Jueves 6 de agosto de 2026

Nacionales

Sondeo de Zentrix

6 de cada 10 argentinos tomaron deuda en los últimos seis meses para pagar gastos básicos

06/08/26 | Un informe reveló que el 62 por ciento tomó deuda en los últimos seis meses, principalmente para subsistir y cubrir la canasta básica.


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Por:
Adrián González

Se trata de un informe de Zentrix Consultora, que abordó las percepciones de la opinión pública sobre la situación económica, política y social. El crédito dejó de ser una herramienta de progreso y se transformó en un mecanismo de subsistencia: el 62 por ciento se endeudó en los últimos seis meses y la mitad de esos hogares lo hizo para pagar los gastos básicos.

 

Los datos surgen del Monitor de Opinión Pública (MOP), un estudio desarrollado por la consultora que contó con 1.468 casos de las 24 jurisdicciones del país, relevados entre el 21 y 30 de julio. El objetivo del estudio fue relevar percepciones sociales sobre dirigentes políticos, evaluación económica personal y nacional, incorporando, entre otras dimensiones de análisis, una clasificación política entre oficialismo y oposición definida según el voto emitido en las elecciones legislativas de 2025.

El punto de partida es un salario que perdió la carrera contra los precios y no la recupera. El 87,4 por ciento de los encuestados afirma que su ingreso no le gana a la inflación, un techo que ya no distingue posiciones políticas: el 73 por ciento de los votantes oficialistas admite esa pérdida, cifra que entre los opositores trepa al 97,1 por ciento. La diferencia entre ambos electorados no está en si el deterioro existe —lo sienten los dos— sino en cómo se lo nombra: costo de una transición para unos, fracaso económico para otros.

La pérdida aceptada tiene una fecha exacta en el almanaque. El 66 por ciento de los argentinos se queda sin plata antes o desde el día 20 del mes y sólo un 9,3 por ciento llega a fin de mes con capacidad de ahorro. El calendario, sin embargo, no es igual para todos: entre los más jóvenes —de 18 a 39 años— el 85,5 por ciento ya está sin ingresos al día 20, contra el 60,6 por ciento en la franja de 40 a 59.

En un país donde el sueldo se agota a los dos tercios del mes, la pregunta deja de ser cómo ahorrar y pasa a ser cómo cubrir los últimos diez días. La respuesta, para la mayoría, fue el endeudamiento. El 61,9 por ciento tomó deuda en el último semestre, pero el dato que desarma cualquier lectura optimista es el motivo: el 53,7 por ciento lo hizo porque sus ingresos no cubren los gastos básicos, mientras que la compra de bienes durables —la deuda “del progreso”— explicó apenas el 11,5 por ciento.

El crédito dejó de financiar proyectos y pasó a financiar comida y tarifas. Y ese endeudamiento forzado tiene, de nuevo, una cara generacional: entre los jóvenes de 18 a 39 años, el 35,8 por ciento recurrió a prestamistas o financieras informales, contra apenas el 7 por ciento entre los mayores de 60. El segmento con menos respaldo patrimonial es, paradójicamente, el más expuesto a las condiciones más caras y menos reguladas del mercado, en un círculo donde la falta de espalda financiera empuja hacia el crédito más riesgoso.

Endeudarse fue, además, la parte fácil; sostener esa deuda es la difícil. Casi la mitad de quienes tomaron crédito no lo está pagando con comodidad: al 28,9 por ciento le cuesta mucho, el 12 por ciento ya se atrasó en algún pago y un 6,4 por ciento directamente admite que no puede pagar. No sorprende, entonces, que el 55 por ciento considere que las tasas están tan altas que el crédito “termina siendo una trampa”, una frase que resume el pasaje de la deuda como oxígeno a la deuda como soga que ahorca.

