TALA SA: de fabricar armamento al retiro de máquinas de la planta de explosivos
Por Jorge Suárez
Como muchas de las cosas que suceden en Argentina, esta también comenzó como un chiste y terminó siendo real. Es que desde la muerte del Indio Solari (sucedida el viernes 5 de junio) no solo fueron escasísimos los días soleados, sino que también hubo en distintas regiones del país fuertes vientos y poderosas tormentas con saldos funestos, además de alertas amarillas y naranjas hasta una ciclogénesis en la zona de Mar del Plata y alrededores.
La cifra es contundente: desde el 5 de junio hasta hoy martes 18 de agosto pasaron 73 días y sólo en doce de ellos salió el sol. Es decir, apenas el 16,44 por ciento del total de las jornadas. Un número adverso y que influye en el ánimo de las personas por diversos motivos, desde la falta de vitamina D hasta la imposibilidad de poder poner a secar la ropa lavada.
Todo esto contribuyó naturalmente a invocar “Y mientras tanto el sol se muere”, canción que el Indio Solari había grabado para “Porco Rex”, su segundo disco solista, publicado en 2008, aunque lejos de abrazar la otra frase: “y no parece importarnos” (pues, a esta altura, en verdad nada parece importarnos más que cebo vuelva a asomar).
No es la única poética solariana que narra las desavenencias climatológicas sucedidas tras su partida: el mismo fin de semana en el que se desarrolló su multitudinario funeral arreciaron lluvias especialmente en la zona de Villa Domínico donde se encuentra el Polideportivo José María Gatica que fue sede de las exequies. Todo, por cierto, recordó a la canción “Ceremonia durante la tormenta”.
Como si todo esto fuera poco, encima se presume la llegada de la tormenta de Santa Rosa para la semana que viene. Simplemente esperemos que lo que suceda no sea precisamente lo que el Indio escribió en “Todos a los botes” entre temblores y mareas. (www.REALPOLITIK.com.ar)