Hugo Sigman: la historia del zar de las vacunas y el ganado, bajo la lupa judicial
Por Antonio D'Eramo
La memoria histórica suele ser un terreno de disputas estéticas y políticas. En el debate público actual, con frecuencia se romantiza el modelo de la Argentina de principios del siglo XX como una era de oro indiscutible. Sin embargo, excavar en los archivos de la prensa de la época nos permite recuperar la temperatura real de aquellos días.
El valioso registro documental rescatado en el libro "La Nación, 135 años. Testimonios de tres siglos", publicado por el matutino en enero de 2005 con motivo de su aniversario, nos ofrece un testimonio invaluable sobre la fastuosidad, el protocolo y las contradicciones de una Nación que buscaba consolidar su prestigio ante los ojos del mundo en mayo de 1910.
Una recepción apoteósicaLas crónicas originales de aquel 19 de mayo de 1910 se vistieron de gala para narrar el arribo de la Infanta Isabel de Borbón, representante oficial y enviada especial de España para los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo.
Los textos de la época describían el escenario fluvial con un lirismo imponente: "A la medida que iba ascendiendo el sol, la bruma fue diluyéndose... Sobre el azul intenso y claro las naves de guerra comenzaban a dibujarse". El despliegue militar y naval para escoltar al crucero real Alfonso XII no escatimó en recursos.
El estallido de la artillería nacional y los acordes de la marcha real española marcaron un hito simbólico: apenas un siglo después de la ruptura independentista, la joven república del Plata recibía con honores de estado a la Corona de la que se había emancipado, en un gesto de reconciliación diplomática y geopolítica que consolidaba la inserción argentina en el concierto de las naciones occidentales.
El relato recuperado en esta edición aniversario hecha por tierra cualquier frialdad protocolar y destaca el desborde popular en las calles porteñas. Según la crónica, los cálculos más optimistas se vieron superados por una "imponente manifestación popular" que congregó a ciudadanos de todos los rincones de la metrópoli en la Avenida de Mayo.
El texto refleja una intensa comunión en el espacio público: "Una sola palpitación tenía el alma de aquella imponente multitud: una palpitación de cariño de simpatía, de respeto hacia la portadora del saludo generoso y noble que el pueblo madre enviaba a la gran familia argentina". La ocupación de la calle, que hoy sigue siendo el gran termómetro de la política nacional, ya mostraba en 1910 su carácter central en la vida cívica del país.
Para el analista contemporáneo, la lectura de estas páginas —preservadas para la posteridad gracias al volumen editado en 2005— no solo revela el orgullo de la llamada "Generación del 80", sino también las tensiones subyacentes de un modelo agroexportador que exhibía riqueza material en el centro porteño mientras crujían las estructuras sociales de fondo.
Los festejos del Centenario convivieron con huelgas obreras, reclamos de los sectores inmigrantes y la declaración del Estado de Sitio por parte del gobierno de José Figueroa Alcorta para garantizar, precisamente, la pulcritud de las postales que la prensa inmortalizaba.
Revisar este documento histórico nos invita a reflexionar sobre una lucha permanente de nuestra historia: la tensión entre la Argentina que se proyecta hacia el exterior y la realidad de un tejido social interno que quiere esconder. (www.REALPOLITIK.com.ar)