En cuanto a la evaluación negativa de la economía personal alcanza el 42,8 por ciento, pero la del país trepa al 61,8 por ciento: una brecha de casi veinte puntos que revela que el malestar ya no se vive como una desgracia individual, sino como un diagnóstico colectivo. Esa sensación de deterioro compartido tiene su traducción más elocuente en la autopercepción de clase: sumando clase baja y media-baja, el 53,9 por ciento de la sociedad se ubica hoy en la base de la pirámide.

INDEC

La desconfianza hacia el termómetro oficial de los precios es tan profunda como la pérdida de poder adquisitivo que la alimenta. El 67,1 por ciento de los argentinos cree que el dato de inflación que publica el INDEC no refleja la variación de precios que percibe en su vida cotidiana, mientras que apenas el 29,6 por ciento le da crédito.

“No es un rechazo aislado: como se dijo antes, el 87,4 por ciento siente que su salario no le gana a la inflación, y ambos números se retroalimentan. Quien ve que la plata se le acaba el día 20 difícilmente acepte que los precios subieron sólo lo que dice el organismo estadístico”, analizaron. Y profundizaron: “Así, la percepción se construye en la góndola y en el resumen de la tarjeta, no en el índice. Cuando el dato oficial y la experiencia del bolsillo divergen mes tras mes, la sociedad termina confiando en su propia billetera antes que en la estadística”.

Principales preocupaciones

Cuando se pregunta cuál es hoy la principal preocupación, los argentinos ubican en lo más alto un problema que no es estrictamente económico: la corrupción encabeza el ranking con el 48,8 por ciento. El dato tiene un peso simbólico difícil de ignorar. “En un país donde el sueldo no llega al día 20 y la deuda se volvió subsistencia, que la corrupción siga siendo la inquietud más señalada revela que buena parte de la sociedad canaliza el malestar material hacia una explicación moral y política: no alcanza con vivir el ajuste en el cuerpo, se lo asocia a una forma de hacer política que se percibe como la causa de fondo”, observaron.

Pero apenas se corre el foco de ese primer lugar, el mapa de preocupaciones vuelve a ser, casi íntegramente, económico. Ingresos/salarios aparece en segundo lugar con el 46,9 por ciento, prácticamente empatado con la corrupción, y la incertidumbre económica se ubica tercera con el 41,6 por ciento. Más atrás asoman el desempleo (29,1 por ciento) y las tarifas de servicios públicos (26,8 por ciento).

Imágenes políticas

Javier Milei terminó julio con una imagen negativa del 58,5 por ciento frente a apenas 30,9 por ciento de positiva, un diferencial de casi 28 puntos que lo confirma como la figura con el balance más adverso del informe. El deterioro no es puntual sino sostenido: su imagen positiva, que en febrero llegaba al 47 por ciento, perdió 16 puntos en el año sin que el rechazo diera tregua. La segmentación etaria dibuja su núcleo de resistencia y su zona de derrumbe: entre los menores de 40 años conserva su mejor desempeño relativo (38 por ciento de positiva), mientras que a partir de esa edad la negativa se estabiliza por encima del 58 por ciento, tocando el 59,6 por ciento entre los mayores de 60.

La brecha de género es todavía más filosa —36,8 por ciento de positiva entre varones contra apenas 25,1 por ciento entre mujeres, donde el rechazo escala al 65,9 por ciento— y la geográfica lo castiga en el AMBA (63,6 por ciento de negativa) mucho más que en el interior. En intención de voto para 2027, Milei exhibe el perfil más polarizado del tablero: combina el piso más firme (24 por ciento de “seguro lo votaría”) con el techo de rechazo más duro (57 por ciento de “jamás lo votaría”). “Se configura un votante fiel, pero sin aire para expandirse. Su perfil de mejor imagen es nítido: varón, menor de 40 años, del interior del país. El de peor imagen es su espejo invertido: mujer, mayor de 40 años, del área metropolitana”, puntualizaron.

