Miércoles 9 de septiembre de 2026

Política

Sondeo de Zentrix

Javier Milei y la economía: más de la mitad ya agotó la paciencia y no espera resultados

09/09/26 | El 53,2 por ciento de los argentinos ya no tiene paciencia para esperar mejoras económicas y el 81,2 por ciento afirma que sus ingresos pierden con la inflación.


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Por:
Adrián González

Se trata de un informe de Zentrix Consultora, que abordó las percepciones de la opinión pública sobre la situación económica, política y social. A pesar que casi el 39 por ciento de la sociedad respalda la continuidad del modelo actual, el severo deterioro de los salarios frente a la inflación y el crecimiento del endeudamiento familiar tensionan los plazos políticos de cara a las próximas elecciones presidenciales.

Los datos surgen del Monitor de Opinión Pública (MOP), un estudio que contó con 1.466 casos de las 24 jurisdicciones del país, relevados entre el 25 y 31 de agosto. El objetivo fue relevar percepciones sociales sobre dirigentes políticos, evaluación económica personal y nacional, incorporando, entre otras dimensiones de análisis, una clasificación política entre oficialismo y oposición definida según el voto emitido en las elecciones legislativas de 2025.

 

El escenario político y socioeconómico argentino transita por una profunda contradicción donde las convicciones ideológicas de fondo se enfrentan de manera directa con las urgencias presupuestarias de la vida cotidiana. Esta afirmación se evidencia con una parte relevante de la población cuyo deseo es que continúe el mismo modelo económico de cara al año 2027, alcanzando un 38,7 por ciento de respaldo a nivel nacional. Este núcleo de apoyo registra su pico histórico en el estrato socioeconómico de clase alta, donde la cifra se dispara hasta el 60,7 por ciento.

Sin embargo, la investigación revela que este piso político convive en la actualidad con una impaciencia civil marcadamente mayoritaria, debido a que el 53,2 por ciento de los encuestados afirma de forma tajante que ya se le acabó la paciencia para esperar mejoras en la gestión. La tensión del relevamiento no se traduce necesariamente en un rechazo definitivo al rumbo oficialista, sino en una peligrosa fricción entre los tiempos institucionales del gobierno y las necesidades materiales de los hogares, en un marco donde apenas el 22,9 por ciento de la sociedad asegura estar percibiendo los resultados económicos hoy en día.

El estudio ratifica que el momento exacto en el que se corta la capacidad de consumo de los ciudadanos está condicionado por la posición socioeconómica y no por factores generacionales. En los sectores de menores recursos económicos de la sociedad, la vulnerabilidad adquiere dimensiones alarmantes debido a que el 87,6 por ciento de las personas pertenecientes al estrato bajo ya se encuentra totalmente sin ingresos al llegar al día veinte de cada mes, reduciendo a un absoluto cero por ciento la posibilidad de finalizar el período mensual con algún tipo de ahorro financiero.

En una realidad completamente opuesta, el sector clasificado como estrato alto registra que únicamente el 7,3 por ciento se encuentra desfinanciado en dicha fecha, mientras que un 39,4 por ciento logra cubrir la totalidad de sus gastos corrientes y ahorrar capital de forma paralela. Por otra parte, al segmentar este indicador por rangos de edad, las distancias estadísticas resultan mucho menores, demostrando que el 66 por ciento de los jóvenes de entre 18 y 39 años se queda sin ingresos antes del día 20, frente al 60,3 por ciento observado en los adultos mayores de 60 años.

Salarios contra la inflación y la transversalidad del malestar económico

El origen de este descontento generalizado se fundamenta de manera directa en la pérdida sistemática de poder adquisitivo frente al incremento generalizado de los precios. El 81,2 por ciento de la muestra total del país asegura de manera contundente que su salario no le está ganando a la inflación, instalando una experiencia de deterioro económico que atraviesa de forma transversal a toda la sociedad argentina.

Este fenómeno se manifiesta de forma muy particular al analizar las respuestas bajo el clivaje de la identificación política según el voto emitido en los comicios legislativos del año anterior. Entre aquellos ciudadanos identificados de forma abierta como votantes oficialistas, la percepción de que los sueldos pierden terreno frente a la inflación alcanza a una mayoría del 61,2 por ciento, una cifra que asciende de manera estrepitosa al 95,2 por ciento de negatividad en el segmento compuesto por los votantes opositores.

