Lunes 14 de septiembre de 2026

Política

Escándalo

Lucas Ghi en jaque: la crisis de Morón pone bajo presión al intendente

14/09/26 | La crisis de seguridad llegó además en un momento de fuerte reconfiguración del peronismo de Morón.


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La protesta vecinal por la inseguridad, la fractura del oficialismo y la interpelación aprobada por el Concejo Deliberante profundizaron el desgaste político de Lucas Ghi. La posibilidad de una destitución todavía no está formalmente en marcha, pero el escenario abrió un debate sobre la fortaleza del intendente y su capacidad para sostener el poder de cara a 2027.

Lucas Ghi atraviesa uno de los momentos políticos más delicados desde su regreso a la intendencia de Morón. En cuestión de días, una protesta vecinal por la inseguridad llegó hasta las inmediaciones de su vivienda, el oficialismo terminó de fracturarse en el Concejo Deliberante y la oposición logró aprobar una interpelación para que el jefe comunal dé explicaciones sobre la situación de seguridad en el distrito.

El escenario adquiere mayor dimensión porque ocurre apenas seis meses después de que Ghi obtuviera cerca del 70% de los votos en la interna del Partido Justicialista de Morón, resultado que había fortalecido su posición dentro del peronismo local.

Ahora, aquella victoria partidaria convive con un escenario mucho más complejo: cuestionamientos vecinales, una oposición activa y la ruptura con el sector que durante años tuvo un peso central en la política moronense.

Una protesta que cambió el clima político

El conflicto tuvo como detonante un violento episodio ocurrido en El Palomar. Un comisario mayor retirado de la Policía Bonaerense recibió tres disparos cuando intervino durante un intento de robo frente al colegio Emaús, mientras se encontraba con su hija de 10 años.

La circunstancia agravó el impacto del hecho: el ataque ocurrió durante el horario de ingreso escolar y volvió a colocar la inseguridad en el centro de la discusión política de Morón.

Horas después, vecinos se movilizaron por las calles Dinamarca y D'Amico, a aproximadamente cien metros de la vivienda del intendente. La marcha avanzó luego hacia las inmediaciones de su domicilio y, según el relato de la jornada, no se registraron incidentes.

Pero el dato político fue la propia movilización. Familias del barrio salieron a reclamar respuestas y la dirigencia política quedó prácticamente al margen de la protesta.

El episodio expuso una situación incómoda para el oficialismo: la inseguridad dejó de ser solamente un problema de gestión para convertirse en un factor de presión política directa sobre el intendente.

La oposición consiguió interpelar a Ghi

En ese contexto, los bloques de La Libertad Avanza, PRO y UCR impulsaron la interpelación del jefe comunal y consiguieron aprobarla sobre tablas en el Concejo Deliberante de Morón.

Ghi deberá concurrir personalmente o enviar a los funcionarios correspondientes para responder sobre las políticas implementadas frente a la inseguridad y explicar cuáles serán los próximos pasos de su administración.

La herramienta legislativa tiene sustento en el artículo 108 de la Ley Orgánica de las Municipalidades. La normativa establece las atribuciones del Concejo para requerir informes y explicaciones al Departamento Ejecutivo.

El punto político más sensible es que el mecanismo no debería confundirse con un proceso de destitución. Ghi no enfrenta actualmente una destitución formal.

Para llegar a esa instancia sería necesario avanzar por un procedimiento específico, determinar la existencia de alguna de las causales previstas legalmente y constituir una Comisión Investigadora, con las mayorías correspondientes.

La diferencia jurídica es importante. Pero políticamente, la interpelación representa un nuevo escalón en el nivel de confrontación entre el Ejecutivo y la oposición.

La ruptura con Sabbatella dejó al intendente más expuesto

La crisis de seguridad llegó además en un momento de fuerte reconfiguración del peronismo de Morón.

Ghi viene profundizando su distanciamiento de Martín Sabbatella, dirigente que durante años tuvo una influencia determinante en el distrito a través de Nuevo Encuentro y del entramado político que acompañó sus distintas gestiones.

La ruptura también tuvo consecuencias institucionales. Concejales vinculados al sabbatellismo dejaron el bloque de Unión por la Patria y conformaron un espacio propio.

Mientras tanto, Ghi consolidó su acercamiento político al gobernador Axel Kicillof, en una estrategia que busca construir una identidad propia dentro del peronismo bonaerense y despegarse definitivamente de la conducción de Sabbatella.

El problema para el intendente es el momento en que se produce esa emancipación política.

Una ruptura puede significar autonomía cuando existe fortaleza. Pero también puede convertirse en un problema cuando el gobierno necesita votos, aliados y capacidad de negociación dentro del Concejo.

Y ahí aparece una de las principales debilidades del escenario actual: Ghi enfrenta la crisis con menos respaldo legislativo que el que tenía cuando comenzó su gestión.

Todos miran hacia 2027

La discusión también tiene un horizonte electoral.

Ghi no puede volver a presentarse para un nuevo mandato y, dentro del oficialismo, ya comenzaron a circular nombres para una eventual sucesión. Entre ellos aparecen José María Ghi, hermano del intendente, y Estefanía Franco, actual jefa de Gabinete.

Para cualquiera de esas alternativas, la construcción de una sucesión ordenada dependerá de la capacidad del intendente para conservar autoridad política durante los próximos meses.

La oposición, mientras tanto, tiene incentivos para profundizar el desgaste. El sabbatellismo puede aprovechar la crisis para recuperar terreno dentro del peronismo local y el espacio referenciado en Martín Marinucci también observa una oportunidad para ganar protagonismo frente a la fragmentación del oficialismo.

Así, la crisis excede la discusión puntual por la seguridad.

El problema para Ghi es político antes que institucional

Por ahora, hablar de una destitución sería adelantarse a los hechos. No existe un proceso formal de remoción del intendente en marcha.

El problema de Ghi es otro: la acumulación de conflictos.

Una protesta vecinal por inseguridad, una oposición que encontró una bandera común, una interpelación aprobada y una fractura dentro del oficialismo conforman un escenario que obliga al intendente a recuperar iniciativa política.

La pregunta que empieza a instalarse en Morón no es todavía si Ghi será destituido, sino cuánto poder conserva para atravesar la crisis y llegar fortalecido a la discusión por su sucesión.

Porque en la política municipal las crisis no suelen comenzar cuando aparece una mayoría dispuesta a remover a un intendente. Empiezan antes, cuando distintos sectores descubren que pueden enfrentarlo al mismo tiempo y que el costo de hacerlo ya no parece tan alto.

Y ese es, hoy, el verdadero desafío que enfrenta Lucas Ghi. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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