Se trata del primer informe del año del observatorio Pulsar de la Universidad de Buenos Aires (UBA) titulado “El ascenso del ningunismo. Una sociedad de pertenencias débiles”. 4 de cada 10 argentinos no se identifica con ningún partido; mientras que 6 de cada 10 está “poco” o “nada” interesado por la política.
Entre el 27 de mayo y el 10 de junio, el observatorio universitario realizó 1.252 encuestas a mayores de 18 años de todo el país, bajo la técnica de relevamiento telefónico, por celulares y domiciliario. Este nuevo informe sobre las creencias sociales, denominado “El ascenso del ningunismo. Una sociedad de pertenencias débiles”, indaga cómo se relacionan hoy los argentinos con la política y con las reglas que organizan la vida en común.
La sociedad argentina transita una profunda transformación en su forma de relacionarse con la esfera pública. Lo que históricamente se caracterizó por pasiones intensas y polarizaciones ruidosas está dando paso a un fenómeno silencioso pero masivo: el “ningunismo político”, anclado principalmente en que casi la mitad de los argentinos ha decidido bajarse del tablero partidario tradicional para ubicarse en la periferia del sistema.
El dato central se sostiene en el 42 por ciento de los encuestados que afirma no simpatizar ni sentirse identificado con ningún partido político o espacio disponible en la actualidad. Este segmento, lejos de ser un residuo estadístico de indecisos, se ha consolidado como el grupo mayoritario y más dinámico del país, superando las identidades históricas del peronismo, Juntos por el Cambio o La Libertad Avanza.
El fenómeno no es un hecho aislado, sino que viene acompañado de un desplome abrupto en la atención que se le presta a la dirigencia. El 63 por ciento de la población declara estar “poco” o “nada” interesada en la política, lo que representa un salto de 18 puntos porcentuales respecto a las mediciones del año anterior. En apenas unos años, la apatía dejó los márgenes sociales para convertirse en la norma de casi dos tercios de los ciudadanos.
Cuando se les pide a los argentinos que se ubiquen en una escala ideológica del 1, asignado a la izquierda, al 10, asignado a la derecha, el promedio general de la sociedad se sitúa en un tibio 5,3. Entre los llamados “ningunistas”, esa cifra se clava todavía más cerca del punto medio con un 5,1. Sin embargo, los investigadores de la UBA advierten que esta tendencia no debe leerse como un vuelco hacia la moderación programática o el consenso constructivo.
El informe define este espacio como un “no lugar”, es decir, una zona de refugio conceptual para tomar distancia de etiquetas rígidas, divisiones artificiales y discursos confrontativos que generan cada vez menos representatividad en la gente. Los ciudadanos circulan por allí, pero no lo habitan con militancia ni pertenencia real.
Una de las conclusiones más paradójicas del estudio es que la pérdida de pertenencia política ha blindado las relaciones personales frente a la intolerancia cotidiana. A pesar de que el 71 por ciento de los argentinos confiesa que en líneas generales no se puede confiar en la mayoría de las personas, exhibiendo un síntoma claro de fragmentación social en abstracto, en el plano real de los vínculos comunitarios la convivencia resiste. De hecho, el 82 por ciento de los consultados rechaza la idea de juzgar si una persona es buena o mala según sus opiniones políticas, una proporción que aumentó 11 puntos desde la primera medición en 2023.
Al mismo tiempo, el 70 por ciento afirma que no tendría problemas en estar en pareja con alguien que piense ideológicamente opuesto, mientras que solo el 26 por ciento sentiría rechazo de tener como vecino a un simpatizante de otro partido político. La política ya no permea ni ordena los afectos, y las diferencias se aceptan porque la ideología ha dejado de ser el documento que define la calidad moral del otro.
El estudio también marca que existe una marcada permisividad hacia transgresiones que se perciben como privadas o ligadas al consumo informal, donde el 56 por ciento acepta la compra de ropa falsificada y el 51 por ciento tolera el uso de plataformas piratas de streaming. En cambio, el castigo social es casi unánime cuando la falta daña a terceros o rompe el pacto cívico fundamental. El 91 por ciento rechaza de forma absoluta el intercambio de votos por favores o dinero, el 84 por ciento condena cruzar semáforos en rojo, y el 83 por ciento repudia el cohecho a las fuerzas de seguridad o empleados públicos.
En esta línea, el 54 por ciento de los argentinos entra en la categoría de “rigoristas morales”, un perfil estricto frente a las transgresiones de las reglas de convivencia donde los “ningunistas” tienen una fuerte presencia. Por otro lado, el repliegue de los partidos políticos coincide con un desierto de participación comunitaria en el que ningún espacio relevado supera el 16 por ciento de asistencia, cifra que apenas alcanzan las organizaciones religiosas. A estas le siguen los clubes deportivos con un 15 por ciento y las entidades de ayuda social con un 14 por ciento. Las expresiones más bajas corresponden a los sindicatos con un 4 por ciento y a las agrupaciones políticas o de militancia barrial con apenas un 5 por ciento.
La Argentina actual se traza con sus ciudadanos que se toleran en las calles y en las casas, pero se niegan rotundamente a habitar las estructuras colectivas que tradicionalmente articulaban la vida pública del país. “Más que una sociedad despolitizada en sus contenidos, parece desconectada de las instituciones, organizaciones y comunidades que tradicionalmente articulaban esos contenidos”, concluyeron. (www.REALPOLITIK.com.ar)