Este panorama de retracción salarial ha desplazado los ejes tradicionales del debate público del país, provocando que las principales preocupaciones sociales de la población tengan en este período un carácter estrictamente financiero. El ranking de problemáticas ciudadanas se encuentra liderado por la preocupación asociada a los ingresos y los salarios, seguida inmediatamente por la incertidumbre económica generalizada y, en tercer orden, por el miedo a la pérdida del empleo y el avance de la desocupación.

En contraposición con mediciones anteriores del Monitor de Opinión Pública donde la corrupción estatal solía encabezar las principales demandas de la sociedad, en el mes de agosto esta variable cayó de forma inédita hasta el cuarto puesto, evidenciando cómo las dificultades asociadas a la subsistencia diaria lograron subordinar el resto de las discusiones políticas tradicionales de la agenda mediática.

El endeudamiento familiar como herramienta obligada de subsistencia

Ante la imposibilidad fáctica de financiar el mes con los ingresos laborales corrientes, el recurso al crédito se ha transformado en un fenómeno masivo que afecta al 60,2 por ciento de la población del país. Sin embargo, el informe destaca que el endeudamiento familiar cumple una función social y de consumo drásticamente diferenciada según la pertenencia de clase de los hogares argentinos.

Al indagar los motivos detrás de la toma de nuevas obligaciones financieras dentro del estrato bajo, el 65,7 por ciento de los deudores afirma que debió recurrir a la asistencia crediticia exclusivamente para poder cubrir necesidades de carácter básico, tales como la compra de alimentos de primera necesidad y la atención de la salud familiar, mientras que apenas un 2,8 por ciento utilizó los fondos para la adquisición de bienes durables.

En el extremo opuesto del espectro social, la relación estadística se invierte, registrando que en el estrato alto un 29,6 por ciento de las personas se endeuda para financiar el consumo de bienes durables y solo un 27,2 por ciento lo hace para afrontar los gastos de subsistencia esenciales.

Al realizar la misma consulta en el segmento socioeconómico de clase media el indicador se ubica en el 52,1 por ciento, disminuyendo hasta un 43,4 por ciento entre los encuestados pertenecientes a la clase alta. A su vez, los jóvenes muestran una mayor vulnerabilidad ante este fenómeno, dado que el 67,1 por ciento de los argentinos de 18 a 39 años debió financiarse de manera externa en el último semestre, en comparación con el 54 por ciento de endeudamiento que se observa en el rango de los adultos mayores de 60 años.

El reflejo político del bolsillo y las proyecciones hacia el escenario electoral

La profunda polarización económica de los hogares tiene su correlato exacto en los niveles de aprobación y en las curvas de popularidad de los principales dirigentes políticos de la nación. La imagen positiva del presidente Javier Milei exhibe un marcado sesgo de clase al consolidar un 59,4 por ciento de apoyo dentro del estrato alto y apenas un 22,4 por ciento en el estrato bajo, mostrando una desaprobación general de su gestión que asciende al 66,2 por ciento en los sectores de menores ingresos del territorio nacional.

De manera diametralmente inversa, la valoración de la figura del gobernador bonaerense Axel Kicillof reproduce el mismo clivaje social, pero en sentido opuesto, dado que su imagen positiva se sitúa en el 48,9 por ciento dentro del sector bajo de la población y cae de forma nítida hasta el 24,7 por ciento en la cúspide socioeconómica del estudio. Ambas curvas institucionales corren de manera paralela a la estratificación económica, dejando en evidencia que la evaluación de los liderazgos se organiza bajo las mismas variables materiales que ordenan el poder adquisitivo en el país.

De cara al horizonte de las elecciones presidenciales de 2027, el potencial electoral de las fuerzas políticas tradicionales muestra un escenario de extrema paridad y parálisis, condicionado por los sentimientos colectivos que genera el porvenir cercano. Al pedir a los ciudadanos que definan en una sola palabra el sentimiento que les inspiran los próximos 12 meses, la tendencia es un predominio absoluto de términos vinculados al malestar, tales como incertidumbre, angustia, miedo, preocupación y bronca, los cuales compiten de forma directa con los focos de resistencia emocional expresados bajo las palabras de esperanza y expectativa.

Con un panorama general donde casi 6 de cada 10 encuestados manifiesta de manera abierta la necesidad de un cambio de rumbo en el modelo económico, el gran desafío de la dirigencia radica en canalizar electoralmente un humor social condicionado por el agotamiento de la paciencia colectiva y la erosión constante de los presupuestos familiares. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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