Después del reconocimiento que recibiera el Indio Solari en mayo pasado, ahora la Universidad de Buenos Aires le entregó el doctorado Honoris Causa a Alejandro Dolina en un evento emotivo que quedará para siempre.
La línea de entregarle la máxima distinción de la universidad a figuras de la cultura popular le sigue en saga al que recibió el año pasado Charly García. En esta oportunidad, el prestigio lo certificó la Facultad de Ciencias Sociales y, como tal, anfitrionó el evento en el Aula Magna del edificio de constitución.
Avanzada la tarde, la cola para acceder al evento daba vuelta la manzana de FSOC, cuyo acceso principal se encuentra sobre Santiago del Estero. Pasadas las 18 horas, y cuando el auditorio ya estaba colmado, ingresó al salón y atravesó la marea humana en un conmocionante baño de aplausos.
El evento inició con las formalidades del caso a cargo de las autoridades. En ese sentido, primeramente tomó la palabra Diego de Charras, vicedecano de la Facultad de Sociales: “Este diploma es la máxima distinción de nuestra universidad y busca reconocer el conocimiento que no necesariamente se gesta en las aulas, pero que es tanto más importante porque en esta casa de estudios nos dedicamos a estudiar la cultura popular”.
“Alejandro Dolina es una de las mayores expresiones de la cultura popular argentina. Esta es una facultad joven, vivió con mucha intensidad los finales de la década del 80 y principios de los 90; en esos años, la figura de Dolina circulaba como un Ángel Gris por los pasillos de nuestra casa, que fue paseando por varios puntos de la ciudad hasta llegar a esta sede en Constitución. Alejandro atraviesa la formación de nuestros estudiantes”, agregó de Charras, a la vez que agradeció a varias personas, entre ellas Maica Iglesias, histórica productora de La Venganza Será Terrible, y Juan Ignacio Provéndola, uno de los principales impulsores de esta idea y docente de la materia “Cultura rock y política” de la carrera de Comunicación de FSOC.
Luego prosiguió Larisa Kejval, directora de Comunicación y encargada de pronunciar el elogio académico para el Negro: “Dolina, quizás a su propio pesar, ha dejado de ser solamente un hombre. Su nombre se volvió adjetivo, verbo, una forma de retórica argumentativa: A lo Dolina. Eso es dolinesco. Eso es doliniano. Vaya pavada de legado. Las palabras y los cosos. Incluso una plaza del barrio de Flores no lleva su nombre sino que va más allá: lleva el nombre de uno de sus personajes. El Ángel Gris. Es el triunfo de la prosa”.
Por último, y después de recibir el diploma y la medalla, Dolina invitó al escenario a Gabriel Rolón, quien inició un interrogatorio que por un momento ayudó a recrear el ambiente de “La venganza será terrible en el auditorio”. Al cabo de una serie de preguntas e intercambios, el psicólogo hizo una consulta final que, a modo simbólico, fingía ser el interrogante decisivo para la entrega del Honoris Causa al estilo de un final o una defensa de tesis.
“Años y años ha pasado interpelando el universo, miles de melodías y de poemas, de mitos y lecturas de libros de textos, de besos y rechazos, toda una vida dedicada a la duda y al pensamiento. ¿Para qué le ha servido tanto esfuerzo”, consultó Rolón. Tras una dramática pausa, Dolina respondió: “Para nada”. “¡Bienvenido, Doctor”, cerró el analista para la última ovación de la UBA. (www.REALPOLITIK.com.ar)