negociación judicial. Milei busca un nombre capaz de enfrentar al peronismo sin abandonar la oportunidad de conquistar definitivamente la Ciudad.
Detrás de la discusión electoral aparece, en definitiva, una disputa más extensa: quién manejará las intendencias, quién controlará los bloques legislativos, quién influirá sobre la Suprema Corte y quién podrá convertir la provincia de Buenos Aires en la plataforma de lanzamiento -o en el refugio político- después de las elecciones de 2027. (www.REALPOLITIK.com.ar)