La política suele ofrecer espectáculos de un transformismo asombroso, pero pocas veces una contradicción ideológica aparece con tanta nitidez. El régimen mileista acaba de firmar el DNU 1103/2026, que establece al lunes 9 de noviembre como feriado nacional, con motivo de la visita del Papa León XIV. (Para los lectores de CABA y Córdoba, se sugiere consultar los feriados locales previstos en el propio Boletín Oficial).
El dato adquiere otra dimensión cuando se lo coloca frente al archivo presidencial. Antes de llegar a la Casa Rosada, un Milei en modo adolescente caprichoso -en su afán de ser disruptivo- cargó duramente contra Francisco. El motivo no era otro que la justicia social, que para el hoy presidente es "un robo".
En una de aquellas intervenciones, el violento Milei llegó a extremo al Sumo Pontífice como “el imbécil que está en Roma”. Hoy, sin dejar de pensar que la justicia social es un robo, el hombre que hizo del agravio una bandera deberá recibir institucionalmente al sucesor de Francisco, cuya doctrina social reivindica la dignidad humana, la fraternidad y la preocupación por los más vulnerables.
Cuando un cardenal se convierte en sucesor de Pedro, la elección de su nombre es un mensaje. León XIV retoma la prédica de León XIII, que puso su firma en Rerum Novarum. La encíclica publicada en 1891 ordenó en palabras lo que desde entonces se conoce como Doctrina Social de la Iglesia. El documento tuvo ecos en la Argentina recién en tiempos de Perón.
Es claro que León no llega con una agenda ajena a esas discusiones. Su encíclica Magnifica Humanitas, publicada el 15 de mayo de 2026, está dedicada a la custodia de la persona humana en tiempos de inteligencia artificial y dedica uno de sus capítulos a los fundamentos y principios de la doctrina social de la Iglesia.
El texto pontificio vuelve sobre cuestiones como la dignidad, la justicia, el trabajo, la libertad y la fraternidad. Allí aparece, inevitablemente, una tensión conceptual con el discurso libertario que durante años colocó a la justicia social entre sus principales blancos.
La incomodidad política aumenta cuando se observa la agenda que el Papa desplegará durante su paso por la Argentina. El lunes 9 de noviembre, precisamente el día del feriado nacional, León XIV visitará el Pequeño Cottolengo Don Orione, en Claypole, donde se encontrará con personas asistidas y trabajadores de la institución. Después celebrará una misa multitudinaria en Palermo y por la tarde participará de un encuentro con representantes del mundo del trabajo en la Universidad Católica Argentina. La agenda de León XIV incluye -además de los referentes religiosos- encuentros con instituciones sociales y trabajadores, justamente lso "desaparecidos" del régimen mileista.
Ahí aparece otra paradoja. Un gobierno que construyó buena parte de su identidad alrededor de la reducción de regulaciones, la defensa de la actividad privada y una crítica permanente a las interrupciones de la actividad económica, decidió establecer un feriado nacional por la visita del Papa. La decisión tiene una explicación operativa concreta -se hace por seguridad- pero produce una imagen difícil de ignorar: el gobierno de los que pregonan el "agarrá la pala" decreta feriado para recibir a un líder que difunde una palabra muy alejada del discurso del indiviudalismo egoísta a ultranza del régimen mileista.
Dese el momento en que se confirmó la visita de Prevost, la Iglesia formuló declaraciones que agregan tensión al escenario. El cardenal Ángel Rossi, arzobispo de Córdoba y vicepresidente primero de la Conferencia Episcopal Argentina, sostuvo que León XIV encontrará una Argentina “cascoteada”, “socialmente muy bajoneada” y atravesada por un lenguaje triunfalista que, según su mirada, contrasta con una realidad social frágil.
La llegada de León le dio un nuevo impulso para levantar la voz contra un modelo de exclusión que solo genera hambre, marginalidad, discriminación y la horrible sensación de estar viviendo, ya no en los 90, sino en los 70 con todo lo que eso implica.