Por su parte, Axel Kicillof registró una imagen negativa del 51,5 por ciento contra un 35,4 por ciento de positiva (diferencial de -16 puntos), el segundo peor del informe, aunque con una estructura de apoyo que es casi el negativo fotográfico de la de Milei. Donde el presidente se hunde, el gobernador bonaerense mejora: su imagen positiva crece con la edad —del 21 por ciento entre los más jóvenes al 41 por ciento entre los mayores de 60— y rinde claramente mejor entre mujeres (43 por ciento de positiva) que entre varones (28 por ciento, con 58 por ciento de negativa).

Geográficamente, su terreno es el área metropolitana (41 por ciento de positiva), coherente con el territorio que gobierna, mientras que en el interior el rechazo trepa al 56 por ciento. Ese perfil, sin embargo, no le alcanza para proyectarse como alternativa nacional: en la proyección 2027 aparece apenas por encima en disposición positiva (26,2 por ciento de “seguro lo votaría”), pero arrastra a la mitad del electorado (50,7 por ciento) que jamás lo votaría. “Esos números muestran un techo que delata las dificultades del peronismo para trascender su propio núcleo. Su perfil de mejor imagen es el de mujer, mayor de 60 años, del área metropolitana; el de peor, el varón joven y del interior, exactamente el segmento que corona a Milei”, especificaron.

Patricia Bullrich mostró una imagen negativa del 50 por ciento frente al 36,6 por ciento de positiva (diferencial de -13,4 puntos), lo que la deja empatada con Kicillof en nivel de rechazo, pero con un rasgo que la distingue del resto: su opinión es la más consolidada y menos sensible al recambio generacional. A diferencia de Milei o de Kicillof, su imagen positiva se mantiene estable en torno al 35-38 por ciento en los tres tramos de edad, sin gradiente etario, lo que sugiere una figura ya “conocida y catalogada” por el electorado, con poco margen para sorpresas en cualquier sentido.

La diferencia aparece, en cambio, en el género y la geografía: entre varones queda casi en empate (41 por ciento de positiva) mientras que entre mujeres la negativa sube al 56 por ciento, y en el interior mejora frente a un AMBA donde el rechazo llega al 58,1 por ciento. En la proyección 2027 su cuadro es el más comprometido en términos de crecimiento: sólo el 18,3 por ciento la votaría con seguridad. “Su 27,7 por ciento de “podría votarla” —el potencial de expansión más alto de los cuatro— la deja como la figura con más margen teórico para recuperar terreno, siempre que logre convertir esa disposición latente en apoyo efectivo. Su perfil de mejor imagen es el de varón del interior del país; el de peor, la mujer del área metropolitana”, detallaron.

Y, finalmente, Myriam Bregman es, otra vez, la excepción del tablero: la única dirigente con diferencial de imagen positivo, con 43,1 por ciento de positiva frente a 40 por ciento de negativa (+3,1 puntos). Su fortaleza tiene un epicentro claro en el género: entre mujeres alcanza el 53 por ciento de imagen positiva —el número más alto de cualquier dirigente en cualquier segmento de todo el informe—, mientras que entre varones la negativa sube al 48,9 por ciento. La curva etaria es casi plana, incluso levemente mejor entre los mayores de 60 (48,2 por ciento de positiva), lo que desmiente la idea de que su crecimiento sea un fenómeno exclusivamente juvenil.

A su vez, geográficamente rinde mejor en Buenos Aires y CABA (52,5 por ciento de positiva) que en el interior. Ahora bien, la buena imagen no se traduce en volumen electoral: su intención de voto duro para 2027 es la más baja de los cuatro (12,3 por ciento de “seguro la votaría”), con un rechazo del 50 por ciento que le pone un techo temprano. “El dato revela una paradoja típica de las figuras de nicho: es la mejor valorada, pero la menos votada, capaz de despertar simpatía sin convertirla, todavía, en un respaldo masivo. Su perfil de mejor imagen es el de mujer del área metropolitana; el de peor, el varón del interior del país”, explicaron. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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