Guillermo Catuogno, director del Laboratorio de Tecnologías Apropiadas (LabTA) de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) e investigador del CONICET, dialogó con RADIO REALPOLITIK FM (www.realpolitik.fm) sobre el trabajo que desarrollan para llevar energía renovable a comunidades rurales que no tienen acceso a la red eléctrica. El especialista también explicó el proyecto para reconocer la energía que generan estas familias y el uso de tecnología blockchain para medirla.
Catuogno explicó que el trabajo del laboratorio comenzó hace casi una década y que, con el tiempo, la dimensión tecnológica dejó de ser el único eje de la iniciativa. “El eje de nuestros trabajos se basa en la electrificación rural. Así comenzamos hace ya casi 10 años que estamos trabajando en esto”, señaló.
En ese sentido, destacó que el contacto permanente con las comunidades modificó la perspectiva inicial del equipo. “Trabajar en eso al principio fue un problema muy tecnológico, que era por ahí lo que sabíamos nosotros. Con el paso de los años uno se va dando cuenta que lo tecnológico es lo que por ahí menos importa”, sostuvo.
El investigador remarcó que las familias rurales enfrentan desigualdades que muchas veces quedan fuera de las estadísticas oficiales. “Todas estas familias rurales por ahí están como olvidadas. No tienen las mismas posibilidades y oportunidades que una familia en la ciudad”, afirmó.
Además, explicó que el acceso a la electricidad representa mucho más que la posibilidad de iluminar una vivienda. “Nosotros instalamos sistemas que a las familias les permiten poder tener una heladera, poder tener una bomba de agua, una energía que sea suficiente como para tener comodidades como tiene alguien en la ciudad”, detalló.
Uno de los principales objetivos actuales del LabTA es lograr que la energía renovable producida por las familias rurales sea reconocida. Catuogno explicó que el relevamiento realizado en San Luis permitió identificar unas 2.400 familias que generan su propia electricidad.
“Nosotros hemos relevado esas 2.400, pero para mí hay más del doble”, sostuvo el director del laboratorio, quien participó de una presentación ante la Comisión de Ambiente de la Cámara de Diputados provincial para impulsar una iniciativa de reconocimiento.
Según explicó, estas familias producen energía limpia sin recibir un reconocimiento equivalente al que obtiene un usuario urbano que instala paneles solares. “Toda esta energía que generan estas familias rurales no tiene ese reconocimiento”, planteó.
El especialista puso el foco también en la necesidad de garantizar la continuidad de los sistemas instalados. “Nosotros nos enfocamos más allá de electrificar en que nuestros sistemas tengan luz para siempre, no por tres o cuatro años”, afirmó, al referirse al problema que representan las baterías de los equipos solares.
El laboratorio también desarrolló herramientas para medir la energía producida por las familias rurales. En San Luis comenzaron con un proyecto piloto en el que instalaron sensores capaces de registrar diariamente la generación eléctrica de cada vivienda.
“Eso se sube a una base de datos y se almacena en una blockchain que tenemos corriendo, una blockchain privada en nuestro laboratorio”, explicó Catuogno. A partir de esos registros, el sistema genera certificados vinculados con la cantidad de energía producida.
El esquema contempla además una distribución de los recursos generados mediante esos certificados. “El 40 por ciento de ese token está destinado a aliviar la cuota de reemplazo de batería de las familias, otro 40 por ciento es para acumular, para crear nuevas instalaciones, nuevas familias, y un 20 por ciento es para la operación y el mantenimiento de todo este sistema”, detalló.
La iniciativa forma parte de una transformación institucional del proyecto, que pasó de funcionar exclusivamente como laboratorio universitario a constituir también una empresa de impacto social. “Esta empresa nos permite acceder a otros financiamientos internacionales que son para emprendimientos”, explicó.
Catuogno relató algunas de las experiencias que atraviesan las familias beneficiarias de los proyectos, especialmente en el norte argentino. Según explicó, en algunos casos se trata de personas que nunca habían tenido electricidad en sus hogares.
“Hay generaciones en la casa desde el bisabuelo hasta el nietito, que viven 15 en una habitación de 3x3, que nunca tuvieron luz en su vida, entonces el solo hecho de prender una lamparita es el día y la noche para ellos”, describió.
La incorporación de electricidad también permite que las familias comiencen a utilizar otros dispositivos y mejoren sus condiciones de vida. “Una vez que ellos tienen luz, ya pasan a tener un ventilador, después pueden tener un tele, y empiezan a tener esos consumos, ni hablar si consiguen una heladera, les cambia la vida prácticamente a partir de tener luz”, sostuvo.
El trabajo también busca generar capacidades dentro de las propias comunidades. En el Chaco, por ejemplo, el equipo incorpora electricistas locales para realizar tareas de mantenimiento y resolver problemas técnicos cuando los investigadores no se encuentran en territorio.
El proyecto tiene además una fuerte vinculación con escuelas secundarias y universidades. Catuogno contó que desde hace años trabajan con escuelas técnicas para que los estudiantes participen de la construcción e instalación de tecnologías destinadas a las comunidades rurales.
“No es lo mismo cuando ve que eso que hizo con sus manos, que soldó, le termina dándolo a una familia, entonces los chicos de la escuela secundaria, la verdad que también es una experiencia muy linda”, destacó.
El especialista también remarcó que el acceso a la energía puede abrir nuevas oportunidades productivas y educativas en territorios donde las alternativas son escasas. “La electricidad para todas esas cosas es fundamental, y son sobre todo oficios que se le van enseñando a los chicos”, explicó.
En el caso del Impenetrable chaqueño, el objetivo excede la instalación de paneles solares. “Se tratan de enseñar otros oficios a la familia para que permanezcan ahí y puedan seguir cuidando el monte, y empezar a abrir otras alternativas”, sostuvo.
Catuogno también reflexionó sobre el vínculo entre la universidad, la investigación y las nuevas generaciones. Desde su experiencia como docente e investigador, consideró que la educación necesita encontrar formas concretas de despertar el interés de los estudiantes.
“Más que darle información, lo que nosotros o yo trato de hacer es motivarlos con algo, si lo que le está enseñando tiene algún fin o algún objetivo, ahí ellos después tienen que pararlos”, afirmó.
En esa línea, planteó que no existe una única manera de despertar el compromiso de los jóvenes. “Creo que el secreto es encontrarles la motivación, ya sea en esto que hacemos nosotros o en lo que les guste a ellos, no todos tienen que instalar paneles, pero cada uno tiene sus motivaciones”, señaló.
Para el investigador, cuando los estudiantes encuentran un objetivo concreto, el compromiso puede ser profundo. “Los chicos son todo o nada, entonces se super comprometen”, resumió.
Al proyectar el trabajo del LabTA para los próximos años, Catuogno planteó que el objetivo es ampliar las soluciones y acompañar procesos de desarrollo integral en las comunidades rurales.
“Como objetivo siempre nos proponemos seguir creciendo e ir dando soluciones más integrales, no sólo empezamos con la energía, pero ya ahora la energía es la excusa”, sostuvo.
En ese sentido, explicó que el desafío es que las herramientas tecnológicas permitan generar nuevas oportunidades para las familias. “Las soluciones que proponemos tratan de llegar a desarrollos productivos, que las familias tengan otras oportunidades”, afirmó.
Finalmente, destacó el valor de construir proyectos que puedan trascender a sus propios impulsores. “En este viaje que estamos haciendo, que nos hemos comprometido en cierto modo con las comunidades rurales, es haber dejado una huella, digamos, en ese camino, que alguien la pueda continuar”, concluyó. (www.REALPOLITIK.com.ar)