Se trata de la primera encuesta nacional de intenciones reproductivas, realizada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Argentina y la consultora Voices!, que revela la existencia de una profunda brecha entre el tamaño de familia que las personas anhelan y el que efectivamente logran concretar.
Argentina, enmarcada en una tendencia global, atraviesa una transformación demográfica profunda y acelerada. La caída de la natalidad en nuestro país alcanzó un piso histórico de 1,2 hijos por mujer, un número que sitúa a Argentina muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional. Este escenario no responde únicamente a una libre elección de las nuevas generaciones, sino a un complejo entramado de limitaciones materiales.
En este contexto, el UNFPA en Argentina y en conjunto con la consultora realizaron la primera encuesta nacional de intenciones reproductivas, con el objetivo de relevar las motivaciones y barreras para decidir en un contexto de baja natalidad en el país. El trabajo de campo tuvo lugar entre el 27 de enero y el 18 de febrero y contó con 1.515 casos representativos de la población argentina entre 18 y 70 años, residentes en regiones como AMBA, la pampeana, el noreste, el noroeste, cuyo y la Patagonia, cuyas entrevistas fueron anónimas y confidenciales.
Casi seis de cada diez argentinos de entre 18 y 45 años manifiestan tener aspiraciones reproductivas no realizadas. El estudio expone que el 57 por ciento de este grupo etario desearía tener más hijos si no mediaran limitaciones de ningún tipo. El modelo de familia ideal en el país se concentra mayoritariamente en los dos hijos, una preferencia compartida por el 34 por ciento de los encuestados, mientras que un 59 por ciento se inclina por un proyecto familiar de entre uno y tres descendientes. Sin embargo, el potencial reproductivo se ve frenado por factores que exceden la voluntad individual y se vinculan de manera directa con las expectativas de estabilidad.
La postergación o la renuncia a la mapaternidad opera en la actualidad como una estrategia de preservación frente a un entorno percibido como hostil para la crianza. El costo económico de mantener a un hijo, la inseguridad en el mercado laboral y las dificultades crónicas para acceder a una vivienda propia surgen como los principales obstáculos materiales. A estas dificultades económicas se suma la desigual distribución de las tareas de cuidado dentro de los hogares, una asimetría que sobrecarga a las mujeres y las obliga a priorizar su desarrollo profesional o su autonomía financiera antes de contemplar la llegada de un nuevo integrante a la familia.
El informe también pone bajo la lupa la otra cara de la moneda: el exceso reproductivo, definido como el hecho de haber tenido más hijos de los planeados originalmente. Esta situación afecta al 11 por ciento de la población de hasta 45 años, pero evidencia una correlación directa con la desigualdad socioeducativa. En los sectores que no lograron completar la educación secundaria, este porcentaje trepa al 18 por ciento, una cifra que se eleva hasta el 32 por ciento cuando se analiza de manera retrospectiva el segmento de personas de entre 46 y 70 años. Estos datos confirman que las dificultades para planificar y sostener los ideales familiares impactan con mayor fuerza en los contextos de mayor vulnerabilidad.
Los especialistas señalan que la caída de la fecundidad no debe abordarse meramente como un frío problema demográfico o estadístico, sino como un síntoma de transformaciones estructurales desatendidas. La solución planteada por los organismos no radica en promover los nacimientos en abstracto ni en restablecer mandatos tradicionales del pasado, sino en remover de raíz los obstáculos que restringen la libertad de elección. Para acortar la brecha entre el deseo y la realidad, el debate público actual exige el diseño de políticas integrales que fortalezcan las condiciones materiales de crianza, garanticen la corresponsabilidad en el hogar y aseguren un acceso equitativo a los servicios de salud reproductiva. (www.REALPOLITIK.com.ar)