Martes 15 de septiembre de 2026

Cultura

Para chuparse los dedos 

“Relámpago negro": El rockero que hizo de la cocina un arte 

15/09/26 | El mundo del rock probó los manjares del guitarrista Alejandro Peraita y éste hizo lo que sus amigos músicos le insistieron: una línea de productos premium que mezcla recetas familiares con las mejores materias primas del país.


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Por:
Juan Provéndola

La guitarra del Piraña Alejandro Peraita sonó en canciones memorables: de El Soldado a La Mancha de Rolando, pasando por Nagüal y otros artistas de la escena. Antes de eso, había trabajado como asistente en recitales de La Renga y Los Redondos, además de todo show que pasara por el Superdomo, arena emblemática de la Mar del Plata en la que se crió durante los 80. Cuando se mudó a Buenos Aires tenía ya innumerables contactos en el mundo del rock, lo cuál le permitió seguir aprendiendo guitarra de la mano de grandes violeros como el Conejo Jolivet (Dulces 16, Pappo’s Blues, Patricio Rey) y el Tucán Barauskas (Pilsen, Los Violadores).  

Sus amigos y conocidos músicos son tantos como sus habilidades para la cocina. Y si bien estudió en el Instituto Argentino de Gastronomía, ya había recibido muchísima info de su familia. “Mi mamá nació en Saldungaray y era hija del capataz de una estancia gigante, así que se convirtió en una excelente cocinera de campo a los nueve años. Y mi papá era siciliano, así que cuando se juntaron la comida se transformó en una cosa de adoración, un verdadero asunto de estado para la familia”, asegura Piraña

“Éramos una familia pobre, aunque había mucho cariño. Y la comida era sintomática: si estabas feliz, se cocinaba algo especial, y si estabas mal… ¡también!, para levantarte el ánimo”. Ese conocimiento pre-académico también fue forjado por lo que sucedía en el barrio que habitaba, el del puerto marplatense, donde el pescado estaba a la orden del día: “Ahí aprendí de las viejas que eran muy buenas fabricando anchoas o boquerones, también conservas de tomate; cosas que aún hoy sigo buscando en Buenos Aires y no encuentro, ya sea porque están mal hechas, pasadas de salado, no tienen buenas texturas o se disuelven rápido en la boca”.

Esa ecualización entre los productos, la mano propia, los sabores y la sangre adquirió nuevos tonos cuando Piraña se dio cuenta que cocinarle a su propio hijo significaba mucho más que hacerle de comer: era un ritual que llevaba en su genética. Por eso Ciro Piraita heredó esa pasión y tiempo después se convertiría en el principal aliado de la aventura gastronómica.

Piraña con la banda Perro Indio y su otra pasión: la guitarra

Pero no fue hasta que empezó a agasajar con banquetes de manjares a sus amigos músicos que le cayó la idea: estos mismos le sugerían una y otra vez que se animara a desarrollar una propuesta comercial propia, de autor, con su impronta. Era una picardía absoluta que otros nobles paladares se perdieran semejante gracia.   

“El tema es que me proponían poner un restaurant y la gastronomía es muy esclava. Pero a la vez vi que en la música, que es mi otro metié, nunca me animé a tener mi propio proyecto, siempre preferí tocar para otros. Ni tampoco me animaría. En cambio, con la comida sentí que podía hacer algo que me definiera, con mi propio sello. Y, a esta edad, me animé”. Así surgió Relámpago Negro (@relampagonegrorockandfood en Instagram), presentado como una línea premium de productos artesanales que mezclan las mejores materias primas del país con recetas familiares antiguas y una nueva vuelta de tuerca a los nuevos clásicos”.

La guitarra y la cocina: las dos claves de Relámpago Negro

Lo primero que hizo Alejandro Peraita fue lo que él denominó “un pequeño estudio de mercado para conseguir los mejores productos”. Así aparecieron oréganos del sur de Mendoza y de Córdoba, pimentones de la zona de Cachi, aceitunas de distintas variantes provenientes de Catamarca y La Rioja, tomates secos de Cuyo y miel de San Pedro. “Todas cosas cien por ciento naturales y saludables, sin conservantes ni por ningún proceso para que no estén adulteradas ni tengan conservantes. Así empecé a crear productos con la mejor materia prima para someterlas a cocción y sanitización porque la calidad creo que está también en eso” .

“Hay una materia prima espectacular en Argentina. Busco cada cosa con mucho cuidado para que sea fiable y luego venderlos a un precio razonable y accesible”, asegura Piraña. De ese modo fue que apareciendo las especiales de Relámpago Negro: Chucrut, mostaza de Dijon, saldas Krasnyy, Red Hot Honey, Demiglass o Tio Jack en base a whisky, tomates secos semihidratados, berenjenas sicilianas, aceite de orégano, porotos pallares, morrones asados en leña, ajos macerados en miel. “El control de calidad lo doy yo”, asegura Peraita. “No es solo para agarrar la moneda: acá está puesto mi orgullo.Ya que no nos cuidamos en los 80, la revancha es cuidarnos ahora, jaja”. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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