Black Hawk: el “helicóptero fantástico” de 140 millones de dólares para el Ejército
Por Jorge Suárez
El mes de septiembre nos convoca, bajo el lazo del Septiembre Amarillo, a debatir de forma urgente sobre la salud mental y la alarmante escalada de muertes autoinfligidas en nuestro país. Hay una pregrunta que nos tenemos que hacer: ¿Por qué se mata la gente? La causa nunca es una sola, pero en los casos en que no se trata de una respuesta a un estado generado por circunstancias personales, el suicidio es la salida que el induviduo encuentra viable ante problemas que no puede resolver
El tratamiento que recibe el cuerpo de una persona que se suicida es la frialdad burocrática de siempre: certificados de defunción que no dicen la verdad sobre la causa. Mejor dicho, se limitan a lo que el mismo cuerpo deja ver, pero ocultan los motivos que llevaron a la persona quitarse la vida.
Paro cardiorrespiratorio y asfixia mecánica aparecen como categorías que salvan la formalidad de los papeles, pero la familia siempre sabe la verdad. Primero, empieza con la desesperación absoluta por no llegar a fin de mes. Después sigue con la pérdida del empleo y por últmo, con el derrumbe del proyecto de vida que soñó y que merece tener, a pesar de que la dictadura mileista quiera lo contrario.
Detrás de la decisión de interrumpir la propia existencia, se esconde la verdadera epidemia de nuestro tiempo: el endeudamiento asfixiante. Las familias argentinas se debaten diariamente entre comprar comida o pagar los servicios básicos, cayendo en un laberinto de deudas que destruye cualquier perspectiva de futuro.
El agobio financiero, que no es otra cosa que la consecuencia de haber votado pésimo en 2023- actúa como un verdugo silencioso que no deja marcas físicas inmediatas, pero que carcome la estabilidad mental de los ciudadanos. Son casi tres años de ver la peor cara de un modelo económico que necesita, ya no el patrimonio, sino la vida de los perdedores de un plan tan maldito como el degenerado que lo impulsa.
La violencia del régimen nos muestra, entre otras cosas, la riqueza de un anodino Adorni, en forma pornográfica. Si alguien le quiere creer, él dijo que encontró la lámpara de Aladino en un cajón y que eso fue suficiente para cambiar la casa, el auto y el comedor a Bettina. El discurso del régimen se sostiene con un par de impresentables que trabajan de diputados libertarios y con comunicadores -despreciables por defender al déspota que ataca a sus colegas- que le dan protección al régimen.
A esto se suma el desmantelamiento explícito de las redes de contención del Estado. El régimen entiende que los evasores son "héroes" y que el trabajador es un "perdedor". Huelga decir que pierde porque le pisan las paritarias, al tiempo que liberan todos los precios para "fomentar la competencia". Los que tenemos más de 40 sabemos que lo único que hicieron los gobiernos que siguieron lógica perversa del liberalismo, fue llenarse las manos de sangre y los bolsillos de plata ajena.
El dogma neoliberal postula que el individuo es el único responsable de su éxito o de su fracaso. Supongamos que un muchacho humilde quiere salir de la probreza: lo primero que haría es buscar un trabajo, para luego estudiar. ¿Puede hacerlo con el régimen mileista? No. Al estar sometido a extensas jornadas de trabajo -gracias a la "modernización" laboral- y con un salario de miseria, no va a pensar en estudiar porque la urgencia es asegurar el plato de comida. Tan cínicos son los liberales que invitan a competir a gente que no tuvo las mismas oportunidades. Solo un degenerado social puede ser indiferente a eso.

Para la receta liberal, todo se soluciona aislando a las personas en su sufrimiento y haciéndoles creer que su quiebra económica es un defecto estrictamente personal. ¿Alguien podía esperar otra cosa de la Revolución Fusiladora modelo 2023? ¿Se puede ser tan ingenuo de ir a votar guiados por las redes en vez de tomarse el tiempo de conocer la historia argentina, por lo menos, del siglo XX? El resultado de la ignorancia es Milei presidente.
Debemos llamar a las cosas por su nombre: las malditas "ideas de la libertad" matan. Los medios que no reproducen el catecismo oficial libertario muestran casos de suicidios de gente -en particular jubilados- consumida por las duedas. El Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) -dependiente del ministerio de Seguridad de la Nación- informó que 2024 hubo 4249 suicidios. Al año siguiente, hubo 5209. No estamos ante problemas que se resuelven en el diván del psicólogo. Estamos ante un modelo económico genocida, al que le sobran 20 millones de argentinos.