Nadia Beller declarará desde Bolivia: cómo será su testimonio ante la fiscalía
Por Martín Carrizo
La Plata volverá a mirar desde afuera la Feria Internacional de Turismo (FIT), que entre el 26 y el 29 de septiembre reunirá en La Rural a destinos, empresas y profesionales de toda la región.
La ciudad llega con una oferta que, sobre el papel, parece difícil de explicar que todavía no haya alcanzado una dimensión turística mucho mayor.
Está la Catedral, el Museo de Ciencias Naturales, el Observatorio, el Planetario, el Paseo del Bosque, el teatro Argentino, el Pasaje Dardo Rocha, la República de los Niños, una importante oferta gastronómica y una agenda permanente de espectáculos artísticos y deportivos.
El propio portal turístico municipal contabiliza más de 250 eventos y festividades anuales y presenta a La Plata como una ciudad con capacidad para recibir eventos internacionales.
Pero tener atractivos no alcanza.
Los números del sector hotelero muestran una realidad que merece atención.
Según la Encuesta de Hoteles de La Plata elaborada por el Laboratorio de Desarrollo Sectorial y Territorial de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP, durante el segundo trimestre de 2026 la cantidad de viajeros alojados cayó 6,3 por ciento respecto del mismo período de 2025. Los hoteles también registraron una menor ocupación y debieron reducir tarifas para intentar sostener la demanda.
El dato resulta particularmente interesante porque La Plata no es una ciudad sin actividad.
Tiene una enorme población universitaria, es sede de organismos públicos provinciales, cuenta con universidades, hospitales, centros de investigación, clubes, estadios y una intensa actividad cultural.
El problema parece estar en otro lugar: una parte importante de quienes llegan a La Plata todavía no se comporta como turista, solo como pasajero. Viene por trabajo, por estudio, por un trámite, por una consulta médica o por un evento y se va.
El desafío es conseguir que una parte de esos visitantes se transforme en pernoctantes, consumidores gastronómicos, visitantes de museos, espectadores de eventos y turistas de fin de semana. Vale mencionar que la oferta hotelera es de las que más ha crecido a nivel nacional, hoteles nuevos e instalación de cadenas han puesto la oferta muy por encima de la media nacional.
En este escenario aparece una noticia que puede ser mucho más importante para el turismo platense de lo que parece y esperemos que no sea humo.
Irónicamente nadie, salvo quien suscribe esta nota, ha mencionado que la capital de la provincia más poblada del país no tiene conectividad aérea.
Durante septiembre se presentó un plan para reactivar el Aeropuerto de La Plata, que contempla una terminal para vuelos low cost y un hub logístico, con participación de capital privado e integración con la red vial y portuaria de la Región Capital.
Si el proyecto finalmente se concreta, La Plata podría incorporar una herramienta que durante décadas le faltó: conectividad aérea comercial propia. Pero el aeropuerto, por sí solo, tampoco resolverá el problema.
Un avión puede traer pasajeros. Lo que tiene que existir es una ciudad preparada para recibirlos y ofrecerles motivos para quedarse.
La ciudad tiene una característica que puede jugar a favor: no necesita competir con los grandes destinos tradicionales de naturaleza o playa. Puede construir otro producto.
La Plata puede venderse como una escapada cultural, gastronómica, científica, universitaria, deportiva y de eventos.
El patrimonio arquitectónico puede combinarse con walking tours. La gastronomía puede transformarse en una excusa para viajar.
El Planetario y el Museo de Ciencias Naturales pueden formar parte de circuitos específicos.
El fútbol y los grandes eventos deportivos pueden generar movimiento de visitantes.
La Universidad Nacional de La Plata y su enorme ecosistema científico pueden alimentar un producto de turismo académico y de reuniones.
Y la cercanía con Buenos Aires puede dejar de ser solamente una desventaja —“está demasiado cerca para quedarse”— para convertirse en una ventaja: una ciudad ideal para escapadas de uno o dos días.
El propio municipio ya trabaja con walking tours gratuitos y una agenda de actividades durante todo el año.
El paso siguiente es conseguir que esa oferta sea comercializada de manera sistemática.
La discusión turística de La Plata debería dejar de centrarse exclusivamente en cuántos lugares interesantes tiene la ciudad. Los lugares ya están.
La cuestión es otra: ¿cuántos turistas queremos que vengan, cuánto queremos que gasten y cuántas noches queremos que se queden?
Ahí aparece la necesidad de una política turística que articule al municipio con hoteles, restaurantes, agencias, operadores, universidades, clubes, organizadores de eventos y el sector privado.
La reunión que mantuvieron este año representantes del Estadio Único Diego Armando Maradona y la Cámara de Turismo de La Plata para avanzar en acciones conjuntas y en la creación de un observatorio turístico es, en ese sentido, una señal interesante: medir el movimiento generado por los eventos es indispensable para diseñar políticas con datos y no solamente con percepciones.
La FIT podría ser una buena vidriera para La Plata, pero sería un error limitar la participación a mostrar atractivos. La ciudad debería ir a Buenos Aires con productos concretos para vender: escapadas de fin de semana, circuitos gastronómicos, turismo cultural, turismo científico, turismo deportivo, congresos y eventos.
Y, sobre todo, debería aprovechar la feria para sentarse con agencias y operadores y preguntarles algo mucho más incómodo:
¿por qué hoy un turista debería elegir dormir en La Plata? La respuesta no puede ser solamente “porque tenemos la Catedral, el Bosque o el Museo”.
Tiene que ser un producto, que se venda todo el año, mas aun teniendo el principal mercado del pais a tan solo 65 kilómetros.
La posible recuperación del aeropuerto puede abrir una nueva etapa. La expansión de los eventos puede aportar otra. La gastronomía y la cultura tienen todavía mucho margen.
Y la enorme comunidad universitaria y científica constituye un activo diferencial que pocas ciudades del país pueden igualar.
Pero para aprovechar todo eso hace falta una decisión política y empresarial: dejar de pensar el turismo como una actividad complementaria y empezar a tratarlo como una industria capaz de generar empleo, inversión y actividad económica.
La Plata tiene patrimonio. Tiene infraestructura. Tiene conocimiento. Tiene eventos y tiene buen nivel profesional.
Tiene empresas. Tiene una ubicación privilegiada. Y tiene cientos de miles de potenciales visitantes a pocos kilómetros.
Lo que todavía está pendiente es transformar todo eso en una verdadera economía turística.
La FIT puede ser el lugar para mostrar lo que La Plata tiene. Pero la verdadera discusión empieza cuando termine la feria: qué hará la ciudad para conseguir que quienes llegan por un trámite, un recital, un congreso, un partido o una visita universitaria decidan quedarse un día más. Ahí está buena parte del futuro turístico platense.
(*) Leandro Peres Lerea, director de TurismoCero